Con corazón de padre: un Año Extraordinario de la Familia bajo la mirada de San José

El 8 de diciembre de 1870, Pío IX otorgó a san José el título de patrono de la Iglesia Universal. Es por ello que el Papa Francisco en este 150 aniversario, a través de la Carta apostólica «Patris corde», ha querido reivindicar su figura como padre de Jesús de Nazaret y esposo de la Virgen María. De esta manera, se declara el Año de san José del 8 de diciembre de 2020 al 8 de diciembre de 2021. «Un padre amado, un padre en la ternura, en la obediencia y en la acogida».

Pero hay más todavía y es que precisamente también se ha escogido este día, el día de san José, como fecha de inicio del «Año especial dedicado a la Familia Amoris Laetitia», para conmemorar los cinco años de la Exhortación apostólica postsinodal que el Santo Padre firmó el 19 de marzo de 2016. Aniversarios e iniciativas que concurren para subrayar, en palabras del Papa, la urgencia de imitar a la Sagrada Familia, pues estamos llamados a «redescubrir el valor educativo del núcleo familiar».

Los evangelistas Mateo y Lucas, nos ofrecen algunos destellos de la gran misión que le fue encomendada a san José. Sabemos que fue un humilde carpintero (cf. Mt 13,55), desposado con María (cf. Mt 1,18; Lc 1,27); un «hombre justo» (Mt 1,19), siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios. Después de un largo y duro viaje de Nazaret a Belén, vio nacer al Mesías en un pesebre, porque en otro sitio «no había lugar para ellos» (Lc 2,7). Fue testigo de la adoración de los pastores (cf. Lc 2,8-20) y de los Magos (cf. Mt 2,1-12), que representaban respectivamente al pueblo de Israel y a los pueblos paganos. Tuvo la valentía de asumir la paternidad legal de Jesús, a quien dio el nombre que le reveló el ángel (Mt 1,21). En el templo, cuarenta días después del nacimiento, José, junto a la madre, presentó el Niño al Señor y escuchó sorprendido la profecía que Simeón pronunció sobre Jesús y María (cf. Lc 2,22-35). Para proteger a Jesús de Herodes, permaneció en Egipto como extranjero (cf. Mt 2,13-18). De regreso a su tierra, vivió de manera oculta en el pequeño y desconocido pueblo de Nazaret, en Galilea.

En clave de actualidad, utilizando el mismo lenguaje del Papa Francisco, podríamos afirmar que san José fue un padre y esposo en salida, un auténtico misionero. Creo que es una afirmación que describe a la perfección ese talante: esposo en salida y auténtico misionero.

Como descendiente de David (cf. Mt 1,16.20), de cuya raíz debía brotar Jesús según la promesa hecha por el profeta Natán (cf. 2 Sam 7), y como esposo de María de Nazaret, san José es la pieza que une el Antiguo y el Nuevo Testamento.

En los últimos tiempos, la Iglesia le ha otorgado numerosos y brillantes calificativos: «Patrono de la Iglesia Católica» (Beato Pio IX); «Patrono de los trabajadores» (Venerable Pio XII); «Custodio del Redentor» (san Juan Pablo II); «Patrono de la buena muerte» (que es como lo invoca el pueblo cristiano).

Padre amado, padre en la ternura, padre en la obediencia y en la valentía activa, padre trabajador, padre en la sombra… Así, de esta manera, con estas entrañables y conmovedoras palabras el Papa Francisco presenta a san José: su personalidad, sus virtudes, su importante papel en la historia de la salvación…

Padre amado, porque siempre ha sido amado por el pueblo cristiano.
Tierno, porque, en José, Jesús experimentó la ternura de Dios.
Obediente, porque en todas y cada una de las circunstancias de su vida, supo pronunciar su particular «fiat», como hicieron María en la Anunciación y el mismo Jesús en Getsemaní.

Padre en la acogida, porque acogió a María sin poner condiciones y, acogiéndola a Ella, acogió el fruto de su vientre.
Padre valiente, porque el carpintero de Nazaret – explica el Papa – sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia.
Padre trabajador, porque este carpintero trabajó para asegurar el sustento de su familia y así también nos enseñó el valor, la dignidad y la alegría de comer el pan de cada día como fruto del trabajo de los hombres.

Y padre en la sombra, porque el Papa, recordando la famosa obra «La sombra del Padre» (del escritor polaco Jan Dobraczyn’ski) dice que José fue para Jesús «La sombra del Padre celestial aquí en la tierra»
Ojalá que esta síntesis anime al lector a meditar esta carta dedicada a san José y que en todos crezca el amor a este gran santo, que fue Custodio del Redentor y esposo de la Virgen María. Amén.

José Antonio García Morales,
delegado diocesano para la Familia

Lee la carta apostólica Patris Corde

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