Experiencias desde la pastoral con inmigrantes

Diócesis de Jaénhttp://diocesisdejaen.es/
La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

Desde el Secretariado de Inmigración de la Diócesis de Jaén, su capellán Jesús Castro, ha recogido diversas experiencias plasmadas en artículos.

Los dos primeros artículos son las experiencias de dos profesores voluntarios que través de Cáritas han impartido clases de español a las personas inmigrantes temporeras de la campaña de la aceituna en Fuensanta de Martos y el tercero la experiencia de algunos de ellos. El cuarto artículo es la carta que nos mandó a la parroquia de Fuensanta un inmigrante camerunés que pasó por Ceuta a raíz de las muertes en la frontera de Ceuta. El último artículo refleja el sentimiento de indignación de una colaboradora de esta parroquia ante estas muertes de inmigrantes.

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Hay cosas en la vida que no se buscan, llegan solas y son ellas las que te encuentran a ti. Algo así me ocurrió a mí cuando un día, Jesús, el párroco del pueblo llegó al colegio donde trabajo y nos explicó su proyecto de dar clases de español a los inmigrantes que habían venido para la recogida de la aceituna.

La verdad es que no me lo pensé mucho, le dije que tenía ciertos problemas de horario pero que contase conmigo. Nunca antes, había colaborado en ninguna de estas actividades solidarias y menos aún con personas extranjeras, con las que en un principio creí que no me iba a poder entender.

La actividad empezó y, durante más de dos meses se fue desarrollando a mi juicio de manera muy positiva. Ahora, una vez acabada, Jesús nos pide que pongamos por escrito las cosas que creemos que han sido dignas de mención.

Jesús, con el que antes no había tenido relación, más allá de algún saludo ocasional ha sido una parte de la experiencia. En los no demasiados contactos que he mantenido con él, he conocido a un sacerdote «provocador de silencios». Si, lo que más me ha llamado la atención es comprobar como «provoca» momentos de reflexión, momentos de recogimiento, momentos de introspección que hacen que paremos unos instantes el ajetreo de nuestra cabeza y pensemos en problemas que les afectan a los demás, aunque en realidad nos afectan a todos.

Es lo que ahora mismo estoy haciendo y mucho me temo que mi escrito va a ser demasiado largo porque son bastantes las cosas que me gustaría decir.

Al principio mi principal preocupación era hacer un buen trabajo como maestro, intentar transmitir de manera eficaz a mis nuevos alumnos lo poco que sé y que esto les pudiese servir de alguna forma para mejorar su calidad de vida entre nosotros.

Con el paso de los días me fui dando cuenta de que el alumno era yo. Que quien verdaderamente estaba aprendiendo cosas era yo. El trato diario con mis alumnos me iba enseñando aspectos que yo no conocía e incluso desmontando prejuicios que, como mucha gente, yo tenía en mi cabeza.

Afortunadamente para mí, el nivel de español que los «chicos» del grupo tenían eran mucho más elevado de lo que yo me había imaginado por lo cual la comunicación con ellos ha sido bastante fluida y nos ha permitido conocernos mejor.

Si las clases les han sido útiles o no, son ellos quienes deberían de decirlo. Por ello no voy a hablar de las mismas, sino que voy a centrarme en lo que a mí me ha aportado el estar junto a estos hombres.

En muchas ocasiones cuando en la televisión veía imágenes de una patera llegando a tierra o un grupo de personas jugándose la vida por atravesar una alambrada, pensaba yo… «¿Cómo estarán en su país para no valorar el peligro, y jugarse la vida por llegar aquí? ¿Qué vida tan llena de calamidades y miserias tendrán allí? Si estando aquí tan mal como están no se vuelven a su país, será porque allí estarán mucho peor.»

Primera y gran equivocación por mi parte. Cuando hablas con ellos aprendes que la mayoría tenían en su tierra unas condiciones de vida mucho mejores de las que están soportando aquí.

Le preguntas entonces, ¿por qué venís? La respuesta es clara. Buscan un futuro mejor para su familia, para sus hijos. Allí no tienen perspectivas de poder mejorar su calidad de vida ni la de su familia. Aquí, si tienen suerte, en un tiempo pueden conseguirlo. En definitiva vienen por ESPERANZA. Piensan en sus seres queridos e intentan hacer lo que está en su mano por mejorarles la vida, incluso poniendo en alto riesgo la suya propia.

Me preguntó yo ¿Por qué se fueron nuestros tíos o nuestros abuelos a Cataluña, o a Francia o Alemania? ¿Hay alguna diferencia? Es más, si tú que estás leyendo ahora este papel o yo que lo he escrito nos viésemos en esas circunstancias, ¿qué haríamos?

Las condiciones de vida a las que muchos se enfrentan en nuestra tierra son verdaderamente lamentables. Gracias a instituciones como Cáritas, a personas desinteresadas, normalmente no ricas, y a sacerdotes como el nuestro que remueven cielo y tierra buscando ayuda para ellos, se consigue aliviar medianamente esa situación. Pero no sólo necesitan ayudas materiales: trabajo, comida, acceso a viviendas dignas, etc… sino que necesitan sentirse bien tratados. Tratados como personas dignas de respeto, como todas; con los mismos derechos y deberes que cualquier otro ciudadano. Pero para ello, en muchos casos, nosotros «los blancos» tenemos que quitarnos el miedo. Miedo a culturas desconocidas, a costumbres que nos son extrañas, a acercarnos y hablar con ellos, no con lástima sino desde nuestra condición de habitantes de este planeta, de igual a igual. Nos daríamos cuenta de que a pesar de diferenciarnos en muchas cosas, son muchos más los aspectos en los que somos TOTALMENTE IGUALES.

En este tiempo hemos tenido dos momentos de convivencia fuera de las horas de clase. Uno de ello al celebrar el Día de las Migraciones. La parroquia organizó una misa especial dedicada a los inmigrantes y una posterior comida de convivencia. A ambas, por supuesto fueron invitados nuestros «chicos». Yo pensé, que se animen a compartir comida y bebida con nosotros, e incluso que participen activamente aportando ellos platos típicos de su país, es bastante probable pero que asistan a un oficio religioso católico que además se realizará en la Iglesia del pueblo, teniendo en cuenta que todos ellos son musulmanes lo dudo mucho.

Segundo y gran error por mi parte. Si bien es cierto que no asistieron todos hay que decir que si lo hicieron la mayor parte del grupo. El solo hecho de verlos allí, dentro de la iglesia siguiendo el transcurso de la celebración ya me emocionó. Si a esto le añado la actitud tan respetuosa que tuvieron en todo momento, sencillamente no encuentro palabras para expresar mi admiración.

Pensé y pienso, nosotros los católicos que en ocasiones creemos que todo lo relacionado con la religión islámica está rodeado de fundamentalismo y fanatismo, ¿seríamos capaces de asistir a una mezquita y participar de principio a fin en uno de sus actos religiosos? Yo dudo mucho de mí mismo en este sentido. No lo sé sinceramente, aunque después de haber recibido la lección que me dieron seguramente si lo haría.

Son tantos los detalles y anécdotas vividas con ellos en este corto espacio de tiempo que sería casi imposible reflejarlos aquí sin correr el riesgo de escribir un mamotreto que aburriese a quien lo lee.

Voy a terminar hablando de ellos, de los «chicos», del grupo de personas al que he tenido el privilegio de conocer. Algunos de mi edad, otros de la edad de mis hijos. En ellos me he visto yo y he visto a mis hijos. Doy las gracias a Dios por no haberme hecho pasar a mí ni a mi familia por unas circunstancias tan duras como las que ellos están pasando.

Ya no son mis alumnos, son mis amigos africanos. Son personas maravillosas, llenas de valores, nobles, humildes, trabajadores, agradecidos, alegres,… muy preocupados por conocer no sólo nuestro idioma, sino también nuestras costumbres, nuestras normas sociales, por no hacer nada que nos moleste y deseosos de conocernos y de que los conozcamos.

Nosotros somos los habitantes de este país. Intentemos acogerlos y tratarlos como cualquier ser humano se merece y como estoy seguro que ellos nos tratarían si nos viesen solos y desvalidos en su país.

En el último día de convivencia que tuvimos con ellos como cierre de las clases un miembro de Cáritas nos dio las gracias a los profesores por nuestra colaboración desinteresada. Yo contesté que no eran merecidas sino que, por el contrario los beneficiados habíamos sido nosotros.

A veces, pagamos dinero por tener o disfrutar de algunas experiencias, muchas de ellas efímeras y superficiales (ir al cine, asistir a un partido de fútbol, a un parque de atracciones,…); experiencias que pronto se olvidan o que al menos no nos aportan nada realmente valioso.

En mi caso, creo que yo debería haber pagado por tener esta experiencia, porque lo que me ha aportado no será efímero y es realmente valioso. Sin embargo me ha salido gratis y encima se me han dado gracias.

GRACIAS las que yo les doy a mis amigos africanos por haberme permitido conocerlos y mi deseo más ferviente de que todo les vaya cada vez mejor, encuentren lo que han venido a buscar y les puedan dar a sus familias lo que ellos desean.

Que su Dios o el Nuestro, los proteja, cuide de ellos y les permita vivir dignamente. Y que nosotros ayudemos a Dios en ese cometido cada uno en la medida de nuestras posibilidades.

Abelardo Olmo Bonilla,

profesor del colegio Virgen de la Fuensanta (Fuensanta de Martos)

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En muchas ocasiones he disfrutado escuchando experiencias de las Hermanas Misioneras de la Iglesia, congregación a la que pertenece el colegio en el que tengo la suerte de trabajar, y que desarrolla una encomiable labor en zonas altamente desfavorecidas de todo el mundo, especialmente en América y África, siempre he admirado la entrega, amor y disponibilidad de las hermanas para ponerse al servicio del más necesitados. En mis conversaciones con algunas de las hermanas yo les manifestaba mi deseo de poder, algún día, hacer algo parecido a lo que ellas estaban haciendo.

Y sin esperarlo, la oportunidad se presentó una tarde de sábado en misa, cuando el párroco de Fuensanta, dijo que necesitaba la ayuda de algún profesor para dar clases de español a los inmigrantes que por esos días estaban llegando al pueblo en busca de trabajo. No me dio tiempo a pensarlo, la persona que estaba a mi lado, mi esposa, me animó, era el empujón que necesitaba.

Si digo la verdad, al principio dudaba de mi capacidad para poder impartir este tipo de clases, yo siempre he trabajado con niños, mis alumnos nunca han superado la edad de dieciséis años y ahora me tocaba trabajar con personas adultas.

Estaba ansioso porque llegara el primer día de clase, si soy sincero hasta algo angustiado porque no sabía si iba a ser capaz de responder a las necesidades de estas personas.

Pero tenía una baza con la que no había contado, y es que las clases no las iba a dar solo, esta labor la compartiría con otro compañero que también se había ofrecido voluntario, Abelardo Olmo, y eso si cabe me dio más seguridad ya que conocía la gran competencia docente de éste.

Llegó el primer día de clase y la primera toma de contacto con mis nuevos alumnos, desde el primer momento me sentí altamente reconfortado porque veía unas caras que demostraban ganas de aprender, se les veía cansados pero se notaba la ilusión y la alegría por sentirse aceptados por personas del pueblo. Tengo que decir que el concepto que tenía sobre los inmigrantes ha cambiado radicalmente, yo los veía como algo distante, algo ajeno a mi vida, y ahora después de esta experiencia he llegado a comprender muchas cosas sobre ellos: los motivos por los que vienen a España, porque arriesgan sus vidas, la fortaleza que demuestran, en algunas ocasiones la nostalgia, la ilusiones que tienen….

En las clases hemos intentado no solo enseñarles español, también hemos intentado que aprendieran normas de comportamiento y actuación ante determinadas situaciones de la vida diaria, propias de nuestra cultura, y que muchos de ellos desconocían, hemos tratado enseñarles algo de nuestra geografía, de las labores del campo (sobre todo relacionadas con la recolección de la aceituna), le hemos informado de las tablas salariales, de cómo cumplimentar impresos oficiales,…….

Hablando con ellos, les decíamos que nosotros también estábamos aprendiendo muchas cosas en las clases, tanto Abelardo como yo hemos aprendido geografía, costumbres de sus países, algunas palabras de sus dialectos, etc. Pero sobre todo los hemos conocido y nos hemos dando cuenta de que son personas como nosotros, solamente nos diferencia el color de su piel, con los mismos sentimientos que nosotros, con las mismas ilusiones, con las mismas necesidades.

Tengo que decir que en algunas ocasiones he llegado a sentir admiración por ellos, después de estar todo el día trabajando en la aceituna, cansados y extenuados, eran capaces de acudir diariamente a las clases y mostrar un interés inusitado por aprender.

En mi opinión el acudir a las clases también les ha servido para hacerse un grupo, al principio muchos de ellos no se conocían, pero al final se han hecho todos amigos, saludándose efusivamente cuando llegaban a las clases, solidarizándose unos con otros, ayudándose cuando era necesario.

En definitiva creo que las clases también les han servido para ayudarles a integrarse en el pueblo, muchos de mis paisanos eran reticentes a contratarlos e incluso a hablar con ellos, ahora están empezando a comprenderlos y a verlos como lo que son, buenas personas, trabajadores, agradecidos y con una educación y un respeto envidiable.

Quiero darle las gracias a todas las personas que me han permitido vivir esta experiencia: a D. Jesús (el párroco), a los miembros de Cáritas de Fuensanta, a Abelardo y sobre todo a todas los inmigrantes que han asistido a las clases y que me han hecho que me sintiera feliz compartiendo con ellos el tiempo que duraban las clases e incluso alguna que otra conversación personal fuera del aula.

Y por último, me gustaría compartir unas palabras de la Madre Nazaria Ignacia, fundadora de las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, que decía que para ayudar al necesitado había que BAJAR A LA CALLE: poniendo en el centro de tu vida al otro y a los otros, amando sin medida, trabajando sin descanso, acompañando sin molestar, contando con los demás, formando comunidad, llegando a las personas y acercándolas a Dios…….

Rafael Rivera Sánchez,

profesor del Colegio Sta María de los Apóstoles de Jaén

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Yo me llamo Man Traore, soy de Mali, llevo seis años en España, me he sentido muy bien aquí en Fuensanta, estoy muy contento con las clases de español. Gracias a todo el pueblo de Fuensanta que me han enseñado muchas cosas que no conocía antes, sobre todo para rellenar solicitudes, para rellenar impresos que antes no sabía y ahora aunque tengo alguna dificultad ya sé hacerlo. Gracias a mis profesores Abelardo y Rafa, a Jesús el cura y a todas las personas de Cáritas. Si Dios quiere el año que viene volveré a aprender español, pido disculpas si me he equivocado en algo que no sabía.

Me llamo Mamadu, soy de Mali, yo vine aquí a Fuensanta a buscar trabajo, estoy contento porque he conseguido trabajo, con esa alegría quiero saludar al pueblo entero, estoy muy agradecido, mi alegría es muy grande. He aprendido muchas cosas que antes no conocía, me he sentido muy bien en Fuensanta, he encontrado una manera de tratarme que no había sentido antes, me he encontrado como en mi casa, como con mi familia. Este pueblo me ha acogido con el corazón y mi corazón también estará siempre con todos lo fuensanteños. Gracias a todos.

Yo me llamo Salía, soy de Mali, quiero saludar a mis dos maestros, ha sido una experiencia que me ha entrado mucho en mi corazón, estoy muy contento de las clases y me gustaría que el año que viene comenzaran antes. Quiero saludar a todo el pueblo y les quiero dar las gracias por el trato que han tenido conmigo. Deseo que el año que viene tengamos menos problemas para conseguir una casa y para eso les pido ayuda.

Me llamo Lansine, me he sentido muy contento de venir aquí, no he encontrado ninguna persona mala aquí, toda la gente me ha tratado muy bien, he pasado por muchos pueblos pero como aquí no me han tratado en ningún sitio.

Yo me llamo Niang Lamine, soy de Senegal, quiero saludar a todo el pueblo de Fuensanta de Martos, también a la alcaldesa, para mí fue una satisfacción total el día que vino aquí a hablar con nosotros, llevo mucho tiempo viviendo en España pero no me han tratado nunca como en este pueblo, quiero dar las gracias a los profesores que nos han enseñado castellano y al cura D. Jesús y a la gente de cáritas. No tengo más palabras, gracias a la gente de Fuensanta que me hecho que yo me sienta bien aquí. Gracias.

Yo me llamo Karim Diarrá, soy de Mali, estoy contento este es el cuarto año que vengo aquí a trabajar, quiero saludar a toda la gente del pueblo de Fuensanta, a la alcaldesa, al cura Jesús, a los profesores y profesora Lola. Siempre queremos entender muchas cosas aquí, ojalá podamos trabajar más aquí si dios quiere, gracias yo saludo a todos los ciudadanos de este pueblo.

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Carta de Ibrahim a la Parroquia de Fuensanta de Martos tras las muertes en la frontera de Ceuta

¡Hola! Hermanos y hermanas de Fuensanta:

Soy Ibrahim, de Camerún, algunos me recordaréis, yo he estado ahí y me acuerdo mucho de vosotros.

Esta carta es para compartir lo que ocurre en el mundo, la injusticia que pasa y que muchos no conocen.

Esta semana ha pasado una tragedia en el mundo de la inmigración, no sé si los sabéis. El pasado jueves, 6 de febrero, algunos inmigrantes intentaron pasar de Marruecos a Ceuta, pero esto acabó con la muerte de catorce personas y muchos desaparecidos y nadie consiguió entrar. Aquí también en Jaén, en Villanueva del Arzobispo donde estoy, ha fallecido un chico inmigrante que ya había conseguido entrar en España y sus papeles; además era muy joven, tenía unos veinte años. ¿Os dais cuenta de lo que vale la vida? Él ha estado enfermo una semana. ¿Quién puede creer que una enfermedad de una semana fuera a matar a un chico fuerte, valiente…? las palabras me faltan para calificar a este chico que se ha ido sin decir adiós ni a sus amigos, ni a su familia. Se llamaba Daouda. ¿Véis? estoy hablando de él en pasado lo que significa que ya no está con nosotros.

Hay muchas cosas que pasan allí en Ceuta y que aquí no se saben. Yo lo sé porque he pasando por allí. Si os digo lo que hace la Guadia Civil y los militares marroquíes no me vais a creer. En el lado marroquí los militares nos pegan con barras de hierro y las vallas son de 7 metros y son tres y hay sitios que son cuatro y encima hay alambre de cuchillas. Cuando consigues pasar todo esto vivo, la Guardia Civil te espera en el lado de España con balas de goma y gas.

Después de pasar todos este obstáculos no penséis que es la fin de los problemas, no. Seguimos la lucha con la policía española en los centros de internamiento, debemos luchar para tener papeles, para sobrevivir… porque debemos esperar tres años para solicitar papeles; dentro este tres años debemos comer, debemos vestirnos, debemos abrigarnos contra la lluvia, el frío, el calor… ¿Sabéis que este año ha fallecido de frío uno que estaba durmiendo a la calle en la temporada de la aceituna, aquí, en Villanueva del Arzobispo? Supongo que todo esto hay muchos que no lo saben.

Hay otras personas de vosotros que tienen muchas preguntas en la cabeza pero no saben a quién preguntar. Por ejemplo, preguntas como ésta: ¿por qué salen los inmigrantes de su tierra?, ¿por qué vienen aquí a España?, ¿por qué si les matan en la frontera no vuelven a su país?

Hay gente que piensa que estas preguntas no tiene respuesta, pero sí tienen:

1- ¿Por qué salimos de nuestra tierra? Salimos para buscarnos la vida, para intentar alcanzar una vida mejor, para buscar la oportunidad que no hemos tenido, el apoyo que no nos ha dado el gobierno de nuestro país para conseguir el pan cotidiano.

2- ¿Por qué venimos a España? En realidad, hay muchos que no quedamos aquí, nos repartimos por Europa. La verdad es que si entran cien hoy, mañana noventa y ocho se van de aquí. Nos repartimos por toda Europa… Hay quién se va a Francia, Alemania, Noruega, Suecia…

3- ¿Por qué no volvemos? Porque antes de venir aquí hay muchos que venden todo lo que tenían para venir y se queda en la ruina; entonces lo que le queda es seguir adelante…, como decimos en francés: ça passe oú ça casse (o continúas o te hundes). También hay muchos que prefieren que se les devuelva a su país antes que los devuelvan a Marruecos. Aquellos que tengan fe empezarán de nuevo.

Me voy a parar aquí… ¡tengo tantas cosas que quiero gritar al mundo y a vosotros!, pero espero que la próxima vez vendré yo mismo, no en la carta.

Quiero dar las gracias al padre Jesús y a vosotros, que habéis dejado vuestra ocupación para esta oración. Que Dios recoja a todos los que han perdido la vida en el mundo esta semana ya sea en la frontera o en cualquier parte, que dé la salud a los que no la tengan, que dé de comer a los que no tengan y que nos bendigan a todos.

Y., Ibrahim

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Dolor y rabia

…..No…no se ha ido la luz…la hemos apagado… Cuando volvamos a darle al interruptor se volverá a encender…para nosotros la luz volverá, y podremos ver a las personas que tanto amamos y nos aman. Pero hay catorce personas para las que la luz no se volverá a encender. Catorce personas, que han sido hijos, acariciados, besados y amados por sus madres…padres… hermanos… esposos o amigos. Catorce personas que soñaban con una vida mejor, con ser acogidos y respetados. Pero sus sueños se han ahogado como los de otros muchos en su propia sangre. Una sangre derramada entre excusas y culpas injustificadas. En luchas desiguales … Y ahora habrá familias rotas y sin esperanza…o con una eterna espera a unas noticias que jamás llegaran … Y para los que jamás tampoco tendrán luz…la luz de la esperanza y no podrán calmar el dolor del corazón por el familiar perdido …Todos somos hijos o amigos y muchos hermanos o padres…cada uno que mire en su corazón , y que se ponga en el lugar del otro …Porque todos estamos hechos iguales, la sangre es del mismo color , el corazón y las lágrimas. Por eso quiero gritar bien alto por las voces calladas… por las que jamás podrán gritar… Para que todos escuchemos y veamos más allá del país al que pertenezcamos, de la lengua que hablemos y el color que tengamos. Por una vida digna y mejor, por un mundo mejor. Porque no miremos a otro lado. Y porque la única manera de cambiar el mundo es viendo de verdad y empezando por cambiarnos cada uno. Que nos escuchen todos…y que veamos personas…no amenaza, no miedo, no dolor…Pedir a Dios que nuestros gobernantes vean y escuchen que quitar una vida a otra persona siempre será un crimen, no hay excusas válidas…

-Abrieron los ojos después de muchos días

Por fin vieron tierra, con ella la esperanza.

En sus mentes y corazón , la imagen de los

rostros de todos los que habían dejado atrás

y que algún día volverían a ver llenos de una nueva

y mejor vida…

-Pero al tomar tierra, el sabor metálico y duro

de la realidad y de la injusticia creada …acabó con todo.

Jamás los conocerán…nadie sabrá sus nombres y como era su

manera de reír o de llorar….

Pilar Armenteros Ruiz, parroquia de Fuensanta de Martos

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