Confirmaciones (Catedral-Málaga)

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en las Confirmaciones celebradas en la Catedral de Málaga el 13 de abril de 2013.

CONFIRMACIONES

(Catedral-Málaga, 13 abril 2013)

Lecturas: Hch 5,27b-32.40b-41; Sal 29,2-13; Ap 5,11-14; Jn 21,1-19.
(Domingo de Pascua III-C)

1.- Como hemos escuchado, varios fieles procedentes de distintas comunidades cristianas venís a ser confirmados, y lo hacéis en este tiempo pascual, hoy tercera semana de Pascua.

Esto es como un gran Pentecostés, procedentes de distintas partes de la diócesis y reunidos aquí en la Catedral, el Espíritu Santo va a descender sobre cada uno de vosotros para llenaros y transformaros, para haceros valientes testigos del Señor y del Evangelio.

Hemos escuchado en el libro de los Hechos que los Apóstoles predicaban la resurrección de Jesús y las autoridades le habían prohibido hablar en nombre del Señor. Volvieron a hacerlo y les conminaron: «¿No os habíamos ordenado formalmente no enseñar en ese Nombre?» (Hch 5,28).

Los Apóstoles, naturalmente, tenían que seguir hablando de la experiencia que tenían de Cristo resucitado, tenían que ser testigos. Las autoridades, entonces, castigaron a los Apóstoles: unas veces les azotaban, otras les metían en la cárcel; pero los Apóstoles salían contento de haber dado testimonio de Cristo Resucitado (cf. Hch 5,41).

2.- Y, ¿qué ocurre en nuestra sociedad hoy? ¿Todo el mundo está de acuerdo con el cristianismo? ¿Todos aceptan la palabra de los católicos? ¿Todos están de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia? ¿O acaso, no sucede también que en vuestro ambiente hay gente que os critica, que no está de acuerdo, que si pudiera os arrinconaría para que no dierais testimonio? Podríais contar probablemente experiencias cada uno de vosotros de incomprensión, de insulto, de diálogo en contra de vuestra actitud y de vuestra fe.

Esta tarde vais a recibir el don del Espíritu Santo para ser testigos valientes, como los Apóstoles, que pasaron de estar en una situación de cobardía y de miedo, a salir a la calle, a las plazas, ante las gentes a predicar que Jesús había muerto y resucitado por nosotros.

Pido al Señor que esta tarde os de el don de su Espíritu, para que os haga fuertes y valientes en la fe, para que seáis verdaderos testigos de Cristo Resucitado.

Mirando la Catedral tan llena pienso que, si todos fuéramos grandes testigos, transformaríamos la diócesis de Málaga. Si aceptamos el don de Dios y nos fortalece por dentro podemos ser grandes testigos en esta sociedad que no le gusta que se le hable de Dios, que quiere vivir a sus anchas y según sus caprichos.

A nosotros nos toca decir que existe Dios, que nos ama, que ha entregado a su Hijo, que ha resucitado, que hay unos mandamientos que nos ayudan a vivir. Los mandamientos no son unas prohibiciones que nos amargan la vida, sino un camino de vida, unas normas que si se cumplieran viviríamos mejor. Es el testimonio que el Señor esta tarde, al salir de aquí, os va a pedir, porque vais a salir transformados y fortalecidos con el don del Espíritu Santo.

3.- En el Evangelio hemos escuchado una escena en la que Cristo Resucitado se aparece a los Apóstoles, a los discípulos. Estaban junto al lago de Galilea. Ya sabéis que esta semana hemos estado en Tierra Santa en una peregrinación diocesana. Estuvimos hace unos días en el lago donde se desarrolla la acción que ha aparecido hoy en el texto, en el lago de Genesaret o en el lago de Galilea, en el lugar donde con toda probabilidad se desarrolló la escena que hemos escuchado hoy.

Pedro se marchó son sus compañeros y discípulos del Señor en barca a pescar. Estuvieron toda la noche trabajando y no pescaron nada. Y al amanecer se acerca Jesús y les pregunta: «Muchachos, ¿tenéis pescado? Ellos contestaron: No» (Jn 21,5). Entonces Jesús les indicó: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis”. La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces» (Jn 21,6).

¿Por qué pensáis que recogieron una redada de peces tan grande? ¿Por la pericia de los Apóstoles? La misma pericia la habían tenido durante toda la noche y no habían cogido nada. La respuesta es: porque se fiaron del Señor, se fiaron de Jesús. Y tuvieron esa pesca abundante.

4.- ¿Qué nos pasa a nosotros? Que nos fiamos demasiado de nuestras fuerzas, de nuestro saber, de nuestras facultades y pensamos que nos vamos a comer el mundo y resulta que el mundo nos come a nosotros.

Hemos de poner nuestra confianza en el Señor, hemos de fiarnos de la Palabra de Jesús, hemos de poner en Él nuestra fuerza, Él es nuestra fuerza, las nuestras sirven de poco.

Una invitación, por tanto, esta tarde a poner vuestra confianza en el Señor, a fiaros de Él, de su Palabra. En la oración preguntadle: “¿Qué quieres que haga Señor?” Y haced lo que Él os diga (cf. Jn 2,5), no lo que se os ocurra a vosotros.

Primer punto, entonces, confianza en el Señor Jesús. Después de recibir hoy el Espíritu del Señor fiaos de Él. Sacaréis más fruto y que si os fiais de vosotros mismos y de vuestras estrategias.

5.- Y otra actitud que nos está indicando el texto del Evangelio de esta tarde. ¿Cuántas veces negó Pedro a Jesús la noche en que lo entregaron? ¿Antes de que cantara el gallo cuántas veces negó Pedro a Jesús? Tres.

Y, ¿cuántas veces le pregunta Jesús a Pedro, en el lago de Tiberíades, cuando ya habían recogido la red: “Pedro, ¿me amas?” Tres (cf. Jn 21,15-17). Y por cada negación Jesús le pidió que expresara su amor a Él. El Señor tuvo que arrancarle tres veces a Pedro el “te quiero”. Y después le dio la misión de presidir la comunidad: «Apacienta mis ovejas» (Jn 21,17), cuida de esta comunidad.

Pues, el Señor también quiere preguntaros: “¿Me quieres?” Antes de enviaros a la misión que hoy os va a encomendar una vez confirmados, Jesús quiere preguntaros si le queréis. Lo hago yo en su nombre y os lo pregunto: “¿Queréis a Jesús?” (Respuesta de los confirmandos: Sí).

Si le decís que sí y lo demostráis obedeciendo lo que Él os pide, haciendo lo que Él hace o lo que Él nos manda, viviendo como Él; en ese caso, podréis ser buenos testigos de Jesús.

Vamos ahora a proseguir la celebración. Preparaos los confirmandos para acoger en vuestra alma el don del Espíritu; al mismo Espíritu Santo que os llenará de sus dones: de la paz, alegría, fuerza, y luz de Cristo. Y una vez llenos del don del Espíritu podréis después ser testigos de Cristo Resucitado.

Vamos a pedirle a la Virgen María que interceda por nosotros y por cada uno de vosotros, para que una vez confirmados os mantengáis en la fe, firmes en la fe en este Año de la Fe. Una fe firme, una fe confiada, una fe que da alegría, una fe que produce sus frutos. Que así sea.

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