Antonio, maestro rural: «Teníamos un quinqué con petróleo para las clases nocturnas»

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La diócesis de Málaga es una sede episcopal dependiente de la archidiócesis de Granada, en España. Su sede es la Catedral de la Encarnación de Málaga.

María González y Antonio Santiago son dos de esos queridos maestros rurales de nuestra Diócesis. Recientemente han participado en un encuentro celebrado en la Casa de Ejercicios Villa San Pedro en Málaga, cuyo eje central ha sido Teresa de Jesús.

El cura carmelita y teresiano, Salvador Ross, ha dirigido estos encuentros por séptima vez, quien recuerda con orgullo y satisfacción el origen de los mismos «un grupo de maestras rurales, una vez jubiladas dijeron: la vida nos ha dado años, tenemos que darle vida, espíritu a los años. Y empezaron a buscar cursos de espiritualidad, este fue el primer grupo y hoy en día está abierto a todo el Pueblo de Dios».

Salvador comenta en qué consisten estos encuentros espirituales «en estos cursos de formación, pretendo que la persona se forme sólidamente, siempre es un contacto con los místicos, este año sobre todo con Teresa de Jesús, porque estamos preparando el centenario de su nacimiento y el próximo 24 de Abril se cumplen 400 años de su beatificación».

María y Antonio recuerdan así sus experiencias profesionales como maestros rurales en la provincia de Málaga. María González González, familiarmente conocida como «Maruja» ha sido maestra rural en ocho escuelas de Málaga. Recuerda que «las escuelas rurales de los campos estaban mejor que las de los mismos pueblos, puesto fueron las primeras que fundó el patronato. La construían los padres de los propios alumnos. Estos centros eran escuela, capilla, lugar de reunión e incluso bailábamos la rueda y los verdiales», cuenta María.

LOS COMIENZOS

Otro maestro rural, Antonio Santiago Lozano, inició su trayectoria profesional en los años 60. Los comienzos nunca fueron fáciles comenta, «no teníamos luz, ni agua y las enormes colinas para acceder a las escuelas rurales se inundaban de barro cada vez que llovía. Recuerdo las clases impartidas en horario nocturno, como no había luz, teníamos un quinqué con petróleo. Con tanta gente en la clase, después de tres o cuatro horas el gas que expulsaba resultaba tóxico», comenta Antonio.

Ambos agradecen a Don Ángel Herrera Oria, fundador de las más de 400 escuelas rurales de la provincia de Málaga, la enorme labor que realizó promocionando la cultura y abandonando el analfabetismo que en un principio, predominaba en estos campos.

«Todo ha evolucionado de forma positiva, pero en la actualidad sería necesario unir fuerzas en materia de cultura y educación, dejando a un lado los ideales políticos, ya que de ahí saldrán los futuros profesionales», explica Antonio, quien ha presenciado todos los esfuerzos que se han llevado a cabo en este ámbito.

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