El Obispo presidió, el Viernes de Dolores, el último día del Triduo en honor al Santo Rostro

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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

Del 24 al 26 de marzo la Catedral de Jaén acogía el Solemne triduo en honor al Santo Rostro.

La primera jornada del triduo estuvo presidida por D. Pedro José Martínez Robles, Secretario del Cabildo Catedral. El jueves fue el turno del canónigo y Guardián del Santo Rostro, D. José López Chica.

Finalmente, el viernes 26 de marzo, concluía el triduo el Obispo de Jaén, Don Amadeo Rodríguez Magro.

Así, la celebración eucarística, que comenzaba a las 19 horas, estuvo concelebrada por el Vicario General y Deán de la Catedral, D. Francisco Juan Martínez Rojas, y otros miembros del Cabildo Catedral.

Homilía
Monseñor Rodríguez Magro comenzaba su homilía explicando que se estaba celebrando el tercer día del Santo Triduo “en honor a este don de Dios que tenemos en Jaén, el Santo Rostro plasmado en el paño de compasión de esa mujer que ha pasado a la historia de la iglesia y la devoción popular como la Verónica”. Y añadió: “Es un regalo del cielo y Jaén tiene que estar muy agradecido de este don. Y tenemos mucho que valorar, como uno de nuestros más emblemáticos monumentos, la S.I. Catedral, y, también, la vida de esta ciudad que nos hace, cada día, tener nuestro bienestar en la convivencia de los unos con los otros, así como otras muchas cosas bellas que tenemos. Pero no olvidemos que tenemos algo que es patrimonio espiritual de la ciudad y de la Diócesis de Jaén, el Santo Rostro de Cristo”

Asimismo, Don Amadeo quiso recordar, además, que ese último día de Triduo se estaba celebrando en un día muy singular, el Viernes de Dolores, “hoy la Iglesia en la devoción popular recordamos a María en sus dolores. Todos ellos recorren su experiencia espiritual, son la expresión del fiat de la Virgen, en el que se celebran sus dolores, pero, sobre todo, ese gran amor que fue poniendo a lo largo de toda su vida, en la tarea que le fue encomendada por Dios, que no fue otra que ser la madre amorosa de Jesucristo”

Finalmente, el Prelado culminó haciendo referencia a la figura de San José, padre amoroso de Cristo y de la Iglesia.  “Santo Rostro de Cristo, un rostro que nos mira, unos ojos que nos contemplan con el amor del Padre. Y unos ojos que nos contemplan, también, con el amor de María. Pero unos ojos que se formaron, además, con la mirada paternal y amorosa de nuestro bendito San José, al que este año estamos honrando de una manera tan especial, como padre amoroso de la Iglesia”.

Tras la Eucaristía y el ejercicio del triduo, como es tradicional, se realizó el piadoso ejercicio del Vía Crucis con el Santo Rostro. En esta ocasión, a causa de la pandemia de la COVID-19, se celebró con los fieles sentados y cumpliendo las normas de distancia social.

Galería fotográfica: «Triduo en honor al Santo Rostro»

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