Cumple 100 años el jesuita malagueño que se hizo japonés

Diócesis de Málaga
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«Me siento verdaderamente honrado de que haya logrado una larga vida de 100 años». Son las palabras que el primer ministro japonés, Fumio Kishida, envió al jesuita malagueño Alberto Álvarez el pasado 21 de marzo con ocasión de su cumpleaños numero 100. Este religioso, que fue secretario del padre Arrupe y a quien el papa Francisco en persona visitó en 2019 en su residencia en Tokio, recuerda con nostalgia su Málaga natal, el lugar donde se encontró cara a cara con el Señor, su Galilea.

La vocación a la vida consagrada de Aruvaresu (adaptación al japonés de su nombre) le llegó en la capital malagueña, concretamente en la iglesia de los jesuitas de Calle Compañía, como él mismo relata: «Yo era el menos católico de mis siete hermanos. De niños habíamos sido congregantes de los Luises, pero yo era el menos fervoroso. Nunca se me había ocurrido ser sacerdote, ni jesuita, ni misionero. Ya tenía novia pero, al terminar el Bachillerato, a los 18 años, me convertí estando en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús de Málaga. De pronto, el Señor me hizo vivir algo especial, mistico. De repente, dentro de esa iglesia, recibí la vocación de jesuita y de misionero. Así que, enseguida, ingresé en el noviciado de la Compañía de Jesús de Cádiz. Desde allí, le escribí al padre general de Roma para decirle que yo quería ser misionero del Japón al terminar la filosofía y así lo hizo. Me mandó a esta tierra donde ya llevo 74 años».

El Padre Alberto álvarez SJ, el día que recibió la visita del papa Francisco en su residencia en Tokio

El Padre Alberto Álvarez SJ, el día que recibió la visita del papa Francisco en su residencia en Tokio

Cuando el joven jesuita le pidió permiso a su padre, militar, para cambiar su nacionalidad y hacerse japonés para lograr así que no lo expulsaran en caso de un nuevo conflicto bélico (acababan de perder la guerra con EEUU), su padre no lo dudó: «»harás muy bien –me dijo–, porque mi padre era un católico cien por cien».

Todos estos años los ha dedicado a la atención pastoral de seis parroquias y a la educación en sendas escuelas infantiles en el sur y en el centro de Japón. «Estar junto a los niños, a los preferidos del Señor, ha sido una bendición. Y como eran escuelas íntegramente católicas, después de varios años con nosotros, muchísimos de nuestros alumnos con sus padres, se iban haciendo católicos. Más de la mitad. Fue una gran bendición y un gran consuelo». Para el padre Álvarez, que tantos japoneses hayan llegado a conocer a Jesús a través de él no habría sido posible sin la ayuda misionera que se enviaba desde España, Sudamérica y Centroamérica: «Con los donativos que me enviaban, podía abrir la escuela, edificar los edificios y pagar a las profesoras».

El Padre Alberto álvarez SJ, en una de las escuelas infantiles en las que realizó su misión en Japón

El Padre Alberto Álvarez SJ, en una de las escuelas infantiles en las que realizó su misión en Japón

En momentos como estos en los que la amenaza nuclear vuelve a extender su oscura sombra sobre la humanidad, Aruvaresu hace un llamamiento a la paz desde la única nación del mundo víctima de la bomba atomica: «Yo pasé parte de mi vida en la ciudad de Hiroshima y toda la historia de la bomba atómica la conozco muy bien. En las iglesias donde he estado, había muchos enfermos a causa de la bomba atómica. Y ahora seguimos en peligro por la amenaza de Corea del Norte».

El Padre Alberto álvarez SJ, detrás del padre Arrupe (en el centro, de negro)

El Padre Alberto Álvarez SJ, detrás del padre Arrupe (en el centro, de negro)

Para este japonés nacido en Málaga, los tres cuartos de siglo de servicio a la Iglesia han merecido la pena y ahora dedica las fuerzas que todavía le quedan a seguir rezando desde su habitación en la Casa Loyola, la residencia para jesuitas mayores de la Compañía de Jesús en Tokio. Su oración con motivo de su centenario está cargada de esperanza en la vida eterna y de fervor misionero: «a Dios le pido con confianza que me lleve al cielo. Ya he vivido bastante y lo que deseo es reunirme con mis padres y mis hermanos y los santos de la Compañía de Jesús»; pero no crean que lo pide para descansar, sino: «para seguir, desde el cielo, pidiendo por la conversión del Japón». 500 años después, el espíritu de San Francisco Javier sigue muy vivo, y tiene acento malagueño.
 

El Padre Alberto álvarez SJ, en 2010

El Padre Alberto Álvarez SJ, en 2010

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