
Este fin de semana pasado, el último de febrero, como cada año, Cambil celebra la fiesta grande de su patrón, el Santísimo Cristo del Mármol: un lienzo de Cristo crucificado del siglo XVI, venerado ininterrumpidamente desde entonces y que ha marcado la fe de los cambileños generación tras generación.
Como párroco, lo he vivido muy intensamente en estos cuatro años acompañando a la comunidad parroquial, que me enseña la espiritualidad de este pueblo y enriquece también la mía personal.
Cuatro rasgos destacaría de lo genuino que percibo, con sabor a Evangelio, en estos dos días que concentran el corazón de la fiesta:
- Tradición viva y relevo generacional. Es una tradición que se vive en la familia, se palpa sin mucha explicación y se transmite sin gran folclore. No es un añadido ni una devoción importada o impostada; es el modo de vivir la fe de este pueblo desde hace siglos. Es viva porque atraviesa los quehaceres cotidianos y se manifiesta en la sencillez y la humildad, en el contacto con la tierra y el agradecimiento por sus frutos. También en la cercanía en el trato, en la generosidad inmediata y en ofrecer al Señor fatigas y alegrías, siempre muy unidos a María, su Madre. Un pueblo arraigado en Cristo y, a la vez, profundamente mariano; no en vano, la Virgen del Rosario es su patrona. Qué mejores pilares: el Hijo al que seguimos y la Madre con la que caminamos.

- La música y las cofradías en los jóvenes. Llama la atención cómo niños y jóvenes se suman a esta devoción, formando parte de la banda municipal en las marchas procesionales y llevando los pasos del Cristo y de la Virgen de los Dolores. Es un acompañamiento solemne y respetuoso, que sobrecoge en los vericuetos de las calles cambileñas y que une a distintas generaciones en un mismo sentir.
- El gusto por el silencio y la Palabra. Como pulmón de la fiesta está la vela del cuadro del Cristo en su ermita, que se prolonga toda la noche, recordando, según la tradición, la primera venida de la imagen, cuando un grupo de mujeres inició esta práctica. En la Hora Santa se medita la Palabra, evocando el Jueves Santo o la adoración de la cruz del Viernes Santo. Así, este pueblo ha aprendido a permanecer en silencio, contemplando la entrega amorosa de Jesús.
- Los frutos de solidaridad. Suelo decir que el fin de semana del Señor del Mármol es como un retiro espiritual: comienza el sábado por la tarde con la misa y culmina el domingo de la fiesta grande, casi como una Resurrección, con los traslados procesionales del Cristo y la Virgen entre las dos eucaristías. Lo que se siembra esos días se recoge a lo largo del año de modo silencioso, como los frutos del campo: visible en la sencillez, la cercanía, la humildad y la preocupación por los demás. Es un impulso para la comunidad parroquial en el tiempo de Cuaresma, camino de la Pascua.

A mí, personalmente, me hace un bien inmenso compartir este modo de vivir la fe con el pueblo y la parroquia. Gracias a los cambileños y cambileñas, abiertos al Espíritu, que se dejan hacer por el Señor y por María, su Madre, en esta hermosa advocación, y en quienes germinan, como en tierra buena y cuidada, las primicias del Reino. Ojalá sepamos acoger esta tradición como un regalo vivo y actual que el Señor hace a este pueblo, con el que estamos llamados a bendecir a la Iglesia, a nuestros vecinos y a todo el que visite esta localidad en el corazón de Sierra Mágina.
Jesús Castro
Párroco de Cambil
The post El Señor del Mármol: tradición viva que renueva la fe de Cambil first appeared on Diócesis de Jaén.

