Dios ama al que da con alegría

Diócesis de Málagahttps://www.diocesismalaga.es/
La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

La Iglesia, en la celebración de la Propagación de la fe (Domund), nos invita a ser misioneros de la alegría, una alegría renovada que no es superficial sino profunda, que brota del encuentro con Jesús.

Una característica de la espiritualidad del misionero es ser testimonio de una alegría que convenza, en medio de un mundo donde cada vez es mayor la tristeza, el pesimismo, la negatividad…»Un santo triste es un triste santo». Por esto, deberíamos hablar de Dios y transmitir nuestra propia fe con alegría y entusiasmo. No es una teoría, es esencia de nuestro ser cristiano. ¿Cómo transmitir de otra manera a un Dios que llena la vida?

Transmitir que Dios es Amor, y también, ilusión, esperanza, alegría, ¡vida! A eso estamos llamados. Es lo que el mundo, cercano y lejano, nos demanda.

El misionero está llamado a transmitir el entusiasmo de creer, la alegría de vivir, poner esperanza en un mundo desesperanzado… En definitiva, poner su granito de arena para que «renazca» la alegría.

Transmitir el Evangelio con la vida y con alegría, no es una tarea más al lado de otras muchas. Es la misión en la que todo cristiano, todo misionero, debe centrar su vida.

No se «transmite» por horas o por días. O se tiene mensaje con vida y palabras, o no se tiene. Si nos convencemos de que nuestra misión hoy, estemos donde estemos, es ser más testigos que maestros, más de escucha que de palabras, más de cercanía, más fermento en la masa, entonces estaremos viviendo una vocación misionera plena, transmisora de alegría, en la cual se «fijarán» y cuestionarán.

Dicen de los misioneros, los de «aquí y los de allá», que son un bien para la humanidad, la cara «amable y alegre» de la Iglesia, que hace suyos los gozos y las esperanzas, las penas y las alegrías de los demás. Se alegra por las alegrías verdaderas y sencillas de los pobres y llora por sus sufrimientos. Sí, ese es y debe ser el misionero.

Así nos pide Dios que lo hagamos. Cada uno en su realidad.

Es justo hacer memoria agradecida de tantos misioneros, anónimos, conocidos y reconocidos, que han sabido transmitir la alegría de la fe, y siguen haciéndolo a lo largo del tiempo con autenticidad y esperanza.

Las palabras convencen, pero el testimonio y la alegría arrastran…

Recordemos y hagamos nuestras las palabras del papa Francisco en el mensaje para la Jornada Misionera Mundial: «Os invito a sumergiros en la alegría del Evangelio y a alimentar un amor capaz de iluminar vuestra vocación y vuestra misión».

Conchi Ponce

Misionera de la Esperanza

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