Adelantándonos al domingo XXVI del Tiempo Ordinario, celebramos en nuestro seminario, el jueves 24 de septiembre, la Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado. El día comenzó con la exposición del Santísimo Sacramento, donde se nos invitó a rezar y a poner delante del Señor las necesidades de todas las personas migrantes.
Ya por la tarde celebramos la Eucaristía junto al rezo de las Vísperas, acompañados por el equipo, con Sonia y Adolfo, y algunos residentes del Hogar Santa Clara de Jaén, Chloe, Sufian y Francis. Tuvimos la cena junto a ellos y, tras esto, compartimos un momento para conocer la realidad del Hogar Santa Clara y el testimonio de estos residentes, donde las estadísticas sobre migración dejaron paso a las historias de carne y hueso.
Sonia fue la encargada de introducirnos en la labor que realiza el Hogar, que no es un recurso no es solo un techo para personas sin hogar, sino un verdadero impulso vital. Es un espacio diseñado para que quienes llegan puedan salir adelante, vivir una vida autónoma, recuperar el amor propio y volver a vincularse de forma sana consigo mismos.
Tras esto siguieron los testimonios de Chloe, Francis y Sufian, tres historias totalmente diferentes que nos acercan a la realidad de las personas que han abandonado su lugar de origen: la huida provocada por la violencia del país de origen o la dureza de ver cómo una vida estable y un trabajo se pierden por una profunda depresión lejos de casa. Diferentes historias que han convergido bajo el mismo techo de Santa Clara, encontrando allí una verdadera casa y el impulso necesario para volver a empezar.
Es fundamental en nuestro camino configurativo el conocer estas realidades, y tener siempre presente que, detrás de todas estadísticas existen personas que tienen muchísimo que aportar a nuestra sociedad. Porque, al final, la verdadera acogida empieza cuando nos reconocemos en la humanidad del otro.
Comunidad del Seminario

