El presbiterio onubense celebra a Jesucristo Sacerdote

Este jueves, 4 de junio, se ha celebrado, como es ya costumbre en nuestra Diócesis, la Festividad de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote en el Convento de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote, celebración que ha sido presidida por el Obispo, D. José Vilaplana Blasco, y concelebrada por el Obispo emérito, D. Ignacio Noguer Carmona, junto con buena parte del presbiterio diocesano, y embellecida por el canto gregoriano de las hermanas.

La liturgia de este día invita a adentrarnos en el corazón sacerdotal de Cristo, de pastor y salvador, que se deshace por su rebaño, al que no abandonará nunca. Un corazón que manifiesta “ansia” por los suyos, por nosotros: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer» (Lc 22,15).

Según las palabras que Monseñor Vilaplana dedicó a los sacerdotes y fieles congregados en la pequeña capilla de las Hermanas Oblatas, a los pies de La Cinta, en Jesucristo se unen la humanidad y divinidad en la única mediación de su sacerdocio. El Obispo, que quiso predicar su homilía sosteniendo el báculo del que fuera obispo de Huelva, Mons. José María Lahiguera, fundador de las Hermanas Oblatas de Cristo Sacerdote y con el que nuestro obispo se siente especialmente vinculado, presentó los objetivos del próximo Año Jubilar, que abrirá, S.S. Benedicto XVI, el próximo 19 de junio, festividad del Sagrado Corazón de Jesús.

En primer lugar, Mons. Vilaplana habló del carácter misionero del ministerio sacerdotal, por el cuál “el sacerdote no es ministro para sí, sino para el servicio y santificación del pueblo”. A continuación, el Obispo resaltó la comunión del sacerdote en la fraternidad de su apostolado que comparte con religiosos y laicos. Y finalmente, el prelado exhortó a rescatar para la Iglesia y nuestra sociedad el auténtico valor e identidad del sacerdote, que hace posible el Don de la Eucaristía, animándolos a permanecer en el ministerio, especialmente en medio de la prueba.

La celebración quiso ser, también, un acto de acción de gracias del clero onubense a las Hermanas Oblatas, por su oración de la que, sin duda y tal como dijo nuestro obispo, los sacerdotes reciben fuerza y ánimos para seguir entregando sus vidas gozosamente.

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