Aparecida Ramos: «La ayuda de Manos Unidas llega de verdad, cambia vidas y salva vidas»

Diócesis de Málaga
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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

El Espejo de esta semana da voz a la misionera Aparecida Ramos, quien visitó Málaga para compartir su experiencia con los proyectos de desarrollo de la ONG católica Manos Unidas. Estuvo acompañada en el estudio por la presidenta delegada de Manos Unidas Málaga, Ana Torralba. Aquí puedes escuchar el podcast del programa.

Cada año, las mujeres generosas, entregadas y voluntarias que forman la delegación de Manos Unidas en Málaga, recorren la diócesis de Málaga animando a participar en su tradicional campaña contra el hambre. También reciben la visita de una misionera o un misionero que conoce de primera mano los proyectos de desarrollo de esta ONG católica a quien acompañan a medios de comunicación, colegios, grupos y parroquias, para que explique cómo Manos Unidas cuida del buen uso de cada céntimo que recibe en cada campaña. 

Este año, ha sido la Hija de Jesús Aparecida Ramos, misionera en Mozambique, la que ha compartido unos días en las tierras malacitanas. Esta joven misionera llegó al norte de Mozambique en 2017, «cuando acababa de comenzar un conflicto armado que ha provocado que más de un millón de personas se hayan tenido que desplazar de sus hogares. En el Secretariado de Pastoral de la Diócesis de Pemba creamos un sector de Proyectos y Emergencia desde el que atendemos las necesidades de cada lugar con equipos misioneros formados por laicos, sacerdotes y religiosos. Estos equipos son los que acompañan a tantas personas que han tenido que huir de sus hogares porque entró en ellos un grupo armado que los amenazó, mató a sus familias y los dejó sin nada. En nuestra diócesis, desde el obispo hasta el último laico de parroquia trabajamos juntos y también pensamos juntos». 

En este marco, Aparecida se emociona al explicar los proyectos que han puesto en marcha gracias a la ayuda de Manos Unidas. «Uno de los proyectos que tenemos en marcha, y que para mí es muy especial, tiene como objetivo promover una sociedad más pacífica e inclusiva. Las mujeres y los jóvenes son quienes sobrevivieron en el desplazamiento fruto del conflicto armado. Con este proyecto, por un lado, se ofrecen encuentros con los que ayudarlos a superar el trauma que han vivido y reconstruirse como personas; y, por otro lado, se ofrece un taller de agricultura y costura que les ayude a sobrevivir y reconstruir la economía».

En 2024, quienes ya habían sufrido la pérdida de sus hogares y familias volvieron a vivir otra catástrofe, un ciclón que arrasó con lo que quedaba. Aparecida explica que «otro de los proyectos que tenemos con Manos Unidas es la reconstrucción de los hogares para estas familias. Un proyecto muy bonito porque son las propias familias las que las están reconstruyendo y están creando lazos de comunidad y ayuda entre ellas. Hemos visto que la gente se puso en marcha a buscar soluciones juntos y, a la vez que reconstruían sus casas, reconstruían sus vidas». 

Y un tercer proyecto de Manos Unidas es la reconstrucción de las aulas para que los niños y niñas puedan de nuevo estudiar. «Se trata de una escuela de secundaria en la que se atiende a más de 700 alumnos y alumnas. Todos estos proyectos alimentan la paz y declaran la guerra al hambre, como dice el lema de la campaña de Manos Unidas –afirma Aparecida– y transforma la vida de las personas».

Además, añade la misionera, «he visto con mis propios ojos cómo todo lo que envía Manos Unidas es para ayudar a la gente. Yo animaría a todos a colaborar porque llega de verdad, cambia vidas y salva vidas».

Aparecida Ramos regresará en los próximos días a su diócesis, situada en la provincia de Cabo Delgado, al norte de Mozambique, y se reencontrará con un pueblo «con una capacidad enorme para salir adelante. Han vivido situaciones extremas de hambre, guerra y pobreza, huyendo de la muerte hasta casi perder las fuerzas, pero nunca han tirado la toalla, nunca han perdido la mirada de esperanza. Ellos me enseñan todos los días a vivir». 

Según los datos de Manos Unidas, hoy día, 1.100 millones de personas viven en pobreza multidimensional aguda, más de la mitad niños y niñas, y casi el 40 por ciento de ellas reside en países afectados por guerra, fragilidad o bajos niveles de paz. 

La tasa de pobreza en países afectados por la guerra es del 34,8 por ciento, frente al 10,9 por ciento en países no afectados. Y, mientras tanto, el gasto militar mundial alcanzó un récord de 2,7 billones de dólares, y la inversión en construcción de paz apenas supuso 47.200 millones, el 0,52 por ciento del gasto militar global.

Allí, donde existe la violencia, la vida queda irremediablemente hipotecada, la infancia destrozada, la dignidad humana negada y la tierra devastada.

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