
El profesor de los centros teológicos diocesanos José Antonio Fernández invita a profundizar en el evangelio de este domingo, 25 de enero de 2026 (Mt 4, 12.-23).
Las lecturas de hoy nos muestran a Dios como luz que nace en nuestras sombras personales y comunitarias.
Isaías anuncia que en Galilea, tierra herida, brillará la gran luz: así actúa Dios, empezando por lo frágil para devolver alegría. En nuestra vida, esas “Galileas” son cansancios y heridas donde
el Señor quiere iniciar renovación. También en la parroquia, donde lo pequeño y lo invisible pueden ser el comienzo de algo nuevo. El salmo proclama que el Señor es nuestra luz y defensa. Vivir desde Él da serenidad y firmeza; cuando el Señor es nuestra referencia, el miedo pierde fuerza y la vida se orienta con más serenidad.
Pablo, en la carta a los Corintios, denuncia las divisiones y recuerda que Cristo no está dividido. La unidad es un signo esencial para la credibilidad de los cristianos: no supone pensar todos de igual forma, sino vivir desde el mismo Evangelio.
En el evangelio, Jesús inicia su misión cumpliendo la profecía: la luz llega a Galilea. Su llamada a la conversión es invitación a dejar que Dios reoriente nuestra vida y llama a los primeros discípulos en medio de su trabajo; ellos dejan las redes (que atan) y sus seguridades para seguirlo. Así comienza una misión que consiste en llevar la luz y la esperanza.
El mensaje es claro: Dios ilumina nuestras zonas oscuras, nos une, nos transforma y nos envía a irradiar su luz en lo cotidiano.

