La Casa de la Iglesia de Jaén acogió ayer la presentación del XVII Informe de Libertad Religiosa en el Mundo 2025, de la fundación pontificia Ayuda a la Iglesia Necesitada (ACN), en colaboración con la Diócesis de Jaén. El encuentro, bajo el lema «Libertad religiosa: tu derecho, no un privilegio», fue presentado por el comunicador Luis Moreno y permitió conocer los principales datos del informe y escuchar de primera mano la situación de quienes sufren persecución o discriminación por causa de su fe.
El Obispo de Jaén, Don Sebastián Chico Martínez, abrió el encuentro recordando que la libertad religiosa está vinculada a la dignidad de toda persona y que no puede entenderse como un privilegio. El informe analiza la situación de este derecho fundamental en 196 países y para todos los credos, y refleja que cerca de dos tercios de la población mundial, más de 5.400 millones de personas, viven en países donde la libertad religiosa no está plenamente garantizada.
El Obispo quiso poner el foco en las personas que hay detrás de esas cifras. “Detrás de cada porcentaje hay un rostro, una historia, una vida”, afirmó. Recordó que la libertad religiosa afecta a la vida cotidiana y comprende tanto la posibilidad de profesar una fe como la de vivirla y expresarla públicamente.
Principales datos del informe
José Fernández Crespo, Director de Promoción de ACN España, presentó los principales datos del informe. En 62 países se registran graves vulneraciones de la libertad religiosa: en 24 existe persecución y en 38 discriminación. Además, la situación ha empeorado en 46 de los 196 países analizados. Los datos corresponden al periodo comprendido entre enero de 2023 y diciembre de 2024.
Asimismo, Fernández Crespo explicó que la libertad religiosa va mucho más allá de poder acudir a un templo. “La libertad religiosa es un derecho raíz, es un derecho del que emanan otros derechos”, señaló. Entre ellos citó la libertad de conciencia, de pensamiento, de reunión o de manifestación.
También, quiso recordar que este derecho incluye “la libertad de creer o no creer, de mantener o no mantener, o de cambiar esta fe, esta religiosidad. Y siempre de una forma libre, sin que nadie coaccione”. Una libertad que puede ejercerse “individual o colectivamente, y en privado o en público”.
Precisamente, la posibilidad de expresar públicamente las propias creencias está limitada en distintos países. Fernández Crespo puso varios ejemplos de lugares donde se puede mantener una determinada fe, pero existen restricciones para manifestarla públicamente. Igualmente, destacó algunos de los principales focos de persecución que aparecen en el mapa del informe, especialmente en África y Asia.
El estudio identifica, además, el autoritarismo como uno de los principales motores de la represión religiosa. En países como China, Irán, Eritrea o Nicaragua, los gobiernos imponen distintos mecanismos de control sobre las comunidades religiosas, limitan su libertad y castigan la disidencia espiritual.
Testimonio de la persecución en Nigeria
El testimonio del P. Kenneth Iloabuchi, sacerdote nigeriano, puso rostro a estos datos. Explicó que en el norte de Nigeria muchas comunidades cristianas han desaparecido y que la convivencia que antes existía entre cristianos y musulmanes se ha vuelto prácticamente imposible en algunas zonas. “Los cristianos de Nigeria lo saben perfectamente, porque hay gente que va a la iglesia sabiendo que puede entrar en una parroquia para celebrar la Eucaristía, pero que es posible que no salga viva. Y, aun así, van”, relató.
El P. Kenneth compartió, también, una experiencia vivida durante una visita pastoral. Mientras celebraba la Eucaristía en una zona especialmente peligrosa, la catequista le avisó de que habían recibido información sobre un posible ataque de fundamentalistas. Ante el riesgo, llegó a plantearse terminar la celebración para que los asistentes pudieran marcharse y ponerse a salvo. Sin embargo, decidieron continuar. Cuando los atacantes entraron por otra zona, asesinaron a 13 personas. “Al día siguiente estuvimos en el entierro en esa parroquia para enterrar a 13 miembros de esa comunidad”, recordó.
Para el sacerdote, la situación en Nigeria no ha mejorado. La persecución religiosa, afirmó, “sigue y ha empeorado”. Además, quiso hacer una llamada de atención sobre lo que sucede en otros países africanos y sobre los intereses que rodean estos conflictos, entre ellos la circulación de armas y la acción de grupos terroristas.
Ayuda a la Iglesia Necesitada en Jaén
Juan Carlos Escobedo, Delegado de ACN en la Diócesis de Jaén, habló de la responsabilidad de quienes viven en contextos donde la libertad religiosa sí está garantizada. “Tenemos que seguir interpelando”, afirmó.
Para Escobedo, el primer paso es conocer una realidad que muchas veces queda lejos de la atención pública. “La ayuda viene cuando se conoce la realidad”, señaló. Por eso, explicó, una de las tareas de ACN es informar y hacer visible lo que sucede para que ese conocimiento pueda traducirse en ayuda. La primera respuesta, señaló, es la oración, pero, también, es necesario acompañar y ayudar a las comunidades que sufren persecución.
Durante la presentación se dio a conocer asimismo el manifiesto internacional impulsado por ACN, una iniciativa de recogida de firmas promovida por primera vez de forma conjunta por sus 24 oficinas en todo el mundo. El manifiesto persigue tres objetivos: condenar la persecución religiosa, reclamar la protección de las comunidades religiosas en riesgo para evitar que se vean obligadas a abandonar sus lugares de origen y pedir ayuda para las personas y grupos que sufren persecución.
El manifiesto será presentado ante Naciones Unidas y la Unión Europea. Durante el acto se invitó a los asistentes a sumarse con su firma a esta iniciativa, que busca hacer visible la situación de quienes ven vulnerado su derecho a vivir y expresar libremente su fe. Este manifiesto puede firmarse a través de la web de Ayuda a la Iglesia Necesitada.
Una llamada a no acostumbrarse
Por último, Don Sebastián Chico Martínez volvió a tomar la palabra para recordar que la libertad religiosa “no es un privilegio de la Iglesia, sino un derecho de toda persona”.
A partir de los datos y testimonios compartidos durante el encuentro, el Obispo animó a no acostumbrarse a las cifras ni a considerar la persecución religiosa como una realidad lejana. La defensa de este derecho exige conocer lo que ocurre, acompañar a quienes sufren y no permanecer indiferentes.
El encuentro concluyó con una oración por los cristianos perseguidos y por todas las personas que sufren a causa de su fe.

