Homilía de inauguración del año Jubilar Teresiano

Mons. Ramón del Hoyo López, Obispo de Jaén.

Saludos…

1. Con esta celebración en el Monasterio de San José del Salvador, en Beas de Segura, décima de las Fundaciones de Santa Teresa de Jesús, abrimos los actos del Año Jubilar Teresiano en la Diócesis de Jaén, a los quinientos años de su nacimiento, el 15 de octubre de 1515. Así lo harán también en esta fecha las demás Diócesis de España.

Junto a esta querida comunidad de M.M. Carmelitas Descalzas hacemos también muy presentes a los Monasterios femeninos de la Encarnación, en Baeza; al de Santa Teresa de Jesús, en Jaén, que celebra este año el IV centenario de su fundación; al Monasterio de Nuestra Señora del Carmen y San José, en Linares; al de la Purísima Concepción, en Úbeda y al de los P.P. Carmelitas Descalzos en la misma Ciudad, junto con las demás personas consagradas y fieles laicos que participan del carisma teresiano o tienen a Santa Teresa como guía y Patrona.

Saben que, en todos los Monasterios que he mencionado, junto con las Catedrales de Jaén y Baeza, así como el Santuario de la Patrona de la Diócesis, Santísima Virgen de la Cabeza, podremos alcanzar las indulgencias y gracias especiales, otorgadas por el Santo Padre a favor de todos los fieles, durante este Año Jubilar conforme a las condiciones que se especifican en el Decreto del pasado día 2 de Septiembre.

Muy queridas madres y padres carmelitas: Nos alegramos con ustedes en esta Fiesta y les felicitamos por continuar tan vivo en esta Iglesia de Jaén el carisma que Santa Teresa trajo a esta población de Beas de Segura el año 1575.

Agradecemos también el apoyo de esta Comunidad parroquial en todo tiempo a las M.M. Carmelitas, como parte fundamental de su historia. Otro tanto tendríamos que decir a favor de sus Autoridades y vecinos.

Todos juntos agradecemos al Señor la oportunidad que nos regala de poder celebrar esta Fiesta en el mismo lugar en que vio y soñó un largo futuro para sus monjas Santa Teresa. Demos también gracias a Dios por habernos regalado a esta mujer cristiana tan extraordinaria, estrella que iluminó con su santidad en su tiempo y que continúa haciéndolo a través de sus escritos, como Doctora de la Iglesia universal.

2. Santa Teresa de Ávila representa una de las cimas de la espiritualidad cristiana de todos los tiempos.

Nace en Ávila, como ya he dicho, en el año 1515. Huérfana de madre a los 12 años, pide a la Virgen que sea ella su madre. Desarrolla el ideal de reforma de la Orden carmelita y el año 1562 funda en Ávila el primer monasterio reformado. Prosigue las fundaciones hasta diecisiete y muere, en Alba de Tormes, Salamanca, el 15 de octubre de 1582.

Cuarenta años después de su muerte, el Papa Gregorio XV la incluía en el catálogo de los Santos y, el Papa Pablo VI, que será beatificado el próximo día 19 en Roma, la declaró Doctora de la Iglesia Universal, el 27 de septiembre de 1970.

En el libro de la Vida, el más rico de sus escritos autobiográficos, indispensable para conocer su vida mística y al comienzo de su actividad fundadora, la misma Santa testifica con toda nitidez la presencia de Dios en su vida. Quiere informar al lector, creyente o no, que Dios se ha hecho inequívocamente presente en sus caminos. Escribe en uno de sus pasajes: «Muchas veces he pensado, espantada de la gran bondad de Dios, y regalándose mi alma de ver su gran magnificencia y misericordia. Sea bendito por todo, que he visto claro no dejar sin pagarme, aun en esta vida, ningún deseo bueno» (4, 10).

3. Santa Teresa es una santa profundamente contemplativa y eficazmente activa.

Tenemos todo un año para acercarnos a esta Doctora de la Iglesia, verdadera maestra de vida cristiana para sacerdotes, consagrados y laicos de todos los tiempos.

Es una fuente inagotable para acercarnos a Cristo, sobre todo a través de la meditación de su Pasión, de su presencia eucarística y de su amor a la Iglesia. Es un pozo inagotable en el tema de la oración; nos enseña a rezar rezando ella con nosotros. Nos presenta las virtudes evangélicas como base y fundamento de toda vida cristiana y humana. Se disfruta y aprende de la sintonía que guarda con los grandes personajes bíblicos y la escucha de la Palabra de Dios. Pone a la perfección como meta y aspiración continuada de la vida cristiana. Es la última morada del recorrido del Castillo interior: la plenitud de Cristo que revive en nosotros.

No tenía una formación académica, pero su sabiduría penetró en las enseñanzas de los teólogos, literatos y maestros espirituales. Su contacto con varios santos, en particular con San Juan de la Cruz, y la lectura de los Santos Padres, como san Jerónimo y san Gregorio Magno, dieron, como frutos, sazonados el Libro de la Vida, «el Camino de Perfección», «el Castillo interior», «el Libro de las Fundaciones» y otros numerosos escritos. Fue el Espíritu Santo su verdadero Maestro. Bajo sus inspiraciones fue descubriendo los tesoros de la Sabiduría divina que se niega a los sabios y entendidos y llega a los humildes.

4. En una de las antífonas del Oficio de hoy de Laudes, se alaba a Santa Teresa con la siguiente antífona: «Ésta es la virgen prudente que, unida a Cristo, resplandece como el sol en el reino celestial», y la liturgia propia atribuye a la Santa las palabras del Libro de la Sabiduría (Sab. 7, 7-14) «le pedí espíritu de sabiduría y me lo dio. La preferí a los cetros y a los tronos y, en comparación con ella, tuve en nada la riqueza… la amé más a que a la salud y a la belleza… supo usar de ella y logró la amistad de Dios».

El Espíritu trabajó sin prisas el alma de Teresa, poniendo unos cimientos muy hondos. Se dejó llevar por Él a metas insospechadas hasta que un día abandonó el monasterio de la Encarnación de Ávila y con un pequeño grupo de compañeras inicia la reforma carmelitana en el convento de San José. El Espíritu fortaleció su debilidad dejándose conducir, con docilidad, por el camino de la virtud, como hemos escuchado en la carta a los Romanos (Rom. 9, 14-17.26.27).

Bebió a raudales el agua viva que es Cristo. Buscó con sed el agua que salta hasta la vida eterna, como aquella mujer de Samaria a que se refiere el Evangelista san Juan (Jn. 4, 5-15a).

5. Decía el Papa Francisco, hace poco más de un año, a las monjas de clausura de Asís: «Esta es vuestra contemplación: la realidad. La realidad de Jesucristo. No ideas abstractas, porque secan la cabeza. ¡La contemplación de las llagas de Jesucristo! El camino de la humanidad de Jesucristo. Siempre con Cristo, Dios-Hombre».

Este es el camino que siguió la Santa y este mismo ha de ser nuestro camino. El vuestro como carmelitas y el nuestro como personas que vivimos en medio del mundo.

Queridos fieles. Vivimos en tiempos no tan distintos de los que ella vivió. Son tiempos que piden reformas internas y externas en todos los sectores de la Iglesia. Son tiempos «recios» como fueron los suyos. ¿Qué hacer? ¿Para dónde mirar? Santa Teresa nos señala un camino certero y seguro: orar mucho, encuentro personal e íntimo con Cristo «de que nacen siempre obras y obras», como escribe en el Libro de Las Moradas (séptima, nº 6). Empapada de Dios, le bastó este ajuar para iniciar la reforma: una esterilla de paja, un cilicio de cadenilla, una disciplina y un hábito viejo y remendado.

Que Santa Teresa de Jesús nos alcance del Señor en esta celebración y a lo largo del Año Jubilar Teresiano las gracias que cada uno necesitamos para nuestro encuentro íntimo y personal con nuestro Señor Jesucristo, sobre todo en su Palabra y en la Eucaristía.

Que también nuestra Madre del Cielo, la Santísima Virgen María interceda por todos nosotros. Amén.

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