Solemne octava del Corpus Christi en la Catedral de Jaén

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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

Del 8 al 10 de junio, la Catedral de Jaén ha sido testigo del triduo del Corpus Christi, que este año ha predicado el Vicario de Economía y Ecónomo de la Catedral, el canónigo, D. Rogelio Garrido Checa y que concluía el pasado domingo con la octava.

Organizado por el Cabildo Catedral y la Cofradía Sacramental de la Buena Muerte, que tiene su sede canónica en la Seo jiennense, fueron muchos los jiennenses que se quisieron unir a este triduo en honor a Cristo Sacramentado.

El domingo, las lecturas fueron participadas por miembros de la Cofradía de la Buena Muerte. A continuación, D. Rogelio, comenzó resaltando el poder del amor misericordioso del Señor: «La omnipotencia del amor de Dios, de su compasión y ternura es más fuerte que el poder del mal», para seguir explicando que «hemos sido renovados y liberados por la fuerza redentora de la Cruz; que somos invitados a participar de este Sacrificio de amor hasta el extremo, estamos llamados a ser como Jesús, de aquellos que pasan por el mundo haciendo el bien. Porque el bien se abre paso y tarde o temprano fructifica».

El Vicario de Economía diocesano quiso profundizar en su homilía en el verdadero sentido de la Comunión. «La Eucaristía- dijo- es el alimento que nos fortalece en el camino de cada día». Para proseguir, «Cuando recorramos las naves de este imponente templo catedralicio, siguiendo a Jesús Sacramentado en la custodia procesional, pensemos que Él va siempre delante, que va abriéndonos camino, Él va primero recorriendo el camino y Él va también fortaleciéndonos para que sigamos sus pasos».

Antes de concluir su prédica recordó que María, es la mujer eucarística por excelencia y el modelo a seguir: «María, a la que recordamos de modo especial en la víspera de la Fiesta de la Virgen de la Capilla, es la mujer eucarística, aquella que escucha la Palabra de Dios y la hace vida, la misma a la que Jesús piropea en el pasaje evangélico que hoy ha sido proclamado, porque cumple la voluntad de Dios».

Al finalizar la solemne Eucaristía, y tras la adoración al Santísimo en el altar, éste fue trasladado a la Custodia para dar comienzo a la procesión claustral con la que concluyó este triduo y octava.

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