El presbiterio diocesano celebra la fiesta de San Juan de Ávila en Úbeda, en el marco del Año Jubilar de San Juan de la Cruz

Diócesis de Jaén
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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

Como cada año, en torno a la festividad de San Juan de Ávila, patrón del clero secular español y apóstol de Andalucía, el presbiterio diocesano se reunió para celebrar esta jornada de fraternidad sacerdotal y acción de gracias. En esta ocasión, y coincidiendo con el Año Jubilar de San Juan de la Cruz, la celebración se trasladó a la ciudad de Úbeda, lugar del tránsito del místico carmelita a la Casa del Padre.

La jornada comenzó con la peregrinación desde la parroquia de San Pablo hasta la iglesia de San Miguel, donde tuvo lugar la celebración de la Eucaristía, presidida por nuestro Obispo, Don Sebastián Chico Martínez, acompañado por los dos Obispos eméritos, D. Ramón del Hoyo López y D. Amadeo Rodríguez Magro, así como un centenar de sacerdotes llegados desde todos los puntos de la geografía diocesana.

Las lecturas fueron participadas por el seminarista Salvador Ruiz y el Evangelio fue proclamado por el diácono Jesús Marchal.

Homilía
Durante su predicación, el Obispo centró la mirada en la figura de San Juan de Ávila, patrono del clero español, recordando que el sacerdocio solo se comprende desde Cristo y desde una vida entregada al servicio del Evangelio. En el marco del Año Jubilar de San Juan de la Cruz, Don Sebastián unió la memoria de ambos santos para animar al presbiterio diocesano a vivir su vocación sacerdotal con esperanza y fidelidad.

Así, al inicio de la homilía, el Prelado jiennense tuvo palabras de gratitud hacia los sacerdotes que celebraban sus aniversarios sacerdotales: los 25 años de su propia ordenación presbiteral y los 60 años de ministerio de D. Antonio Aranda Calvo, D. Juan García Carrillo, D. Martín Santiago Fernández Hidalgo y de los religiosos franciscanos P. Heliodoro Arroyo Arroyo OFM y P. Fernando Colodro Campos OFM. Y añadió: “Gracias, queridos hermanos, por vuestra vida entregada. En vosotros reconocemos que el sacerdocio es gracia recibida, don confiado y fidelidad sostenida por Dios”.

Posteriormente, y profundizando en la identidad sacerdotal, Don Sebastián evocó la expresión de San Juan de Ávila, según la cual los sacerdotes son “relicarios de Dios”. Con ello quiso subrayar que el sacerdote no está llamado a buscar protagonismo personal, sino a ser humilde custodio de la presencia de Cristo en medio del pueblo. “Ser relicarios de Dios no significa sentirnos importantes, sino sabernos habitados. No es motivo de orgullo, sino de adoración y servicio. Un relicario no vale por sí mismo, sino por aquello que custodia”.

Asimismo, el Pastor diocesano recordó que el sacerdote no puede reducir su misión a la mera organización o gestión pastoral, ya que su primera tarea es permanecer unido al Señor. “Podemos llenar la agenda y tener vacío el corazón; hablar mucho de Dios y hablar poco con Dios; trabajar por la Iglesia y descuidar al Señor de la Iglesia”. En este sentido, insistió en la necesidad de pastores “con alma”, arraigados en la oración, la Eucaristía y la vida interior.

Del mismo modo, subrayó la configuración del sacerdote con Cristo Buen Pastor, recordando que es presencia sacramental del Señor para su pueblo. “Cuando celebramos la Eucaristía, Cristo se hace presente. Cuando absolvemos, Cristo perdona. Cuando ungimos al enfermo, Cristo consuela. Cuando predicamos, Cristo sigue hablando”. Y exhortó a la coherencia de vida: “No podemos anunciar misericordia y vivir con dureza; predicar comunión y sembrar división; hablar de esperanza y vivir instalados en la queja”.

El Obispo quiso, además, agradecer la entrega cotidiana de tantos sacerdotes que, desde la sencillez y muchas veces desde el silencio, continúan siendo presencia de Cristo en medio de las comunidades cristianas. “No somos sacerdotes solo en el templo. Somos sacerdotes en la calle, en la casa del enfermo, en la residencia de ancianos, en el hospital, en el despacho parroquial, en el duelo de una familia, en las preguntas de los jóvenes y en la soledad de tantos”.

Finalmente, invitó a todo el presbiterio a volver al centro de la vida sacerdotal, que es Cristo, y a renovar cada día la alegría de la vocación recibida. “El Señor nos dice: vuelve a encender el don recibido; a gustar la alegría de ser sacerdote; a cuidar tu intimidad conmigo; a querer a tu presbiterio; a mirar con amor a tu pueblo”.

Conferencia y homenaje
Tras la celebración Eucarística, y un breve descanso, los sacerdotes participaron en la conferencia “Fray Juan de la Cruz: un fraile muy humano”, impartida por D. Óscar I. Aparicio Ahedo OCD, profesor de la Facultad de Teología del Norte de España, sede de Burgos. La ponencia ayudó a profundizar en la dimensión más cercana y profundamente humana del santo carmelita, en el marco del Año Jubilar sanjuanista.

Posteriormente, tuvo lugar el homenaje a los sacerdotes que este año celebran sus aniversarios sacerdotales.

El primero en tomar la palabra fue D. Antonio Aranda, que, con 60 años de ministerio sacerdotal a sus espaldas, quiso dar gracias a Dios por sus años de sacerdocio. Así, expresó su gratitud por toda una vida entregada al Señor y a la Iglesia, recordando con cariño tantos años de ministerio y de servicio sacerdotal.

Por su parte, D. Juan García Carrillo explicó que su vida sacerdotal ha estado siempre vinculada al Seminario. Allí nació su vocación, más tarde ejerció como profesor y rector, y actualmente reside en la Casa Sacerdotal, ubicada en el mismo edificio, desde donde continúa impartiendo clases de latín en el curso de introductorio. Un testimonio marcado por su amor al Seminario y a la formación de los futuros sacerdotes.

Finalmente, el Obispo diocesano compartió un testimonio sobre su propia vocación en un momento especialmente significativo, al cumplirse el séptimo aniversario de su ordenación episcopal y aproximarse sus veinticinco años de sacerdocio. Recordó, además, el carácter tardío de su vocación, vivida como una llamada que maduró con el tiempo y que acabó por dar sentido pleno a su vida. En este contexto, Don Sebastián confesó que no concibe su existencia sin el sacerdocio, pues en él ha encontrado la plenitud y la alegría de su vida, teniendo siempre a Cristo Buen Pastor como centro de su existencia.

La jornada concluyó con un almuerzo fraterno en el restaurante La Cultural.

Galería fotográfica: “Celebración de San Juan de Ávila”

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