Reflexiones sobre el Campamento “Supervivientes 2015”

Diócesis de Jaénhttp://diocesisdejaen.es/
La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

A continuación queremos compartir algunas de las reflexiones y experiencias de los monitores y premonitores que han formado parte de este proyecto.

«Dime como ser pan, como ser alimento que sacia por dentro que trae la paz … dime cómo dejarme comer poco a poco entregándolo todo y llenándome más …» , (letra de la canción de Salomé Arricibita «dime cómo ser pan?») ¿cómo podríamos ser ese pan para todo aquél que lo necesitara? Esa es la pregunta que algunos nos hacemos y que a mi Mercedes, monitora de este campamento, me hizo entre otras cosas que me decidiera participar en el Campamento Supervivientes Fuensanta 2015. Un campamento que surgió de un sueño, ¿porque no hacer un campamento urbano?, esta idea dio vueltas en la cabeza de Jesús, párroco de Fuensanta y su hermana Miryam, maestra de profesión. Una reflexión interna al observar que los niños y jóvenes de pueblos como Fuensanta cuando salían de su rutina del curso escolar no tenían más alternativas que pasar horas viendo la tele, con el móvil, las consolas o comprando algo por puro aburrimiento, como mucho algunos chicos dando patadas al balón. No tenían muchas más ofertas.

A pesar de que hoy en día el hombre científica e intelectualmente es un gigante, moralmente sigue siendo un primate. Vivimos en una sociedad de consumo en la que «creemos» que cuantas más cosas materiales tenemos vamos a ser más felices, sin embargo, cada día existen más hogares rotos, más niños con falta de atención y más carencias afectivas.

El hecho de que exista cualquier actividad en la que se promuevan valores hacia la familia, la conservación del medio ambiente, el conocimiento del entorno, …me parece no sólo necesaria sino imprescindible y creo que todos deberíamos tratar de implicarnos en la medida de lo posible.

En este campamento se han trabajado estos valores y el resultado ha sido muy gratificante para niñ@s y mayores.Como anécdota contar que los jóvenes «premonitores» que nos acompañaban aprendiendo a tener un puesto de mayor responsabilidad como es el de ser monitor, y que en su día a día viven enganchados literalmente al móvil, y a las nuevas tecnologías, no se acordaban ni siquiera de estos aparatos ,porque como decían :Estaban disfrutando sin parar de otras experiencias q les llenaban mucho más en ese momento.

En mi opinión, los niñ@s de hoy tienen todos los juguetes y dispositivos tecnológicos que desean pero están faltos de tiempo para jugar en la calle con sus amig@s, sin más juguete que nuestras manos; como mucho una goma elástica, una cuerda para saltar o un simple balón, dando rienda suelta a la creatividad; así algunos hemos sobrevivido a los 40.Sobre este tema podemos contar experiencias del campamento.

Como aquellos momentos mágicos que vivimos en los talleres que hicimos junto al río cerca de la pedanía de la Ribera, donde cada niño/a con sus monitores y premonitores y con simples piedras, palos, plantas, hilos y buena dosis de imaginación estuvieron horas felices, sentados en un trozo de tela sin levantar la vista, tanto fue así que no había necesidades ni caprichos , nadie notó que la hora de la merienda pasaba, era tan gratificante sentirse parte integrante y activa de Nuestra Madre Naturaleza.

Hoy día tienen al alcance de la mano todo tipo de comodidades, pero no saben apreciar lo que cuesta conseguirlas, y necesitan aprender que hay que trabajar duro para lograr cualquier recompensa y que muchos niñ@s darían lo que fuera porque simplemente en sus casas hubiese agua corriente. Esto pudimos aprenderlo el día de «Supervivencia», en la otra pedanía de Fuensanta, el Rihuelo; ese era el objetivo, que aprendieran a ganarse el alimento, ofreciendo su ayuda como moneda de cambio por comida, sin el terrible dinero con el que por desgracia siempre queremos comprarlo y venderlo todo. Y que valorarán que , por desgracia, la comida no siempre llega de forma fácil al resto de personas de nuestro planeta. Queríamos que se la ganasen con su esfuerzo personal y de equipo y fue una experiencia muy enriquecedora. Aprendimos a ordeñar cabras, a regar plantas, a limpiar la casa de una vecina, a relacionarnos, a formar equipo y a ganarnos la comida, que ese día nos supo mucho mejor. ¡Increíble!, no sobró nada y tod@s estaban felices.

Otro tema que nos preocupaba es que hoy día los niños están faltos de compartir tiempo con sus familias, porque todos andamos demasiado ocupados con miles de distracciones o trabajo pero no tenemos tiempo para jugar con nuestros hijos o ayudarles a hacer sus tareas. En este campamento tuvimos tiempo para jugar y disfrutar con pocos medios materiales: había poca agua en el Rihuelo y las gentes de allí con esfuerzo y para ayudarnos a combatir el calor extremo de aquellos días nos pusieron una piscinita hinchable de las que algunos teníamos cuando éramos pequeños.

Algo tan simple nos hizo sentirnos familia en apenas unos metros cuadrados. Fuimos felices jugando juntos y escuchándonos tan cerca unos de otros, aprendimos a esperar nuestro turno para bañarnos y a ducharnos con el agua que nos habían regalado de un camión cisterna porque no llegaba a la Ermita de allí, apenas un hilito de agua. Todo un lujo y no desperdiciamos ni una gota, y descubrimos además que sin calentador el agua estaba estupenda, aquella ducha fue mejor que la de casa y más divertida, decían todos .

Por eso estamos convencidas de que todos debemos promover más estos valores y acabar con este consumismo feroz.

Sin olvidar que los niñ@s de hoy serán los padres del mañana y lo que ahora aprendan así lo enseñarán.

El lograr concentrar todas estas ideas y valores en forma de actividades en este Campamento de Supervivientes no ha sido nada fácil , como sucede en la mayoría de los casos los comienzos no suelen ser fáciles y hemos de decir que hubo momentos complicados en este proyecto de campamento en el que nos habíamos embarcado, los monitores venimos de sitios diferentes, no había tiempo para reunirnos y era algo tan nuevo en el pueblo q no sabíamos por dónde empezar.

Pero bien es verdad que sabíamos por la experiencia que las cosas que valen la pena necesitan de una buena dosis de esfuerzo y trabajo duro y eso hace que las valoremos más, y la ilusión y las ganas han podido sacarlo adelante con poca inversión económica y sí gracias a la unión y el esfuerzo de un puñado de personas que han creído en este proyecto. En este esfuerzo ha habido un equipo detrás de voluntarios tanto en Fuensanta como en las pedanías de la Ribera y del Rihuelo, que ayudaban de múltiples maneras: poniéndonos agua fresquita a la llegada, regándonos con mangueras y acarreando cosas de un lado a otro, acondicionando los lugares para pernoctar…

Y es que no hemos contado que era un campamento itinerante, cada día montábamos y desmontábamos mochilas, Sacos…y ahí estaba otro equipo de ayuda de intendencia, ahí estaban las madres desinteresadas de la cocina que acarreaban la comida de un lado a otro hasta los lugares más inaccesibles, y el equipo de padres, madres que ofrecieron sus coches para recoger a los niños y llevarlos de un sitio a otro. Pero a pesar de las dificultades , también es cierto que siempre supimos mantener viva la llama de la ilusión.

Como esa llama de la vela que encendíamos cada noche sentados cada equipo junto y casi acostados y agotados por los días tan intensos, ¡qué momentos tan mágicos !,leyendo historias q nos ayudaban a reflexionar sobre lo vivido a la luz de la vela y con el cielo de estrellas como techo y testigo de la escena; y es que «no solo de pan vive el hombre…»,y alimentar el espíritu en esta sociedad se hace más que imprescindible .

Este campamento nos enseño muchas cosas, también a bendecir la mesa, agradeciendo a quien nos cocinó y sirvió la comida, a lavar nuestros platos y vasos a mano y con poca agua .

Bien sabemos que sólo unos días no bastan para cambiar la mentalidad o las costumbres, pero el simple hecho de que los niñ@s conozcan que debemos cuidar nuestro entorno natural, la riqueza animal y vegetal que nos rodea, que existen animales en peligro de extinción pues este era el hilo conductor y de ahí surgió la idea de Ser «Supervivientes», y llevarlo a gala en nuestra bandera ,y darle la importancia q tiene en la realidad de nuestro planeta Tierra, y hacerles responsables de lo q sucede a nuestro alrededor y que comprendan niños y mayores que esto no es un «juego de niños».

El transmitirles en solo 3 días que este campamento no es solo un sitio de diversión sino un compromiso q pueda contribuir a educar para que la degradación humana y de la naturaleza no vaya a más, esto ya es un gran paso de este largo camino por recorrer.

Es bueno a su vez conocer las costumbres de nuestro entorno, este era otro objetivo: conocer cómo vivían nuestros mayores y no olvidar nunca nuestras raíces, porque por muy lejos que lleguemos en la vida, debemos tener claro de dónde venimos y donde estamos, apreciando y aprovechando las oportunidades que la vida nos da, ya que no todo el mundo ha tenido la misma suerte.

Esto es algo que hemos aprendido jugando pero a la vez observando los lugares que visitamos y escuchando a las gentes sabias q nos hablaban sobre la historia y las raíces de estos pueblos que aún viviendo tan cerca eran desconocidos para la mayoría de niños y mayores. Ver las caras de asombro de los niños y niñas ante lo que les mostraban y contaban las gentes del lugar nos alegró mucho y ver también el compañerismo entre los grupos. Eso nos confirmó que debemos fomentar más el trabajo en equipo que la competencia o la rivalidad, porque todas las personas tenemos cosas muy valiosas que aportar.

Es muy importante tener siempre presentes valores fundamentales, como la empatía, el respeto a los demás, a las diferencias de razas o de opiniones, a las discapacidades, etc… y apreciar lo pequeño y lo sencillo.

Quizás entre las cosas sencillas están los cuentos, cuentos que nos hacen pensar a mayores y pequeños y que con palabras sencillas nos muestran el lado más humano y sensible de la vida y de las relaciones interpersonales. Yo, Mercedes, no hace mucho leí que una vez una mujer le preguntó a Einstein qué debía hacer para que sus hijos fueran más inteligentes y éste le respondió… «Léales cuentos de hadas», quizás porque a fin de cuentas los cuentos contienen un destilado de sabiduría para la vida.

Tal vez, hoy día los padres deberían pasar más tiempo leyendo cuentos a sus hijos, en lugar de que éstos estuvieran jugando a videojuegos.

Dicen por ahí que dolor es no poder alcanzar la meta cuando pones mucha ilusión en algo, diríamos que más que dolor es tristeza, porque en mi caso -habla Mercedes- ,hubo momentos en los que pensé que no podría participar en lo que con tanta ilusión llevaba tiempo esperando, por causa de una lesión. Sin embargo, yo creo que las cosas pasan por alguna razón y son los momentos difíciles los que te hacen fuerte, o los que nos enseñan lecciones de vida.

Esta ha sido una experiencia muy enriquecedora para todos y de este campamento nos llevamos el haber conocido a gente maravillosa, tener la posibilidad de compartir con ellos momentos de mucha emoción. Nos llevamos también la ilusión en la cara de los niñ@s, la felicidad, o una simple sonrisa que consigue borrar el cansancio o el dolor.

Nos llevamos mucho cariño, porque como bien decía la canción que era el himno del campamento: cuando uno da algo, está recibiendo en el mismo acto de dar.

En general, nos llevamos muchas, muchas emociones que son difíciles de describir con palabras pero que se quedarán para siempre en el corazón.

Como éste en un sentir general y parece ser que ha sabido a poco tendremos q decir como en las películas: «continuará», si Dios quiere el próximo año, aunque para ello se trabajará durante el curso con ilusión y mejorando si algo no salió tan bien ,pero lo que está claro es que la experiencia ha valido la pena y esperamos ser «Supervivientes de nuevo en 2016 «con nuevos retos a conseguir, hasta entonces, como también decía nuestro himno:»Abre tus ojos ,mira hacia arriba ,disfruta las cosas buenas que tiene la vida».

Un abrazo:

Mercedes y Miryam. Monitoras del Campamento «Supervivientes» 2015.


Supervivientes 2.015

Para empezar, mi pregunta (retórica) es, ¿cómo se podría reflejar sobre el folio la amalgama de emociones de todos los que participaron, organizaron o coordinaron el Campamento de Supervivientes 2.015, perdón, Nuestro Campamento? Pues, como así me es más fácil enumerar, lo haré de una forma más o menos cronológica a través de los (escasos, creo, para todos) días en los que transcurrió el campamento.

El comienzo de la actividad, durante la tarde-noche del Sábado, fue un comienzo con ilusión, con ganas de divertirse y descubrir que les depararía en esta actividad que en nuestro municipio, Fuensanta, jamás se había realizado. Los chicos se mostraron muy activos, aunque aún no habían alcanzado el grado de unión que después de su división en grupos (y la convivencia en estos y con otros) lograrían. A cada grupo se le dio el nombre de un animal en peligro de extinción, para remarcar el sentido de supervivencia y hacer un poco de conciencia en los pequeños. Para los pre-monitores y monitores fue un buen comienzo, y una primera toma de contacto con los «supervivientes».

El Domingo, por la mañana, los chicos no necesitaron que les insistiéramos en despertar: algunos, incluso antes de que comenzáramos con nuestra particular «diana», ya se estaban levantando. Tenían una energía increíble, sobre todo porque era el primer día que realmente comenzaban su «supervivencia». Desayunaron con ganas, y marchamos todos hacia La Ribera (que, curiosamente, es donde vivo ☺) , mientras nosotros (los premonitores) los refrescábamos con agua (aunque al final acabamos todos empapados) . Realizamos algunas actividades para conocer el lugar, comimos una paella en la Ermita por cortesía de una lugareña, y fuimos al río. Allí conectamos muy bien con el medio, disfrutamos de la belleza y oportunidades de ocio que ofrecía el Río Víboras y su unión con el Río de la Virgen. Luego hicimos talleres variados sobre manualidades en los que aprendimos que la naturaleza tiene muchos recursos si los sabemos ver y apreciar. Aquella noche, después de ducharnos y cenar, en un gran ambiente de amistad y fraternidad, caímos rendidos sobre nuestros sacos, aunque los premonitores tuvimos que acudir a la reunión de evaluación, la cual, para ser sincero, nos costó acabarla.

El Lunes repetimos nuestra rutina mañanera, aunque esta vez algo más cansados. Fuimos al Rihuelo bajo un sol de justicia a través de olivares entre los que mezclados aún quedaban los recuerdos vivos (que llamamos «matas» , chaparros, encinas, quejigos…) de cuando Estrabón dijo aquella su famosa frase sobre la ardilla. Cuando nos acercamos hacia nuestro destino, la Ermita del Rihuelo, los vecinos nos refrescaron con mangueras. A continuación, cada grupo hizo una actividad distinta, en las que hicieron una gymkhana, y posteriormente se debía ayudar a los vecinos de la zona en sus quehaceres diarios para conseguir la comida. Mi grupo, los Urogallos, tuvimos que ordeñar dos o tres ejemplares de un rebaño de cabras. Al principio los chicos no se fiaban mucho de los animales, pero una vez pasado un rato y de haberlos ordeñado, esto cambió. Los acariciaban e intentaban jugar con los chivos. A cambio, nos dieron cuchillos, necesarios para cortar la comida. Al reunirnos para degustar los trabajado víveres que nos habíamos ganado, todos comprobamos que los chicos valoraron mucho aquella comida porque había salido de su esfuerzo, que en otras circunstancias no hubieran apreciado. Por la tarde, después de refrescarnos en una piscina improvisada, tuve que marcharme por asuntos académicos que habían coincidido con esta actividad, por lo que no la pude terminar. Pero, para mí, ha sido una experiencia inolvidable, preciosa, en la que me he desarrollado y he dado mis primeros pasos como pre-monitor, y he convivido y afianzado lazos de amistad con mis compañeros y con los chicos, que ahora te saludan sonrientes por la calle como recordando este campamento, y no hay mayor satisfacción que esta para mí. Por esto, y por lo que quede en el tintero, solo espero que el año que viene podamos repetir este Campamento, perdón, Nuestro Campamento.

Daniel Olmo Bermúdez. Premonitor. 15 años

 

Verdaderos «supervivientes».

Este campamento ha sido una experiencia imborrable que me ha enseñado a ver las cosas desde otro punto de vista y a valorar y apreciar las cosas de mi alrededor, ya sea el simple hecho de poder dormir en una cama o disponer de agua cuando quiera. Esta vivencia debería de vivirla toda persona por lo menos, una vez en su vida, ya que en la época en la que vivimos todo son comodidades y no valoramos nada de lo que tenemos. Sin duda y con los ojos cerrados volvería otro año más ¡Gracias a nuestro párroco, Don Jesús, por abrirnos de nuevo los ojos y darme la oportunidad de poder vivir esta experiencia como premonitor!

Alberto Sánchez Gallego. Premonitor. 14 años.

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