Apertura del Curso Académico 2011-2012 del Seminario Mayor

Homilía del Obispo de Jaén, Mons. Ramón del Hoyo López.

1. Al comenzar este curso 2011-2012, el Señor pone a nuestra consideración, en el Evangelio proclamado la vuelta de los 72 discípulos después de aquel ensayo misionero. Jesús les escucha, les anima y alaba. Da gracias al Padre “porque revela estas cosas a los sencillos de corazón y no a los que se creen sabios” (Lc. 10, 17-24).

Vivían con Él en comunidad, en familia. Diríamos que fue el primer seminario. Y después de los siglos, el mismo Cristo continúa reuniendo a los candidatos para el sacerdocio ministerial en esta “especial comunidad eclesial educativa”, como llama al Seminario la Exhortación Apostólica Pastores dabo bobis.

2. El Apóstol san Pablo (Ef. 4, 1-6), testigo cualificado y probado, pide, desde la cárcel, en su carta a los Efesios que nos comportemos como corresponde a la vocación a la que hemos sido llamados. Concreta este comportamiento invitándonos a ser humildes, amables, comprensivos, a sobrellevarnos mutuamente con amor. A mantener la caridad con el vínculo de la paz.

Pero todo ello hemos de vivirlo en un ambiente de permanente referencia a Cristo y en íntima conexión con la acción de Dios por el Espíritu.

La unidad, el amor, la comunión que han de animar y marcar la vida del Seminario, tienen su fundamento y origen en el mismo Dios. El clima de alegría, de paz y de amistad, que ha de impregnar la convivencia del Seminario y demás instituciones unidas a él, son efecto y expresión de la vida de fe, de esperanza y de amor de Dios que se traduce en la comunión con los hermanos. Son dones del Señor, no nuestros.

3. Esta es la razón última por la que comenzamos el curso académico y la vida ordinaria de nuestros Seminarios diocesanos y el Centro de Estudios San Pedro Pascual con esta Eucaristía en la que de modo solemne pedimos la acción del Espíritu Santo sobre nuestras vidas y nuestros trabajos. Pedimos al Espíritu Santo que sea Él el protagonista de estas obras primordiales en la Iglesia diocesana.

En la Exhortación Apostólica Pastores dabo vobis nos dice el Beato Juan Pablo II, entre otras cosas, que el Seminario es “sobre todo, una comunidad educativa en camino… es una continuación en la Iglesia, de la íntima comunidad apostólica formada en torno a Jesús, en la escucha de su Palabra, en camino hacia la experiencia de la Pascua, a la espera del don del Espíritu para la misión… El Seminario es en sí mismo, una experiencia original de la vida de la Iglesia; en él, el Obispo se hace presente a través del ministerio del Rector y del servicio de corresponsabilidad y comunión con los demás educadores, para el crecimiento pastoral y apostólico de los alumnos…”.

En la preciosa y profunda homilía de Su Santidad Benedicto XVI, del pasado 20 de agosto, en la Catedral de la Almudena de Madrid, os decía con palabras muy directas para vosotros, los mayores, allí presentes casi todos: “Abrid vuestra alma a la luz del Señor para ver si este camino, que requiere valentía y autenticidad, es el vuestro, avanzando hacia el sacerdocio solamente si estáis firmemente persuadidos de que Dios os llama a ser sus ministros y plenamente decididos a ejercerlo obedeciendo las disposiciones de la Iglesia”. Muchas más cosas, todas de máximo interés pudisteis escuchar del Vicario de Cristo en aquella fecha inolvidable para muchos de nosotros. Los habéis leído y meditado, sin duda, y yo os diría, con el Papa, que nunca tengáis miedo a la entrega generosa de vuestras vidas al Señor, porque os aseguro, os podemos asegurar todos los sacerdotes, que si le buscamos y confiamos en Él nunca nos deja solos. Él está junto a nosotros siempre. Por eso os decía también el Santo Padre: “Apoyados en su amor, no os dejéis intimidar por un entorno en el que se pretende excluir a Dios y en el que el poder, el tener o el placer a menudo son los principales criterios por los que se rige la existencia. Puede ser, dijo a sí mismo, que os menosprecien, como se suele hacer con quienes evocan metas más altas o desenmascaran los ídolos ante los que hoy muchos se postran. Será entonces cuando una vida hondamente enraizada en Cristo se muestre realmente como una novedad y atraiga con fuerza a quienes de veras buscan a Dios, la verdad y la justicia”.

Si tuviera que resumir qué tipo o estilo de seminario deseo, desea la Iglesia, os diría que siempre estéis atentos los formadores, sobre todo,  a la voz de su Magisterio y al plan de formación sacerdotal para los Seminarios Mayores y Menores de la Conferencia Episcopal Española, así como a las Directrices de su Comisión Episcopal de Seminarios y de vuestro Obispo. Todos, además, hemos de cooperar, Rectores, formadores y profesores, directores espirituales y Confesores, a que el Seminario sea una verdadera familia en la que se aprenden y se practican la libertad, la responsabilidad, la vida comunitaria y la austeridad, impregnadas por la fe, la esperanza y la caridad, en el seguimiento común como Discípulos al Buen Pastor, que es quien nos conduce a todos.

4. Permítanme que destaque dos novedades antes de terminar mis palabras en esta inauguración.

La primera sería la incidencia que tendrá los próximos meses, ya desde ahora, el anuncio del Papa, precisamente también en la Catedral de la Almudena, en que reunió a los seminaristas, de la próxima declaración de San Juan de Ávila, Patrono del clero español, como Doctor de la Iglesia universal.

Era un deseo manifestado reiteradamente ante el Santo Padre por la Iglesia española y particularmente por esta de Jaén, dados sus vínculos a esta Diócesis a través de la Universidad de Baeza, especialmente.

Ya en sus breves palabras de aquel día invitaba a todos los fieles a volver nuestra mirada hacia él al tiempo que encomendaba a su intercesión: “a los Obispos de España y de todo el mundo, así como a los presbíteros y seminaristas, para que perseverando en la misma fe de la que él fue maestro, modelen su corazón según los sentimientos de Jesucristo…”

Hemos de estar muy atentos a las iniciativas de las demás diócesis de España, con ocasión de este acontecimiento, pero secundar también activamente las propuestas de la Comisión específica diocesana instituida para la preparación y celebraciones de esta anunciada declaración.

Otra novedad que debo destacar y hacer presente ante el Señor son algunas de las reestructuraciones recientes en ambos seminarios que afectan a sus formadores y profesores.

En el Seminario Mayor, D. Carmelo Zamora Expósito ha sucedido como Rector a D. Pedro Ortega Ulloa. Han cesado como p
rofesores del claustro, por jubilación, pasando a la situación de eméritos, D. Manuel García Muñoz, D. Jesús Simón Peinado Mena y D. Jesús Moreno Lorente; por razones de reestructuración del Plan de Estudios han cesado los profesores D. Antonio Robles Gómez, D. José María Cano Reverte y Dª. Francisca Benítez Fuentes, y se incorpora de nuevo a la docencia, que había suspendido por razones de actualización y ampliación de estudios, D. Juan Ignacio Damas López.

Del Seminario Menor destacar que se ha instalado en la Residencia Cardenal Merino, como saben; que los alumnos de Bachiller cursan sus estudios en el Colegio de los Hermanos Maristas, en vez de en el Instituto y, sobre todo, que se han producido dos nombramientos: el de D. Agustín Rodríguez Gómez, en sustitución y como Vicerrector de D. Jesús Díez del Corral Navío, y la incorporación como sacerdote de apoyo de D. Juan Carlos García Serrano. No olviden que su Patrono será declarado Doctor de la Iglesia, como hemos dicho.

Aprovecho este momento para a unos darles las bienvenida, agradecer su disponibilidad y pedir al Señor por sus nuevos servicios ministeriales. Y, a quienes cesan en estos mismos servicios, nuestro reconocimiento por su ejemplar entrega en una misión diocesana tan relevante como lo es siempre el Seminario, algunos durante muchos años, por su dedicación impagable que Dios les premiará con no menos generosidad. Que este nuestro reconocimiento y agradecimiento lleguen también a sus familias con la seguridad de que siempre será para ellos una casa abierta y agradecida su seminario.

5. Quiero finalmente, aunque sea con brevedad en mis palabras, no en nuestra oración, reconocer y animar en su fecunda labor al Centro de Estudios de Formación Cristiana “San Pedro Pascual”, en favor de la formación a un laicado selecto que se prepara con rigor para tareas evangelizadoras y de transmisión de la fe. Nadie da lo que no tiene y evangelizar hoy con ese “nuevo ardor”, como nos invita la Iglesia, exige en primer lugar de su Obispo y de su Iglesia, que se pongan los medios suficientes a su alcance para luego responder a su vocación.

Así figura explicitado en el Plan Pastoral Diocesano para este Curso, como una de las tareas básicas. Por ello animamos y apoyamos también al Director, profesorado y personal que hacen posible esta importante riqueza diocesana. Gracias a todos.

Estoy seguro que la Madre del Sumo Sacerdote, Jesucristo, y los Patronos de nuestros Seminarios y Centro de Estudios ayudarán a sus Rectores, Director y Formadores y Profesores en su misión eclesial respectiva, y a vosotros alumnos, sobre todo a los seminaristas, para que os preparéis con un estudio serio y profundo y una piedad sincera para vuestra futura misión eclesial.

Feliz curso. Que así sea.

1 de octubre de 2011.

+ Ramón del Hoyo López
Obispo de Jaén

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