Dedicación del templo de la parroquia Madre del Buen Consejo (Torremolinos)

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Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la dedicación del templo de la parroquia Madre del Buen Consejo (Torremolinos) celebrada el 26 de abril de 2013.

DEDICACIÓN DEL TEMPLO

DE LA PARROQUIA MADRE DEL BUEN CONSEJO

(Torremolinos, 26 abril 2013)

Lecturas: Hch 2, 42-47; Sal 118,99-104; 1 Co 2,1-10; Mt 5,13-16.
1. Vida de la primera comunidad de cristianos

1.- Estamos celebrando una gran fiesta en esta parroquia Madre del Buen Consejo, cuya festividad también celebramos hoy. Hoy, fiesta de vuestra Patrona, de vuestra Titular. En este marco festivo vamos a dedicar el templo, el altar. El templo ya fue bendecido hace muchos años, pero no fue dedicado.

También, en esta celebración un grupo de jóvenes recibirán el sacramento de la confirmación.

Hemos escuchado cómo vivían los primeros cristianos. En el Libro de los Hechos de los Apóstoles se describe cómo vivían la primera comunidad cristiana y señala unas características:
«Perseveraban en la enseñanza de los apóstoles» (Hch 2, 42). Escuchaban la doctrina que los Apósteles les enseñaban. Podían, por trasmisión, escuchar las palabras de Jesús a través de los testigos vivos que habían comido, bebido, caminado, y estado con él. Podían conocer lo que Jesús había comunicado. Estaban atentos a la enseñanza de los Apóstoles, a su doctrina, y a su magisterio.
También hoy todos los cristianos necesitamos escuchar ese Magisterio de la Iglesia que transmite la enseñanza de Jesús. El papa, los obispos, los sacerdotes, los pastores, no enseñamos una sabiduría nuestra, enseñamos lo que Jesús nos ha dicho.
2.- Y la Doctrina de la Iglesia no se la ha inventado nadie humano, ni cabal. Es la Doctrina del Señor Jesús. Por eso, cuando a veces nuestros paisanos, nuestros contemporáneos, nos preguntan y nos dicen: “¡qué atrasados que estáis! ¡La sociedad va muy adelantada! ¡Los cristianos aún estáis diciendo lo mismo desde hace dos mil años! ¡Tenéis que cambiar, porque si no os vais a quedar solos!” ¿Cuántas veces habéis oído eso? Y, ¿cuál es vuestra respuesta? ¿Acaso nosotros podemos cambiar la Doctrina que Jesucristo nos ha enseñado? ¿Podemos nosotros enmendarle la plana a Jesucristo? No se puede.
Somos transmisores de una verdad revelada y la Iglesia no puede cambiar a su antojo, ni el papa siquiera; no puede cambiar lo que Jesucristo ha dicho que creamos, que aceptemos y que vivamos.
Los mandamientos de la Iglesia no se pueden cambiar. Los mandamientos de Dios no se pueden cambiar. Los mandamientos de Dios son Palabra de vida que se nos ha revelado para salvación nuestra. No son unas normas inventadas por ningún ser humano.
Por tanto, es importante el tema de la perseverancia en la enseñanza de los Apóstoles, al igual, que hacían los primeros cristianos. Pido a esta comunidad cristiana de Madre del Buen Consejo, en Torremolinos, que lo viva así, y que acepte la enseñanza de la Iglesia con un afecto y una aceptación gozosa. No se puede ser cristiano diciendo: “Esto me gusta, lo acepto. Esto no me gusta, no lo acepto”. O tú aceptas la persona de Jesucristo, con todo lo que ella significa, Cristo, Dios y Hombre; o si aceptas sólo una parte lo has dividido, ya no es Jesucristo. Y entonces es una imagen que tú te has hecho de Jesucristo; pero no es Jesucristo entero.
3.- «Los creyentes vivían todos unidos y tenían todo en común» (Hch 2, 44). Otra característica de la vida de la comunidad era la vida de comunión, de auténtica unión entre ellos, pues vivían unidos, tenían un solo corazón. ¡Qué precioso sería que todos los fieles de las parroquias nuestras y de todos los cristianos tuviéramos un solo corazón, una sola alma, que nos quisiéramos como hermanos de verdad, que viviéramos en unión y en comunión! Vivir en comunión es más que vivir en unión, es vivir en comunión de pensamiento, comunión de corazones, porque comulgamos el mismo pan.
Y no solamente en unión personal, sino que ponían en común los bienes que tenían: «vendían posesiones y bienes y los repartían entre todos, según la necesidad de cada uno» (Hch 2, 45). Nosotros también compartimos los bienes; aunque menos, en poquita cantidad, pero hacemos algún signo de compartir nuestros bienes. Y más ahora en toda esta gran crisis económica, la Iglesia católica está dando un grandísimo ejemplo de compartir, de colaborar y de ayudar a los hermanos más necesitados.
Quiero felicitaros por esa actitud de todos los fieles de compartir y de atender a las necesidades. Eso hacían las primitivas comunidades y es lo que nos pide el Señor a cada uno de nosotros.
4.- Una tercera característica es que participaban en la fracción del pan: «Partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón» (Hch 2, 46). Este término, estas palabras: “fracción del pan”, significan la Eucaristía. El sacerdote parte el pan, igual que Jesús partió el pan y se lo dio en la última cena a los discípulos, significando que iba a morir en la cruz y que ofrecía su cuerpo en la cruz.
La Eucaristía es el memorial de la muerte y de la resurrección del Señor. Partir el pan significa repartir el cuerpo de Cristo en el altar, sacramentalmente.
Pues, participaban de la fracción del pan y tomaban con alegría este alimento eucarístico.
5.- Y como consecuencia de todo esto vivían en oración. Tenían una vida de oración: «Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu» (Hch 2, 46); «Alababan a Dios» (Hch 2, 47). Iban al templo a rezar, a cantar laudes, a rezar salmos, a hacer oraciones, a alabar a Dios, a darle gracias, a pedir perdón. Rezaban. Me pregunto: ¿rezamos diariamente o solamente de domingo a domingo?
Estas son las características de la comunidad primitiva que el Señor nos anima y nos exhorta a que vivamos también nosotros.

2. Testimonio ante los paganos
6.- Esta vida que hemos descrito de las primeras comunidades era un testimonio ante los paganos, ante los no creyentes. Entonces cuando los no creyentes veían cómo vivían los cristianos, dice el texto: «Todo el mundo estaba impresionado y los apóstoles hacían muchos prodigios y signos» (Hch 2, 43). «Eran bien vistos de todo el pueblo» (Hch 2, 47).
Eran bien vistos por todo el mundo y la gente estaba impresionada de cómo vivían. ¿Están impresionados de nosotros, de cómo vivimos? Creo que más que impresionados están en otra cosa.
Y como consecuencia de esta forma de vida «día tras día el Señor iba agregando –a la comunidad– a los que se iban salvando» (Hch 2, 47). Es decir, las comunidades cristianas iban creciendo y por eso se expandieron. Incluso, cuando terminó la persecución, salieron de Jerusalén, y se marcharon por la diáspora y donde llegaban anunciaban la Buena Nueva del Evangelio. Gracias a esa expansión de la fe, nosotros hoy, en nuestras ciudades, hemos podido recibir la Buena Nueva del Evangelio. Y hay comunidades cristianas aquí porque hace tiempo alguien evangelizó en España.
Ahora nos toca a nosotros ser los transmisores de esa Buena Nueva y no podemos callarnos. Hemos de anunciarla a los que no creen; aunque sean de otra religión, podemos dialogar abiertamente, sin imponer nada, sino ofreciendo, con plena libertad. Podemos hacerlo.

3. La dedicación del altar de esta parroquia

7.- Hoy vamos a dedicar el templo consagrando el altar y lo vamos a ungir con el santo crisma. Se ha restaurado el presbiterio y al ser nuevo hemos de consagrarlo y dedicarlo.

El altar significa Jesucristo. Cristo es el altar, y Cristo es el que se ofrece en el altar como se ofreció en la cruz. El sacrificio de la cruz se renueva y se actualiza en el sacrificio eucarístico del altar. Aquel sacrificio, hecho una vez para siempre fue cruento, duro, con sufrimiento, desgarrador, con sangre. El sacrificio eucarístico que renovamos es incruento, no hay sangre. Simbólicamente está el vino, que significa la sangre. Simbólicamente está el pan, que significa el cuerpo de Cristo. Pero es un sacrificio que no es cruento, aunque es el mismo sacrificio de Jesús en la cruz, el mismísimo que se hace presente, que se renueva y se actualiza. No es sólo un mero recuerdo, es el mismo sacrificio.

Hemos dicho que vamos a ungirlo. La unción, la Iglesia la hace en tres sacramentos: nos ungieron en el bautismo y nos hicieron miembros de la Iglesia; nos ungieron, y vamos a ungir a estos muchachos, en el sacramento de la confirmación, les ungiremos en la frente para significar que quedan consagrados a Dios, como quedará consagrado el altar; y nos ungen también a los sacerdotes y a los obispos para el ministerio sacerdotal. Tres unciones. Esas unciones marcan y tienen un carácter indeleble, que no se borra jamás.

8.- Queridos muchachos hoy vais a ser ungidos. Primero ungiré el altar y después os ungiré a vosotros en la frente. Vais a quedar sellados y marcados para Cristo, para siempre. No se puede borrar ese signo sacramental. Como no se puede borrar el bautismo, aunque uno dijera reniego de la fe, ha quedado sellado y marcado hasta la eternidad. Ese será cristiano para toda la vida porque Dios lo ha adoptado como hijo, aunque él reniegue de su Padre.

¿Qué pasa si un hijo le dice a su padre: “No quiero saber nada de ti”? ¿Deja por eso ser hijo de su padre? No. Pues un bautizado no dejará jamás de ser hijo de Dios. ¡Qué maravilla! ¡Qué don!

Pues, vosotros, queridos muchachos, quedaréis sellados y marcados con el sello del don del Espíritu para siempre. Se os va a regalar el don del Espíritu y os va a llenar de inteligencia, de sabiduría, de prudencia, de consejo, de fortaleza… Y mira que providencia que vuestra titular es Madre del Buen Consejo, uno de los dones del Espíritu.

Toda la comunidad va a pedir por vosotros y por ella misma, para que el Señor os llene del don del buen consejo, como nuestra Madre, la titular de vuestra parroquia.

4. Ser luz del mundo
9.- El Señor nos ha dicho en el Evangelio que somos luz del mundo: «Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte» (Mt 5,14). En realidad, la luz es Él, Cristo es la luz, nosotros podemos transmitir esa luz. Y somos luz del mundo en tanto en cuanto nos ilumina la luz de Cristo y la reflejamos, porque esa luz no es nuestra, somos reflejos de esa luz. Se os pide, por tanto, a todos que seáis luz del mundo.
¿Qué lleváis en la mano, queridos muchachos? (Respuesta de los confirmandos: una vela) Una vela que después encenderéis de la luz del Cirio Pascual. El Cirio Pascual simboliza a Cristo muerto y resucitado que ilumina a su Iglesia, que ilumina al mundo. Tomaréis la luz de Cristo para ser portadores de esa luz en el mundo. En nuestra sociedad, en la familia, en la casa, en la calle, en la escuela. El Señor nos pide a todos los cristianos que seamos luz del mundo. Si no hubiera cristianos esta sociedad sería inhabitable, porque los cristianos aportamos a la sociedad y al mundo unos valores y una luz que el mundo no tiene. Por tanto, sin esta luz sería más oscura, más egoísta, más fría, más dura de lo que ya es.
¡Tenemos una gran misión los cristianos! Y aunque no nos quieran o, aunque no nos comprendan somos necesarios en la sociedad, tenemos una misión importante: alumbrar, ser testigos, traer paz, anunciar la Buena Nueva, vivir el amor, en la comunión y compartir con los demás.
Estamos llamados a una gran obra y quiero animaros porque parece que los cristianos nos acobardamos con las embestidas y críticas de nuestra sociedad. Nos critica, pero nos necesita.
La sociedad nos necesita, queridos fieles. ¡No tengáis miedo! Nos han dicho siempre los últimos papas. ¡No tengáis miedo! ¡Abrid el corazón a Cristo! ¡Vivir la alegría de esa relación de fe y de amor con Cristo! Eso nos llevará a vivir en diálogo apacible y sereno con el hermano, aunque no sea creyente.
10.- Vamos a rezarle al Señor, hoy tenemos muchas cosas para darle gracias, como el templo, quienes lo construyeron, la reforma del presbiterio y por la colaboración de todos. Es momento de acción de gracias por el funcionamiento de esta parroquia de Madre del Buen Consejo, aquí en Torremolinos, desde hace muchos años, varias décadas.
Es momento de alegría y de acción de gracias, pero también de petición. Le pedimos al Señor que esta comunidad siga viva, que sea testigo de la fe y del amor de Dios.
Vamos a pedirle por los confirmandos, para que los fortalezcas como testigos de la fe.
Vamos a pedir por cada uno de vosotros y de nosotros para que el Señor nos mantenga en su amor, nos mantenga unidos a la comunidad cristiana. Nos mantenga hijos fieles de la Iglesia. Fieles al Magisterio de la Iglesia. No reneguemos del Magisterio que nos enseñan los pastores de la Iglesia; aunque tengamos opiniones diversas, pero la enseñanza de la Iglesia, cuando habla de doctrina de fe, es la enseñanza de Cristo.
Los pastores podemos opinar sobre temas, eso no es el Magisterio de la Iglesia. Otra cosa es cuando el papa o los obispos hablan magisterialmente de una verdad revelada. 
Pues le pedimos al Señor que nos ayude a vivir todo esto. Y que esta parroquia de Madre del Buen Consejo sea como un Faro de luz en Torremolinos. Y como somos de mar entendemos lo que significa ser un faro, un punto de referencia, una luz que nos indica el camino, un lugar de seguridad. Que sea esta parroquia como un faro de luz de Cristo. Se lo pedimos a nuestra Madre del Buen Consejo que nos acompaña en nuestro caminar. Que así sea.

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