Apertura y primera ponencia de las XXXIII Jornadas de Santo Tomás en el seminario: «La Acción Social y Caritativa de la Iglesia en España»

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La diócesis de Jaén es una iglesia particular española sufragánea de la archidiócesis de Granada. Sus sedes son la Catedral de la Asunción de Jaén y Catedral de la Natividad de Nuestra Señora de Baeza.

Este lunes, 22 de febrero, comenzaron las Jornadas de Santo Tomás en el Seminario Diocesano de Jaén. Este año, debido a las circunstancias de la pandemia de COVID-19, por primera vez se harán exclusivamente de forma online.

La primera conferencia versó sobre la acción social y caritativa de la Iglesia en España, presentada por Monseñor Atilano Rodríguez Martínez, Obispo de Sigüenza-Guadalajara y presidente de la Comisión de Pastoral Social de la Conferencia Episcopal Española.

Tras una breve introducción por parte de D. Juan Francisco Ortiz González, Rector del Seminario Diocesano, nuestro Obispo Don Amadeo abrió las jornadas recalcando la excepcionalidad de la situación provocada por la pandemia y encuadrándolas en el Plan Pastoral Diocesano de Pastoral de este año, dedicado a caridad. D. Amadeo hizo un especial hincapié en la necesidad de fomentar de un modo activo la caridad, que es la gran virtud, y a la vez expresión de nuestra fe y de nuestra esperanza. Termino animando a todos a participar en cada una de las ponencias.

Después de las palabras de nuestro Obispo, y la presentación del ponente a cargo del Vicario General, D. Francisco Juan Martínez Rojas, D. Atilano felicitó a la iglesia de Jaén por el Plan Pastoral Diocesano, y nos presentó su ponencia, tomando como referencia el Informe que la Comisión Episcopal de Pastoral Social y Promoción Humana, presentó el pasado 17 de noviembre a la Asamblea Plenaria de la Conferencia Episcopal Española, sobre la situación social actual como consecuencia de la pandemia que estamos viviendo.

Ofreció, en primer lugar un análisis de las consecuencias que la pandemia está provocando en los sectores más frágiles de nuestra sociedad, incidiendo en tres graves síntomas: la limitación de derechos, el incremento de la desigualdad en la sociedad y la desvinculación de la moral. La desigualdad, que ya era importante antes de la pandemia, se está viendo agravada, sobre todo, por el desempleo y la reducción de ingresos, que afecta a muchos, pero de forma especial a los que ya carecían de ellos o estaban en la economía informal. En un país como el nuestro, donde el sector turístico es tan importante, la crisis está provocando una caída en cadena de empresas dependientes del turismo, con las consiguientes consecuencias en el desempleo, en la vivienda, la salud física y emocional, el debilitamiento de las redes de apoyo después de la primera ola y la brecha digital que aleja aún más a los más perjudicados. Nos recordó los grupos más afectados por esta situación: los refugiados y migrantes, las personas sin hogar o con viviendas inseguras, las víctimas de la trata, los presos, los profesionales de la marina mercante y de pesca, los transportistas, los feriantes y circenses, y los gitanos.

En segundo lugar, presentó la respuesta que la Iglesia está ofreciendo a estas situaciones: atención y ayuda material de primera necesidad; acompañamiento integral, muchas veces gracias a las redes sociales, a los más necesitados con formación y ayuda al empleo, y también apoyo afectivo y espiritual. Don Atilano reconoció un importante aumento de donativos y sobre todo de voluntarios de muy diverso origen social y religioso, recordó la necesidad del trabajo en red, coordinando los distintos organismos eclesiales que atienden las distintas situaciones de necesidad y señaló las iniciativas que se han llevado a cabo con los sectores más afectados señalados anteriormente.

Por último, ante la incertidumbre que se avecina, y el posible agravamiento de las dificultades, el ponente hizo un llamamiento, primero a redescubrir la caridad y promoverla en la comunidad cristiana, que atañe no sólo al grupo de Cáritas, sino a todos y a cada uno de los cristianos; segundo a resituar la caridad en su íntima relación con la Evangelización y con la Celebración y tercero a no olvidar las nuevas pobrezas: migraciones, no nacidos, migrantes, trata y cuidado de la naturaleza que requieren también más voluntarios para atenderlas.

Terminó, Don Atilano, invitándonos, por un lado a poner un esfuerzo especial en la formación del corazón para poner a los pobres, los miembros de Cáritas y los voluntarios en contacto con el Señor, de quien nace el amor, y por otro a aunar esfuerzos entre todas las delegaciones y organismos diocesanos que atienden las diferentes situaciones de necesidad.

Comunidad del Seminario diocesano de Jaén

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