Un año de la elección de D. Santiago como Obispo de Huelva

Era mediodía del 15 de junio de 2020. El hasta entonces obispo de Huelva, Mons. José Vilaplana Blasco, hacía público ante los medios de comunicación la noticia del nombramiento del nuevo obispo de Huelva, Mons. Santiago Gómez Sierra, quien hasta entonces había sido auxiliar de la Archidiócesis de Sevilla. D. José Vilaplana pasaba a ser administrador apostólico de la diócesis hasta el 25 de julio, día en la que D. Santiago tomara posesión de la diócesis.

Ha pasado un año desde aquel momento que, desde que D. José Vilaplana cumpliera los 75 años, la diócesis esperaba que ocurriera de un momento a otro. Atrás quedaban 13 años de pontificado y se iniciaba una nueva etapa en la Iglesia de Huelva. En sus palabras de anuncio, D. José se mostraba contento por esta elección e invitaba a dar gracias a Dios este nuevo pastor, «un hombre de fe, humilde y cercano, bien preparado y muy trabajador. Acogedlo como al que viene en nombre del Señor, con la simpatía y cariño que os caracteriza». Culminaba su mensaje pidiendo a quienes habíamos sido sus diocesanos que pusiéramos  la mirada»en Cristo el único Buen Pastor, que siempre permanece junto a nosotros. Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre. Él nos va guiando a través de los humildes servidores que Él elige como pastores de su pueblo».

Por su parte, a la misma hora, la diócesis hermana de Sevilla, también en rueda de prensa presidida por el entonces arzobispo de Sevilla, Juan José Asenjo, daba a conocer la noticia a los diocesanos hispalenses y D. Santiago Gómez enviaba un mensaje a su nueva diócesis: «Juntos continuaremos respondiendo con fidelidad al envío misionero del Señor Jesús: Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación (Mc 16, 15); y seguiremos avanzando en el camino de la conversión pastoral y misionera, como nos pide el Papa Francisco».

Tras un año de aquella elección y un tiempo de encuentros y diálogos para conocer en profundidad la realidad de nuestra diócesis, sus carencias y desafíos, nuestro Obispo ha comenzado a poner en marcha un cambio en la estructura diocesana y un tiempo de discernimiento encaminado a un nuevo plan diocesano pastoral y de evangelización en el que, como él mismo decía en sus primeras palabras: «No voy a vosotros con un programa particular. Más bien tengo en mi mente las palabras de San Juan Pablo II al comienzo del nuevo milenio: “El programa ya existe. Es el de siempre (…) Se centra en Cristo mismo, al que hay que conocer, amar e imitar, para vivir en él la vida trinitaria y transformar con él la historia hasta su perfeccionamiento en la Jerusalén celeste” (NMI, 29). Entre todos seguiremos buscando el camino más conveniente para anunciar con obras y palabras nuestra fe en Jesucristo».

 

 

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