El ayuno y la abstinencia, una práctica para renovar la fe, la esperanza y la caridad.

El ayuno y la abstinencia, como recuerda el Papa Francisco en su mensaje para esta cuaresma, es junto a la oración y la limosna (cf. Mt 6,1-18), «condición y  expresión de nuestra conversión». Estas prácticas cuaresmales «nos permiten encarnar una fe sincera, una esperanza viva y una caridad operante».

Sin embargo, de estas prácticas que la Iglesia invita a realizar de un modo especial durante el tiempo de Cuaresma, son el ayuno y la abstinencia las más olvidadas por el pueblo católico, siendo el Miércoles de Ceniza y el Viernes Santo días obligatorios para su práctica. Además, los viernes durante la Cuaresma son días obligatorios de abstinencia.

Esta renuncia tiene un sentido y hay que entenderlo para vivirlo correctamente. Lo importante de estos actos es entender que se realizan como penitencia, estímulo a la conversión y un medio para acercarse adecuadamente a la celebración del momento central del año litúrgico, la conmemoración del Misterio Pascual: la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo. Es por esto que recordamos las normas que la Conferencia Episcopal Española, por decreto del 21 de noviembre de 1986, estableció relativas a las prácticas penitenciales.

NORMAS SOBRE EL AYUNO Y LA ABSTINENCIA

A tenor del canon 1250, son días penitenciales todos los viernes del año (a no ser que coincidan con una solemnidad) y todo el tiempo de Cuaresma. De acuerdo con esto:

  1. Durante la Cuaresma, en la que el pueblo cristiano se prepara para celebrar la Pascua y renovar su propia participación en este misterio, se recomienda vivamente a todos los fieles cultivar el espíritu penitencial, no sólo interna e individualmente, sino también externa y socialmente, que puede expresarse en la mayor austeridad de vida, en las diversas prácticas que luego se indican a propósito de los viernes del año, en iniciativas de caridad y ayuda a los más necesitados, emprendidas como comunidad cristiana a través de las parroquias, de Cáritas o de otras instituciones similares.
  2. El Miércoles de Ceniza, comienzo de la Cuaresma, y el Viernes Santo, memoria de la Pasión y Muerte de nuestro Señor Jesucristo, son días de ayuno y abstinencia. Los otros viernes de Cuaresma son también días de abstinencia, que consiste en no tomar carne, según antigua práctica del pueblo cristiano. Es además aconsejable y merecedor de alabanza que, para manifestar el espíritu de penitencia propio de la Cuaresma, se priven los fieles de gastos superfluos tales como manjares o bebidas costosos, espectáculos y diversiones.
  3. En los restantes viernes del año, la abstinencia puede ser sustituída, según la libre voluntad de los fieles, por cualquiera de las siguientes prácticas recomendadas por la Iglesia: lectura de la Sagrada Escritura, limosna (en la cuantía que cada uno estime en conciencia), otras obras de caridad (visita de enfermos o atribulados), obras de piedad (participación en la santa misa, rezo de rosario, etc.) y mortificaciones corporales.

La ley de la abstinencia obliga a los que han cumplido 14 años. La ley del ayuno a todos los mayores de edad hasta que hayan cumplido los 59 años.

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