Inauguración del Curso Seminarios y Centros de Estudios diocesanos

Homilía del Obispo de Jaén, Mons. Ramón del Hoyo López, en el Seminario Diocesano, el 25 de septiembre de 2013.

Saludos…

Queridos Señores, Rectores, formadores, profesores y alumnos de ambos Seminarios. Director de los y Centros de Estudios, Rector de la Facultad de Teología de Granada, Sacerdotes y amigos del Seminario, Representaciones… Comunidad de Hermanas Mercedarias, empleados y empleados en estos Centros.

Hermanos y hermanas:

1. Un año más la Providencia nos permite inaugurar un nuevo curso académico en nuestros Seminarios diocesanos y Centros de Estudios. Este acto nos congrega en torno al Altar del Señor para agradecerle sus beneficios y para suplicarle que nos conceda las fuerzas que necesitamos para el curso que inauguramos y la asistencia continuada del Espíritu Santo. Que su luz fecunde e ilumine nuestras inquietudes, proyectos, y programas. Siempre este día encierra una esperanza especial para nuestra Iglesia diocesana porque, en la preparación de la tierra y sus semillas, podemos adivinar ya cuáles puedan ser, en parte al menos, los frutos del mañana.

Damos nuestra bienvenida al nuevo Rector del Seminario Menor, D. Carlos Moreno Galiano y al nuevo Director Espiritual del Seminario Mayor, D. Juan Arévalo Martínez, al tiempo que agradecemos su dedicación y entrega ejemplares en estos mismos oficios a D. José María Romero García y a D. José López Chica, respectivamente. Que Dios les pague su entrega ejemplar con creces.

2. Queridos seminaristas de ambos seminarios: os miramos con cariño y esperanza a cada uno de vosotros. Nuestro saludo especial a quienes se incorporan a nuestros seminarios: Tres al Mayor y tres al menor. Gracias a vuestras familias, parroquias, y formadores. Gracias, sobre todo, al Señor que continua enviándonos vocaciones tan especiales al servicio, en el futuro, de esta Iglesia diocesana de Jaén.

Pertenecéis al grupo de nuestros cristianos adolescentes, y jóvenes que buscáis claves profundas para vuestra vida y que lograréis encontrarlas en Jesús, si estáis a su lado. Como aquellos sus primeros discípulos le preguntáis: ¿Dónde vives?¿Cómo eres? Y Él os dirá: venid y veréis.

A ese camino de íntima amistad con Cristo sumáis el estudio serio, el recogimiento profundo, una disciplina exigente y la convivencia entre vosotros y vuestros formadores formando una familia que escucha y vive con el Señor. Todo ello os irá modelando como a sus «íntimos». Dejad lo que sobra y buscad lo que de verdad os hace falta, ayudados por vuestros formadores y profesores. Dad gracias a Dios porque de Él es la iniciativa. Él os ha mirado con predilección y siempre estará a vuestro lado si le sois fieles.

Sabéis ya, o al menos intuís, que ser sacerdote es toda una aventura, pero una aventura hermosa, porque en realidad habéis dado en la clave de lo más profundo del corazón humano que busca a Dios.

Vuestra meta será ser un día sacerdotes preparados y valientes que, sin ambiciones humanas ni miedo de ninguna clase, iréis a anunciarle a Cristo por los caminos de esta Iglesia de Jaén, dispuestos, como buenos samaritanos, a acompañar y ayudar a las personas que sufren y buscan a Dios. Sabed que este programa no se improvisa. Uno tiene que estar muy lleno del amor de Dios y de su conocimiento para, primero, ser sus testigos, y proponérselo después a los demás. Luego, durante el ministerio, lejos de vaciarse, debemos buscar con todas nuestras fuerzas mantenernos y aumentar ese amor. En otro caso de poco sirve el Seminario.

Haced de la celebración diaria de la Eucaristía el centro de vuestra vida, de cada jornada. En cada Misa, cuando el sacerdote eleve y ofrezca a Dios Padre el Cuerpo y la Sangre del Señor, poneos en la patena y el cáliz, para que vuestra vida transcurra con Cristo, por Él y en Él.

3. Queridos formadores y profesores: Al tiempo que estoy dirigiéndome a los seminaristas, estoy haciéndolo también a todos vosotros. Vuestra entrega y vuestras vidas han de suscitar en ellos entusiasmo e ilusión por imitaros. Bien podéis hacer vuestras aquellas palabras del apóstol San Juan en su primera carta: «Lo que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis unidos a nosotros en esa unión que tenemos con el Padre y con su Hijo Jesucristo» (1Jn 1,3).

Ayúdenles a sus alumnos, uno por uno, en sus circunstancias concretas. Como escribió el Beato Juan Pablo II, en la Exhortación Apostólica Pastores Dabo Bobis: «La formación intelectual y teológica y la vida espiritual, en particular la vida de oración, se encuentran y refuerzan mutuamente, sin quitar por ello nada a la seriedad de la investigación, ni al gusto espiritual de la oración» (n.53).

Su formación humanística y filosófica son imprescindibles y la base para la formación teológica. Estad cerca de cada uno para que avancen adecuadamente en su formación, ciertamente desde la comprensión, pero también desde la exigencia y rigor.

En cuanto a la formación teológica: se trata de una tarea no fácil y compleja. El profesorado competente y cercano a vosotros de que dispone el Seminario, queridos seminaristas, debe conduciros a una visión completa y unitaria de las verdades reveladas y a su acogida en la experiencia de la fe de la Iglesia, leemos también en la exhortación citada. Desde esa visión completa y unitaria «brota la doble exigencia de conocer la totalidad de las verdades cristianas y de conocer esas verdades, no como verdades separadas unas de otras, sino de manera orgánica y como unidad, como una única verdad de fe en Dios»(n.54).

(En un discurso de S.S. Benedicto XVI, del año 2009, dijo, refiriéndose a la formación de los seminaristas «que es de suma importancia cuidar atentamente su formación humana, espiritual, intelectual y pastoral, así como la adecuada elección de sus formadores y profesores, que han de distinguirse por su capacitación académica, un espíritu sacerdotal, y su fidelidad a la Iglesia…» (Discurso a los participantes en la Asamblea Plenaria de la Pontificia Comisión para América Latina).

4. Por cuanto se refiere a los Centros de Estudios, que también inauguramos para el próximo curso y que tantos frutos vienen reportando a nuestra Iglesia, sepan que cuentan, como ya conocen, con todo el apoyo que precisen.

Hemos de procurar que los seglares sean cada vez más conscientes de su vocación, como miembros vivos de la Iglesia, discípulos y misioneros de Jesucristo (cf. Gaudium et Spes, 43).

En la línea del Plan Pastoral diocesano para el presente curso, puede ser uno de nuestros compromisos revisar y actualizar, en cuanto sea posible y necesario, todos estos servicios diocesanos, porque un laicado maduro y bien formado, que busca santificarse en sus quehaceres temporales, son verdadero fermento a favor de la nueva evangelización. Necesitarán primero intensificar su relación con Dios y adquirir una sólida formación, sin descuidar cuanto se refiere a la doctrina social de la Iglesia, con el fin de que colaboren de forma activa en la transformación de la sociedad, según el querer de Dios.

5. Lo que para nosotros puede parecer complejo y hasta inasequible desde nuestras fuerzas, no lo es con la gracia de Dios.

Cuando Jesús dijo a sus discípulos, como acabamos de escuchar: «al Hijo del Hombre lo va a entregar en manos de los hombres» no entendían y les daba miedo preguntar. Tenían en su cabeza un mesianismo de corte político y la cruz no entraba en sus planes (Lc 9, 42-45).

El Profeta Zacarías, en la primera lectura proclamada (Zac 2, 1-5, 10-11) nos presenta a una persona que pretendía tomar, con la ayuda de un cordel, las medidas de Jerusalén. Le dice un ángel, sin embargo, que no hace falta medir nada, porque Yahavé será su única muralla y defensa.

Se nos anuncia que la Iglesia, nueva Jerusalén debe abrirse a la variedad de pueblos, culturas y procedencias. Una ciudad nueva que sabe que su mayor riqueza está en Dios. Él
es su muralla y defensa. Es lo mismo que enseña el Concilio Vaticano II, en su Constitución Gaudium et Spes, al invitaros a abrir las ventanas y las puertas, a no usar de cordeles, pues la Iglesia es espacio abierto y de esperanza.

Mucho más está insistiendo el Papa Francisco en esta imagen de Iglesia. Es la que ha de vivirse y enseñarse en nuestros seminarios y centros de estudios para que esa luz ilumine a la Iglesia diocesana. Es imprescindible un profundo conocimiento de la eclesiología y patrística en este sentido.

6. Permítanme, antes de terminar, invitarles a presentar juntos ante el Señor nuestra acción de gracias por la presencia de nuestros seminaristas, son los que son, y bendito sea Dios, pero hemos de hacer nuestro, todos y cada uno, el compromiso concreto de esta Iglesia a favor de las vocaciones, como respuesta a nuestro Plan de Pastoral para el presente curso.

Una vocación no se despierta en un momento, por una sonrisa o por una simple invitación. Sabemos bien que en estas vocaciones, sobre todo la iniciativa es del Señor. Él es quien suscita en el corazón la llamada, pero debemos luego, todos los miembros de la Iglesia, los primeros los padres y sacerdotes interrogarnos: ¿qué hago yo y que espera de mí el Señor en este campo? cada uno.

Apoyemos al nuevo Delegado episcopal de vocaciones, porque todos formamos parte de esta delegación.

Encomendaremos también en esta Santa Misa, a la Hermana Carmelina, misionera del Divino Maestro, que falleció el verano pasado y tanto hizo a favor de este Seminario y a favor de las vocaciones sacerdotales. Descanse en paz.

Que el Espíritu Santo bendiga y sostenga nuestra entrega generosa a lo largo de los próximos meses en ambos seminarios y en estos Centros de estudios. Así lo suplicamos por intercesión de sus titulares: María Inmaculada y San Eufrasio, San Juan de Ávila y San Pedro Pascual. Amén.

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