El Obispo de Jaén invita a descubrir la santidad en los gestos cotidianos y a vivirla como una vocación de todos

Diócesis de Jaén
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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

La santidad es la verdadera vocación de todo cristiano. Estamos creados para el cielo, llamados a vivir para siempre junto a Dios. Ese es el destino hacia el que camina cada hombre y cada mujer, una meta que se construye cada día con gestos de amor, entrega y fraternidad.

Esta es la invitación que cada año nos hace la solemnidad de Todos los Santos, una celebración en la que la Iglesia vuelve su mirada hacia esa multitud de hombres y mujeres que ya gozan de la presencia de Dios. Santos conocidos, cuyos nombres figuran en el calendario litúrgico, y tantos otros anónimos que hicieron de su vida un testimonio del Evangelio. Padres, abuelos, sacerdotes, matrimonios y personas que, sin tener protagonismo público, supieron convertir lo cotidiano en un camino de amor cuyo destino fue el cielo.

Con esta mirada de alegría, gratitud y esperanza, el Obispo de Jaén, Monseñor Sebastián Chico Martínez, presidió en la Santa Iglesia Catedral la celebración de la Eucaristía con motivo de esta solemnidad, en la que invitó a los fieles a redescubrir la llamada universal a la santidad y a reconocerla como una vocación posible y cercana para todos.

Junto al Prelado jiennense, el Delegado de Liturgia, D. Antonio Lara Polaina concelebró la celebración eucarística. El coro que dirige el canónigo y organista, D. Alfonso Medina solemnizó con sus voces la Santa Misa.

Homilía

Durante su homilía, el Prelado recordó que la santidad no está reservada a personas excepcionales ni consiste necesariamente en realizar grandes obras, sino en vivir con fidelidad y amor las circunstancias de cada día. Así, afirmó que «la santidad no consiste en hacer cosas extraordinarias, sino en vivir con un amor extraordinario las cosas ordinarias». Una llamada que alcanza a todos, independientemente de su vocación o situación personal.

El Obispo de Jaén quiso poner el acento en que el camino hacia la santidad comienza en el amor de Dios, que nos reconoce como hijos suyos y nos sostiene con su gracia. «Antes de pedirnos que seamos santos, Dios nos recuerda quiénes somos: sus hijos amados», señaló, invitando a no tener miedo a esta vocación, a confiar en el Señor y a seguir caminando incluso después de las caídas.

A partir de las bienaventuranzas, Monseñor Chico presentó el estilo de vida que propone Jesús, muy distinto de los modelos de felicidad basados en el éxito, las apariencias o el bienestar individual. Frente a ello, recordó que «la verdadera felicidad nace de un corazón humilde, misericordioso y abierto a Dios y a los demás».

Una propuesta que, además de transformar la vida personal, tiene consecuencias directas en la sociedad. En este sentido, el obispo subrayó la necesidad de cristianos capaces de hacer frente a la indiferencia, los enfrentamientos y la soledad desde el compromiso con los demás. «Necesitamos cristianos que construyan puentes, sepan perdonar, defiendan la dignidad de cada persona y trabajen por la justicia y la paz», afirmó. Un compromiso que, añadió, comienza en los espacios más cercanos: la familia, el trabajo y las relaciones cotidianas.

La celebración fue también ocasión para recordar a quienes han dado testimonio de su fe en la historia de la Iglesia de Jaén. De manera especial, el obispo evocó a los 124 mártires del siglo XX beatificados el pasado mes de diciembre, que permanecieron fieles a Cristo hasta entregar su vida. Su testimonio, destacó, recuerda que «la santidad ha florecido también entre nosotros, en nuestros pueblos y comunidades».

En vísperas de la conmemoración de los Fieles Difuntos, Don Sebastián invitó igualmente a contemplar la existencia desde la perspectiva de la eternidad. La fiesta de Todos los Santos, explicó, permite mirar más allá de las preocupaciones inmediatas y recordar que la vida cristiana está llamada a culminar en la comunión definitiva con Dios. Una esperanza que no aleja de la realidad, sino que impulsa a vivir con mayor entrega y compromiso hacia los demás.

Por último, el Prelado insistió en que esta solemnidad no debe quedarse únicamente en el recuerdo y la admiración de quienes nos han precedido, sino convertirse en una invitación personal para cada bautizado: «Tú también estás llamado a ser santo». En el actual curso pastoral, en el que la Diócesis quiere fortalecer su misión y presencia pública, recordó que el mejor testimonio que los cristianos pueden ofrecer es una vida coherente con el Evangelio, capaz de transmitir luz, esperanza y consuelo.

La homilía concluyó con una referencia a la Virgen de la Cabeza, en este Año Jubilar que vive la Diócesis con motivo del VIII Centenario de su Aparición. María, modelo de humildad, confianza y entrega a Dios, fue presentada por el obispo como la mejor referencia para recorrer este camino de santidad y seguir a Jesucristo.

Con la bendición final concluyó la celebración.

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