Santísimo Cristo de las Ánimas

Santísimo Cristo de las Ánimas

La Parroquia de San Antonio Abad de Trigueros atesora una nómina importante de obras de arte que dan testimonio del rico legado cultural que nos legaron las generaciones pasadas. Diferentes acontecimientos históricos hicieron que este templo fuera recibiendo cuadros, ornamentos, vasos sagrados e imágenes de aquellas capillas arruinadas, convento o del que fuera colegio de Santa Catalina de los jesuitas, de dicha localidad.

Y a ese fantástico complejo edilicio de la Compañía de Jesús nos tenemos que remitir para ubicar la imagen que nos atañe, el Cristo de las Ánimas. Un Crucificado que da testimonio de la escultura renacentista en la Baja Andalucía y que conserva en su ejecución el aire flamenco tan de moda a mediados del siglo XVI.

A los pies de la nave de la Epístola del templo triguereño, a la derecha del arco de acceso a la antigua capilla de San José, hoy dedicada a Nuestra Señora de Fátima, vemos esta imagen de Nuestro Señor cuando ya ha expirado. Atiende en la actualidad, como decíamos antes, al nombre de Cristo de las Ánimas, pero en siglos anteriores fue conocido como Cristo de los Desamparados.

Se trata de una talla de bulto redondo en madera de pino Flandes que mide 136 centímetros de altura. Podemos fecharla hacia la década de los 60 del siglo XVI por sus rasgos estilísticos. Presenta un arqueamiento desde la cabeza a los pies que aporta dramatismo al momento representado. El alargamiento de sus facciones incorpora solemnidad a la escena e invita a la contemplación de la muerte de Nuestro Señor, en la que destaca una serenidad post mortem.

Podemos decir que es una obra del círculo de Roque Balduque y atribuirla, con toda humildad y circunstancia, a Juan Giralte. Se trata de un escultor y retablista asentado en Sevilla de 1561 a 1574. De la escuela del primero, gozó de una posición acomodada y estaba emparentado con Juan de Zamora o Juan Bautista Vázquez «el Viejo». Se conservan diferentes obras suyas por distintos templos del antiguo arzobispado de Sevilla, de las que destacaremos el retablo que hizo para el convento del Carmen de Aracena, hoy en el Museo de Bellas Artes de Sevilla, un Cristo atado a la columna para el convento de la Trinidad de Sevilla, o el Crucificado del retablo mayor de la Parroquia de San Vicente de Sevilla, muy próximo al de Trigueros.

Este Cristo presidió la primera Capilla que se construyó en el colegio jesuítico de Trigueros en 1563. Después de la canonización de San Ignacio de Loyola y San Francisco Javier, en 1622, fue trasladado a una capilla propia en el gran templo dedicado a Santa Catalina del mismo colegio, en el lado del Evangelio. Allí estuvo hasta el terremoto de Lisboa de 1755 que arruinó el edificio. Después de tan funesto acontecimiento, fue colocado en el claustro del colegio mientras se llevaban a cabo las reformas que el edificio necesitaba. Tras la expulsión de los jesuitas el Cabildo Municipal se encargó de mantener la labor docente en dicho colegio y esta imagen permaneció allí hasta la década de los cuarenta del siglo XIX que es trasladado a la Iglesia Parroquial de San Antonio Abad para presidir la sacristía. En ese lugar, sobre la cajonera, estuvo sin experimentar intervención hasta 1965 que fue restaurado por Rivera García y modificó el aspecto del Crucificado. Retalló el cabello eliminando una tosca corona de espinas, rehízo los pies y los dedos de las manos, añadió una moña en el lado izquierdo del sudario y sustituyó la cruz original plana con decoración de filetes dorados y el anagrama de la Compañía de Jesús, por una de carácter arbóreo.

En la sacristía de la Parroquia estaría hasta que el edificio es intervenido tras el terremoto de 1969. A mediado de la década de los 70 es reubicado en una capilla que antes ocupara otro crucificado de la Parroquia, el Señor de los Remedios, donde permaneció hasta 1990 que es trasladado a su ubicación actual. Durante varias décadas procesionó en la tarde del Viernes Santo en la Cofradía del Santo Entierro de esta localidad hasta que fue sustituido por otro crucificado de nueva hechura que recibe el nombre del Señor del Carmelo. En el año 2018 fue restaurado por Diego Ramírez Vázquez que consolidó la imagen ya que estaba muy atacada por xilófagos, dañada por la humedad y con pérdidas de policromía.

Con una antigüedad de 450 años, aproximadamente, esta imagen da testimonio del buen gusto del manierismo renacentista del antiguo Reino de Sevilla y sigue recibiendo culto en la Parroquia de San Antonio Abad de Trigueros.

Manuel Pulido Rodríguez

Licenciado en Historia del Arte
Máster en Patrimonio histórico y cultural,
y profesor en el CEC Virgen de Belén de Huelva


Bibliografía.

CARRACO TERRIZA, Manuel et GONZÁLEZ GÓMEZ, Juan Miguel. “Catálogo Monumental de la Provincia de Huelva”. Volumen II, Universidad de Huelva, Huelva, 2017,

SANTOS MÁRQUEZ, Antonio Joaquín. “Un retablo del entallador Juan Giralte y el pintor Juan de Zamora”, Archivo Hispalense, nº 20-2007, Laboratorio de Arte. Universidad de Sevilla, Sevilla. 2007.

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