La Piedad Popular

Carta Pastoral del Obispo de Jaén para Cofradías, Hermandades y Grupos Parroquiales. Fiesta de Cristo Rey. Año 2004.

SUMARIO:

O. Introducción

I. ¿Qué se sntiende por Piedad Popular?

II. La Piedad Popular en tiempos de Santa Teresa

III. Teresa de Jesús, testigo de esta Piedad

IV. La fuerza evangelizadora de la Piedad Popular según el Papa Francisco

V. Nuestro apoyo y atención a la Piedad Popular

VI. En el Plan Pastoral Diocesano y Delegación Episcopal

VII. Exhortación Final

0. INTRODUCCIÓN

1. Mi saludo a los numerosos hermanos y hermanas cofrades en este XXVI Encuentro diocesano.

En esta ocasión les ofrezco una reflexión sobre la piedad popular .

El motivo para ello nos la da, sobre todo, su Santidad, el Papa Francisco, al dedicar un apartado del capítulo IV de su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium (nn. 122-126) a la piedad popular, por su fuerza e importancia evangelizadora.

Por otra parte, como respuesta a cuanto nos indica el Papa en estas líneas del documento programático de su Pontificado, nuestra Diócesis lo incluye en el Plan Pastoral, cursos 2014-2015, cómo capítulo especial, en apoyo de su propósito evangelizador, bajo el signo de la alegría .

Uniéndonos, asimismo, a las celebraciones del Año jubilar teresiano, trataré de informales a los miles de hermanos asociados en Cofradías y Hermandades a lo largo y ancho del territorio diocesano, como se entendía en tiempos de Santa Teresa la piedad popular, la influencia favorable y hasta decisiva que pudo tener en su vida y su entrega misionera a favor de la evangelización.

2. De muy poco nos sirve, sin embargo, conocer y reflexionar sobre estos contenidos si ello no nos ayudara a dar un paso adelante en nuestra conversión personal. De esto se trata: sentirnos cada vez más responsables de la evangelización de nuestro entorno y sociedad.

Las Cofradías y Hermandades, no son un fin, sino un medio que, al expresar y vivir su fe junto a otros hermanos cristianos, signifique, para cada miembro, una verdadera ayuda y estímulo para conducir nuestras vidas por los caminos que el Espíritu nos sugiere.

El Papa nos anima a ello con estas palabras: Jesucristo «nos vuelve a cargar sobre los hombros una y otra vez. Nadie podrá quitarnos la dignidad que nos otorga este amor infinito e inquebrantable. Él nos permite levantar la cabeza y volver a empezar, con una ternura que nunca nos desilusiona y que siempre puede devolvernos la alegría» .

I. ¿QUÉ SE ENTIENDE POR PIEDAD POPULAR?

1. En los últimos años se ha estudiado la piedad popular, podría decirse, que desde todos los ángulos y direcciones. Son abundantes los libros y artículos en revistas especializadas, sobre sus variadas perspectivas .

No son pocas las dificultades que encuentran a la hora de describir y, mucho más, si tratan de definirla. No obstante, suelen coincidir en asignarla los siguientes rasgos característicos fundamentales, sin que agoten su rico contenido:

a) Se trata de un fenómeno que forma parte del mismo ser eclesial. Los sujetos y protagonistas de esta piedad, constituyen lo que se llama el Catecismo popular.

b) En lo más profundo de esta piedad se encuentra siempre verdadera hambre de lo sagrado, de lo divino. Es la forma como manifiesta el pueblo sus creencias y vivencias de lo sagrado. Sus expresiones concretas hacen referencia a la cultura de cada época y núcleo étnico. Se apoya esa vivencia en dos pilares comunes: una misma fe y un mismo amor sobrenatural.

c) Utiliza lo concreto y se apoya en la mediación de los ritos y ceremonias, de los símbolos y los gestos culturales. Las imágenes, cuadros, iconos… cobran en esta piedad una importancia capital. Otro tanto cabría decir de sus fiestas y celebraciones litúrgicas.

d) Los misterios de la vida de Cristo, lejos en el tiempo, se hacen cercanos y hasta presentes por medio de sus representaciones plásticas, a veces, hasta en vivo, de modo particular en el ciclo de Navidad, y sobre todo, en la pasión, muerte y resurrección de Jesús. Lo mismo debe decirse con respecto a María Santísima y Santos titulares.

2. Con el fin de profundizar un poco más en la riqueza y alcance de la piedad popular, nos acercamos al magisterio de los últimos Papas después del Concilio Vaticano II.

a) El beato Pablo VI, en su exhortación apostólica Evangelii nuntiandi escribe sobre la piedad popular: «ella refleja una sed de Dios que sólo los pobres y los sencillos pueden conocer. Hace capaz de generosidad y sacrificio hasta el heroísmo, cuando se trata de manifestar la fe. Comporta un hondo sentido de los atributos profundos de Dios: la fraternidad, la providencia, su presencia amorosa y constante. Engendra actitudes interiores… (como) la paciencia, sentido de la cruz en la vida cotidiana, aceptación de los demás, devoción» .

b) San Juan Pablo II, la calificó como tesoro del pueblo de Dios y obra del Espíritu Santo en un Discurso pronunciado en Chile, año 1987. Estas fueron sus palabras: «Es el Espíritu Santo quien enciende en los corazones, la esperanza y el amor, virtudes excelsas que dan valor a la piedad cristiana. Es el mismo Espíritu el que ennoblece tan variadas formas de expresar el lenguaje cristiano de acuerdo con la cultura y costumbres propias de cada lugar en todos los tiempos. Sí, la piedad popular es un verdadero tesoro del Pueblo de Dios» .

c) El Papa Benedicto XVI, al referirse a la piedad popular, dijo en más de una ocasión, que no es algo secundario en la vida cristiana, necesaria cuando la fe se debilita y muy de tener en cuenta para la nueva evangelización. Éstas son sus palabras: «sirve también para evangelizar, para comunicar la fe, para acercar a los fieles los sacramentos, para fortalecer los lazos de amistad y de unión familiar y comunitaria, así como para incrementar la solidaridad y el ejercicio de la caridad» .

d) El Pontífice actual, el Papa Francisco, ya había dicho en su Homilía del año pasado, 2013, que las Cofradías y Hermandades son «una realidad tradicional en la Iglesia que ha vivido en los últimos tiempos una renovación y un redescubrimiento» . Son una manera legítima de vivir la fe y de evangelizar a los sencillos, nos dijo también en aquella ocasión. Pero, sobre todo, conviene conocer y reflexionar sobre la fuerza evangelizadora que les atribuye, en el capítulo que dedica al «anuncio del Evangelio» en la Exhortación Evangelii Gaudium, al que me refería en la introducción.

«La piedad popular, escribe, es verdadera expresión de la acción espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una verdad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal… en la piedad popular, subyace una fuerza activamente evangelizadora… (que) estamos llamados a alentarla y fortalecerla… las expresiones de la piedad popular, tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico, al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar en la nueva evangelización» .

II. LA PIEDAD POPULAR EN TIEMPOS DE SANTA TERESA

Con el fin de acercarnos más a esta Santa y para caer en la cuenta de que somos herederos de la piedad popular de tiempos pasados, nos detendremos brevemente a destacar algunos de los rasgos más sobresalientes en aquellos años del S. XVI.

Desde la Edad Media se fue configurando una religiosidad «no oficial», podríamos decir, como complemento de la «expresión oficial» que aparecía en la liturgia, ya que, por sus textos y el uso exclusivo de la lengua latina, no satisfacía las aspiraciones del pueblo fiel para expresar el dinamismo de su fe y devociones. Así fueron surgiendo los santuarios y er
mitas, como cierta réplica a las iglesias parroquiales, los «gozos», festejos en honor de la Virgen María y sus Patronos, las asociaciones y cofradías cultuales y de asistencia, como otros modos de practicar la misericordia.

Entre las formas de piedad de aquella época destacamos:

a) La devoción a Jesucristo, a la Virgen María y a los Santos, representados en imágenes, lienzos e iconos, pasos para la Semana Santa y otras expresiones que exaltan los sentimientos religiosos del pueblo fiel, hasta rivalizar con fuerza en sus diversas expresiones.

b) Se difunde el culto a la Eucaristía, como réplica a las doctrinas luteranas, así como la devoción a la Santa Cruz y a las reliquias. Se generaliza también la piadosa práctica del Via Crucis que, con el paso de los años, evolucionaría hasta su forma actual.

c) Son frecuentes las procesiones penitenciales, cultuales y de rogativas, lo mismo que las romerías a santuarios y ermitas.

d) Otros dos capítulos importantes que se viven en estos años, en relación con la piedad popular, son «la milagrería» y «el demonismo».

La primera incluía milagros de carácter físico y moral, como integrantes en aquella piedad un tanto profesionalizada. Los videntes, curanderos y taumaturgos eran unos profesionales más, que se mezclaban con el pueblo.

Como contrapunto a la milagrería religiosa, aparecía también con fuerza la figura del demonio. Su presencia e influencia en la vida espiritual, en particular sobre las personas que se dedicaban a la práctica de la oración mental, es otra de las notas distintivas de la piedad en aquellos años.

Todas estas formas y características de esta piedad popular ocupan un lugar relevante en los escritos de espiritualidad de aquellos años y no podrían entenderse las devociones de Santa Teresa sin conocer esta realidad, de la que participó y vivió desde niña.

Hemos de decir también, sin embargo, que el cristiano vivía inmerso en la realidad de Dios. Interpretaba la pobreza, el trabajo, la enfermedad… bajo la luz de la Providencia divina y tenía, a flor de piel, los misterios de la muerte y la gloria del cielo. Sacralizaba el espacio en que vivía y su tiempo desde la oración. Vivían con amor y ternura, al mismo tiempo, su vinculación con Dios.

III. TERESA DE JESÚS, TESTIGO DE ESTA PIEDAD

1. Supo discernir, ayudada por la sabiduría que fue adquiriendo desde la práctica de la oración mental, la «auténtica piedad» popular, distinguiéndola de las devociones que calificó de «bobas». Utilizó los valores positivos de esta piedad para manifestar su profundo e incondicional amor a Jesucristo, a la Eucaristía, a la Virgen María, a San José, a otros Santos y a las reliquias.

Integró en esta piedad, también, la celebración de las fiestas religiosas y la veneración de las imágenes, llevadas en ocasiones en procesión. Acudió, de joven, por ejemplo al santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, en Cáceres, en procesión. En algunos monasterios reformados mandó edificar algunas ermitas a las que se retiraba en soledad para orar mejor.

2. Esto hace de la santa andariega testigo cualificado de la piedad del pueblo de su tiempo. Podrían destacarse, en este sentido, los siguientes aspectos de su piedad, más en concreto:

a) Todos los tratadistas de Santa Teresa consideran el culto y devoción a Jesucristo como el centro de su religiosidad. Jesús ocupa el lugar más íntimo de su vida. Era para ella el amigo fiel con el que trata con gran familiaridad y confianza. Celebraba con gran alegría los misterios de su infancia, nacimiento y presentación en el templo, y lo mismo los misterios de su pasión y muerte. Era muy devota a una imagen de Cristo atado a la columna y a otra de Cristo muy llagado, ante la que tuvo lugar su conversión definitiva al Señor (Cf. Vida, 9.1).

De ahí precedía su devoción a la Santa Cruz, le gustaba tomar en sus manos una cruz, porque le parecía que, por este medio, Dios le daba ánimo para vencer a todos los demonios (Cf. Ibídem 25, 19).

b) Su devoción a la Eucaristía. Para ella la sagrada Comunión era el momento más importante del día. todo su deseo era glorificar a Cristo sacramentado y extender su culto. Esto la animaba en la fundación de Conventos pues así habría una Iglesia más para rendir culto al sagrario. Escribe en el libro de las Fundaciones: «para mí es grandísimo consuelo ver una iglesia, más donde haya Santísimo Sacramento» (Cf. Ibídem 3, 9).

c) La devoción de Santa Teresa a la Virgen María es también uno de los rasgos más sobresalientes de su piedad, la invocaba como mediadora y protectora. Fue su madre quien la educó desde niña en esta devoción, que practicaría durante toda su vida. Con ingenuidad de niña, al quedarse huérfana de madre «suplicó con lágrimas que hiciese Ella las veces de una Madre» (Ibídem 1.7). Colocaba imágenes de la Virgen en lugares especiales de la casa en sus Fundaciones y, en sus viajes, llevaba como compañía la imagen de Nuestra Señora de la Consolación.

d) Con el mismo alcance debemos interpretar su devoción al Patriarca San José y a algunos Santos. A sus 25 años estuvo a las puertas de la muerte. Escribe que acudió al Patriarca san José y de manera milagrosa remitieron sus males. Dedica todo el capítulo VI de la autobiografía de su Vida para dar a conocer su devoción a este Santo (Ej. Ibídem 6. 6.7).

Otro tanto cabe decir de su devoción a algunos otros Santos, a los que acudía para que la libraran del demonio

e) Era muy aficionada a rezar oraciones vocales, costumbre heredada de su madre (Cf. Ibídem 1,1; 3,2) y recitaba el Oficio divino diariamente .

3. Podríamos decir que la devoción de Teresa de Cepeda es fruto de sus profundas vivencias espirituales. Transformó las formas de piedad popular de su tiempo, con una disponibilidad abierta, hasta alcanzar y experimentar los más altos grados del misticismo. Piedad popular y mística constituyeron en ella, podríamos decir, una unidad maravillosa.

Esto nos lleva a concebir que la Madre Teresa de Jesús, maestra de una espiritualidad culta y cualificada, sea al mismo tiempo uno de los testimonios más autorizados de la importancia, en la práctica, de la piedad popular en todos los tiempos.

IV. LA FUERZA EVANGELIZADORA DE LA PIEDAD POPULAR SEGÚN EL PAPA FRANCISCO

1. La misión de la Iglesia, de los discípulos de Cristo, siempre ha sido, desde sus orígenes, difundir en el mundo la llama de la fe que Jesús encendió en el mundo: la fe en Dios, que es Padre, Amor, misericordia, llevar el Evangelio de Jesucristo a toda la creación (Cf. Mc. 16, 15).

El Papa comenta lo siguiente sobre esta tarea que Cristo nos encomienda con unas bellas palabras: «Para ser evangelizadores de alma también hace falta desarrollar el gusto espiritual de estar cerca de la vida de la gente, hasta el punto de descubrir que eso es fuente de un gozo superior. La misión, añade, es una pasión por Jesús pero, al mismo tiempo, una pasión por el pueblo. Cuando nos detenemos ante Jesús crucificado, reconocemos todo su amor que nos dignifica y nos sostiene, pero ahí mismo, si no somos ciegos, empezaremos a percibir que esa mirada de Jesús se amplía y nos envía al pueblo, de tal modo que nuestra identidad no se entiende sin esa pertenencia… A veces sentimos la tentación de ser cristianos manteniendo una prudente distancia de las llagas del Señor. Pero Jesús quiere que toquemos la miseria humana, que toquemos la carne sufriente de los demás» .

2. Ya hemos dicho antes, que el Papa Francisco dedica un apartado en el capítulo tercero de su Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium para poner de relieve la fuerza evangelizadora de la piedad popular.

De entre todos los valores que adornan y encierra esa piedad, él ha querido destacar para nuestro tiempo esa fuerza de la piedad del pueblo que se evangeliza continuamente a sí mismo.

La piedad popular, en palabras del Papa: »
Es verdadera expresión de la acción misionera espontánea del Pueblo de Dios. Se trata de una realidad en permanente desarrollo, donde el Espíritu Santo es el agente principal. En la piedad popular puede percibirse, añade, el modo en el que la recibida se encarnó en una cultura y se sigue transmitiendo» .

V. NUESTRO APOYO Y ATENCIÓN A LA PIEDAD POPULAR

1. Resulta también de máximo interés el apoyo que muestra el Santo Padre a la piedad popular, advirtiéndonos que si «en algún tiempo se miró con desconfianza», como aún lo hacen algunos, muy pocos, es cierto también, nos dice el Papa, «que ha sido objeto de revalorización en las décadas posteriores del Concilio» , lo cual es muy cierto.

Pero en la Exhortación citada no sólo nos invita el Santo Padre a esa «revalorización» continuada de la piedad popular, sino que además expone las razones para ello, con las siguientes palabras porque: «en la piedad popular, por ser parte del Evangelio inculturizado, subyace una fuerza activamente evangelizadora que no podemos menospreciar, porque sería desconocer la obra del Espíritu Santo» .

Lejos de ello, por el contrario, nos dice a todos nosotros, que «estamos llamados a alentarla y fortalecerla para alentar el proceso de inculturación que es una realidad nunca acabada» .

De nuevo quiere destacar su importancia para la nueva evangelización y como fuente de renovación personal, cuando escribe que «las expresiones de la piedad popular tienen mucho que enseñarnos y, para quien sabe leerlas, son un lugar teológico al que debemos prestar atención, particularmente a la hora de pensar en la nueva evangelización» .

El Papa San Juan Pablo II en la visita ad Limina del año 1982, les dijo a los Obispos de las provincias eclesiásticas de Sevilla y Granada que la exaltación ritualista, su tendencia a la devoción y dimensión festiva de la piedad de sus fieles diocesanos, que en parte la caracterizan, merecían su «atención continuada y con respeto y cuidado» .

También el Papa Benedicto XVI, en diversos momentos de su fecundo magisterio, ha manifestado su interés por la piedad popular destacando, sobre todo, su incidencia imprescindible a favor de la evangelización, y la comunicación de la fe, para acercar a los fieles a los sacramentos, fortalecer los lazos de amistad y de unión familiar y comunitaria, así como para incrementar la solidaridad y el ejercicio de la caridad.

Insistió también, más de una vez, en que esta piedad tiene que estar en estrecha relación con la liturgia y apoyarse en la Palabra de Dios, para propiciar el encuentro participativo, una entrañable devoción a la Virgen María y una conciencia de pertenencia a la Iglesia, con afecto al Sucesor de Pedro y al episcopado .

2. Sin embargo, hemos de advertir también que, formando parte de la atención que la Iglesia debe prestar a la piedad popular, incluya asimismo su incesante vigilancia por parte de los Pastores respectivos.

Los últimos Pontífices citados suelen unir esta advertencia al tiempo que manifiestan su apoyo a esta piedad a fin de que los elementos menos perfectos se purifiquen progresivamente, evitando que esta piedad quede reducida a mera expresión folclórica o costumbrista traicionándose, de esta forma, su verdadera esencia.

Se requiere, insisten, que los Pastores «se encarguen de ella» y caminen juntos con sus fieles en un esfuerzo constante para que el valor de los signos penetre en lo hondo del corazón, para que esos signos estén siempre iluminados por la Palabra de Dios y se transformen en convicciones firmes de fe, consolidada por los sacramentos y su fidelidad a los valores morales. Debe apuntar siempre al centro que es Jesucristo, y no quedarse únicamente en lo externo .

VI. EN EL PLAN PASTORAL DIOCESANO Y DELEGACIÓN EPISCOPAL

1. Nuestra Iglesia diocesana, en comunión con toda la Iglesia y siguiendo las orientaciones del Santo Padre para todo el Pueblo de Dios y de los Obispos de la Conferencia Episcopal Española, ha elaborado el nuevo Plan Pastoral para el presente curso y el siguiente.

No pretende otra cosa que ser un instrumento de ayuda en manos de los fieles para caminar juntos en comunión y con objetivos concretos.

Se dedica el capítulo tercero a la piedad popular como habrán podido comprobar y se marcan los siguientes objetivos y sensibilidades para la misma:

a) Adquirir una mirada significativa de las distintas expresiones de piedad popular para saber considerarlos como un «lugar teológico».

b) Diferenciar lo que es puramente cultual, lo que es solamente religioso y lo que constituye propiamente la expresión de en Jesucristo.

Se proponen también unas acciones: sobre todo el estudio de la Exhortación Evangelii Gaudium, invitándose a los sacerdotes, como pastores, a ser los primeros por su cercanía, y se indican los siguientes momentos, en concreto, para la promoción de las Cofradías y Hermandades:

1) Una vida de oración durante cada curso, como la celebración de algún retiro espiritual, via crucis penitencial, rezo del santo rosario en familia o en la misma Cofradía.

Los últimos Pontífices destacan y apoyan en la renovación para la piedad popular las «peregrinaciones·. En este Año Jubilar de Santa Teresa, bien podríamos hacerlo a los lugares señalados para alcanzar la Indulgencia plenaria, con sentido de conversión.

2) Austeridad, destinando algunos de sus recursos, a través de Cáritas parroquial o diocesana a favor de los necesitados, como vienen haciéndolo ya con tanta generosidad.

3) Poner un interés especial bien programado, en favor de la formación de los hermanos cofrades, sirviéndose de las propuestas a su alcance de la Vicaría Diocesana de Pastoral y Delegación Episcopal de Cofradías y Hermandades .

4) Conocimiento de los fines fundacionales de su respectiva Cofradía o Hermandad, actualizando el cumplimiento de los mismos desde una visión inserta en el «hoy» de nuestras vidas.

c) Una «permanente misión» interna de cara a los propios miembros, todos necesitamos ser evangelizadores, en cualquier edad, para afianzar la fe y dar, luego, respuestas como testigos del Evangelio de Jesucristo, sin escondernos, ni desentendernos de lo que Dios ha puesto en nuestras manos .

2. La Delegación Episcopal, por su parte, pone también en sus manos, a través del Delegado, una Guía de estudio de la Exhortación Evangelii Gaudium, para su lectura personal y su reflexión en grupo de cofrades.

Se proponen cuatro reuniones de trabajo en cada curso. Cada uno de los encuentros se centra en una de las acciones señaladas en el Plan pastoral diocesano: la formación. Por ello les exhorto a todos, especialmente a sus Consiliarios y Presidentes o Hermanos Mayores a reunirse también para lograr los objetivos propuestos.

VII. EXHORTACIÓN FINAL

«La alegría renace el Jesucristo». Éste es el título del Plan Diocesano de Pastoral. Se hace eco de las palabras del Papa Francisco en Evangelii Gaudium, cuando nos dice: «Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría», y nos invita a tomar parte activa en «una nueva etapa evangelizadora marcada por la alegría» .

Habrán podido fijarse, durante la lectura de esta carta, cómo el Santo Padre insiste y espera de la piedad popular una respuesta generosa y comprometida en la nueva etapa evangelizadora, a la que convoca a todos los discípulos de Jesús.

Nos propone como punto de partida y de llegada, en todo el recorrido, dejarnos encontrar con Dios. En Él radica la fuente de la acción evangelizadora porque Dios siempre tiende a comunicarse por quien le acoge.

Sólo el egoísta y de corazón cómodo, que vive únicamente para él, al no dejar espacio para nadie, tampoco necesita de Dios. Éste nunca podrá gozar de la dulce alegría de un Dios que nos quiere, nos espera y acompaña cada día.

En nombre del Señor, les envío para ser sus alegres testigos y de su Evangelio en todos l
os rincones de esta Iglesia diocesana. No hace falta hacer milagros; los milagros los hace Él. Por eso les decía en mis palabras de aprobación del Plan diocesano de Pastoral «que como pueblo que camina unido bajo la fuerza del Espíritu, entreguemos a Jesucristo los cinco panes y los dos peces, de nuestra pequeñez». Él se encargará «de volver a repetir el milagro de la multiplicación (cf. Jn. 6, 9) para saciar a tantos hermanos nuestros que buscan a Dios» .

Así se lo recomendamos a nuestros Patronos: Santísima Virgen de la Cabeza y san Eufrasio, junto con santa Teresa de Jesús, en el V Centenario de su nacimiento.

Con mi saludo y bendición.

Jaén, 23 de noviembre de 2014

Solemnidad de Cristo Rey

+ Ramón del Hoyo López

Obispo de Jaén

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