«Cristo murió para que resucitemos con Él»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

«Lo que pretendemos es decir que la muerte no es el final, transmitir esperanza en estos tiempos que corren» afirma, en una entrevista de la Diócesis de Málaga, Jaime Ordóñez (Málaga, 1971), en referencia a la obra «Auto del resucitado» que representó recientemente en la parroquia de los Santos Mártires Ciriaco y Paula. Decir sólo su nombre puede dejar indiferente a muchos, pero la cosa cambia si lo presentamos como el calvo de «La hora de José Mota» o el que hablaba muy rápido en «Aquí no hay quien viva». Dentro de un mundo como el del espectáculo, «en el que pocos se quieren significar», este congregante de Mena, manifiesta orgulloso: «Sí, soy creyente, ¿y qué pasa?».

–De «La hora de José Mota» a los autos sacramentales ¿No tiene usted término medio?

–En el arte, lo importante es la versatilidad, tocar todos los palos. Me formé ocho años en arte dramático y he hecho comedia musical, teatro clásico, televisión, drama y cosas tan raras como las que hacía en «Aquí no hay quien viva». Pero de todo, lo que de verdad me crea una pasión son los autos sacramentales. Un género que conocí hace 11 años en Madrid, casi por casualidad, de la mano de Ricardo Pereira. Hoy en día, sigo trabajando con el que es categóricamente el mejor director del mundo de este género sacro. Estudió Teología y conoce los mínimos resortes, de tal manera que todo en su obra tiene una explicación, una argumentación.

–Usted ha dicho que es un cofrade de a pie…

–Soy congregante de Mena pero, como estudié en los Maristas, tengo una especial devoción por el Cristo del Amor, donde sale mi hermano como hombre de trono. Estoy también vinculado sentimentalmente con el Sepulcro y con la Esperanza.

–¿Qué es para usted un auto sacramental: sólo arte y espectáculo o también una forma de evangelizar?

–Las dos cosas, aunque para unos será sólo arte y para otros sólo evangelización. Yo pongo el énfasis en que es un espectáculo para todos los públicos, creyentes o no, como la Semana Santa. Habrá personas que vayan por la belleza de los tronos, otros por la emoción de las marchas procesionales, y muchas, muchas, porque eso les mueve a la fe. La frase más bonita que he escuchado sobre el auto sacramental la dijo el que fuera deán de la Catedral Francisco García Mota y fue: «El auto sacramental tiene una labor de evangelización más potente que 100.000 homilías». En una ocasión se me acercó una chica joven después de la representación y me dijo: «mira, yo no era creyente, pero después de esta representación he sentido algo que no puedo describir».

–Y cuál es la pretensión de su «Auto del Resucitado».

–El año pasado representamos el «Auto de la Cruz», fue un auto de pasión. El cartel era una cruz desnuda. Este año, la protagonista del cartel ha sido la piedra del sepulcro, en la que se abre una grieta en forma de cruz y tras la que resplandece una luz. Lo que pretendemos decir con este auto es que la muerte no es el final. Ésa es la experiencia definitiva y gozosa: la vida después de la muerte junto al Padre, junto al amado. Y ése es el mensaje esperanzador que queremos dar. La intervención divina más importante en la historia, el milagro de los milagros. Cristo no murió porque sí, sino para que resucitemos con Él. Queremos transmitir esperanza en estos tiempos que corren.

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