«Serán los dos una sola carne», comentario al Evangelio del XXVII Domingo del Tiempo Ordinario − B

Foto: Cristo y la mujer sorprendida en adulterio. Giovanni Francesco Barbieri, Il Guercino (1621). Dulwich Picture Gallery, Londres (Inglaterra).

La liturgia de la palabra de este domingo nos da pie para reflexionar sobre el sacramento del Matrimonio a raíz de una discusión provocada por los fariseos con Jesús.

Tal y como destaca el texto evangélico , en la ley de Moisés, estaba previsto y consentido el divorcio ( Dt 24, 1-4). Pero la situación era injusta, porque sólo el esposo tenía la iniciativa y los derechos. La mujer era un sujeto pasivo en todo este entramado . además algunos interpretaban el texto del Dt en un sentido tan amplio que bastaba cualquier excusa para repudiar a la esposa. Esta actitud se entiende fácilmente en una cultura la judía en aquel momento, basada en el patriarcado, por tanto la mujer era utilizando nuestro argot popular “un cero a la izquierda”, dedicada exclusivamente a satisfacer sexualmente al hombre, traer hijos al mundo y a ser la criada del hogar: para que se hagan una idea del machismo reinante en aquel momento, sirva la expresión utilizada en la oración matinal de muchos judíos varones : “ Te doy gracias oh Yahvé, porque no me creaste Bestia, ni mujer”, fíjense la mujer era comparada en dignidad a las bestias, mulos , burros…

Había dos opiniones enfrentadas acerca de los casos en que era lícito el divorcio, representadas por las escuelas de dos prestigiosos rabinos: Shamay y Hilel. El primero, más rigorista, tan sólo lo consideraba lícito en el caso de adulterio de la esposa; el segundo, más laxo –cuyo punto de vista era dominante y aplicado en la práctica–, entendía que podía constituir pretexto de divorcio todo aquello que, en la mujer, pudiera provocar el desagrado del marido, por tanto, cualquier motivo, por insignificante que fuera, podía ser motivo de repudio.

Ante la pregunta capciosa y con trampa de los fariseos, Jesús, no responde con una respuesta políticamente correcta, aunque eso supusiera ir en contra de Moisés, al que todos los judíos, reconocían con autoridad divina. La respuesta de Jesús, no contradice en realidad a Moisés, y achaca el divorcio a la dureza del corazón humano. Por eso y en defensa del matrimonio, Jesús se remonta al comienzo, al deseo primigenio de Dios, con respecto al hombre y a la mujer, a los que Dios crea, en igualdad de derechos y sobre todo de dignidad, y pone el amor, como el centro de todo , cuando este falla, todo se viene abajo.

La respuesta de Jesús a los fariseos es por tanto una denuncia sobre todo profética, ante el tema del divorcio, volviendo al plan original de Dios en el momento de la creación: (Gn 2,18-24). A pesar del ropaje literario del relato de la creación del hombre y la mujer, se afirman verdades de profundo calado y fundamentales sobre el hombre y la mujer, en primer lugar que estos, son personas en relación , que no existen aisladas en sí mismas. Sin la mujer, el hombre se encontraba solo, perdido entre el resto de los animales de la creación.

Pidamos en la eucaristía de este domingo, por todos los matrimonios rotos, o a punto de romperse, porque no han hecho del amor el centro de su existencia común, y por todos aquellos, que intentan vivir en fidelidad constante a pesar de las dificultes.

Juan Manuel Pérez Núñez,
párroco moderador de Ayamonte y Delegado para la Catequesis y la Evangelización.

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