Miembros del Secretariado de Pastoral Juvenil participaron en el “Entrenamiento Alpha” que se realizó el pasado fin de semana en la Casa de Espiritualidad S. Manuel González de Málaga y que convocaba a las delegaciones de pastoral juvenil de las diócesis de Andalucía y Murcia.
“Un anuncio renovado ofrece a los creyentes, también a los tibios o no practicantes, una nueva alegría en la fe y una fecundidad evangelizadora”. Así describe la exhortación Evangelii Gaudium (n. 11), la potencialidad que para la Iglesia supone entrar en una dinámica misionera y creativa para acercar al corazón de alejados y enfriados el “corazón del evangelio”. Por eso, Tote Barrera, director de Alpha España, insiste en que la Iglesia debe situarse en ese “primer momento” donde prima la evangelización, empujando la “conversión pastoral” capaz de acoger a los “nuevos conversos” más que sostener una Iglesia de cristiandad ya superada.
Con esta presentación del contexto actual en el que nos desenvolvemos los distintos agentes pastorales, comenzaba el llamado “Entrenamiento Alpha”, un curso acelerado en el que se ha presentado a los responsables de la pastoral juvenil andaluza esta propuesta.
Alpha consiste en una serie de sesiones que exploran los fundamentos de la fe cristiana. Con una duración –generalmente- de diez semanas, cada sesión explora una pregunta diferente sobre la fe y los temas están diseñados para provocar debate en grupos pequeños. Es completamente gratis, se hace en todo el mundo y todo el mundo es bienvenido, sin distinción.
En 1990 Nicky Gumbel, párroco de una vieja parroquia anglicana que apenas contaba con una ventena de fieles constantes, ideo un pequeño curso para estimularlos y revitalizar así la parroquia. Pronto se dio cuenta de que mucha gente que estaba fuera de la Iglesia quería también explorar la fe cristiana y así pasó, en a penas una década, a contar con unos 7.000 fieles (de los que unos 2.000 se renuevan cada año) y con una media de 27 años. Alpha, se exportó a otras parroquias de la Iglesia Anglicana y, posteriormente, a parroquias católicas en Francia, hasta alcanzar también a la Iglesia Ortodoxa y a las principales denominaciones protestantes.
Sólo el pasado año, 2 millones y medio de personas vieron los anuncios de Alpha en los cines ingleses, en un país donde hay más musulmanes los viernes en la mezquita que anglicanos los domingos en la iglesia nacional. Pero esto puede cambiar. A lo largo de los años, más de 2 millones de ingleses han hecho el curso Alpha, y se calcula que otros 5 millones de personas lo han realizado en el resto del mundo. Llegan numerosos adultos a los párrocos queriendo bautizarse o confirmarse porque “encontré a Dios en un curso Alpha”.
Alpha no es más que eso: el anuncio sistemático del Kerygma, un método de primer anuncio que ha demostrado tener una fuerte potencia para llevar a la conversión. De este modo, usando nuevos lenguajes presentan de un modo atractivo y dinamico la permanente novedad de Jesucristo. Esta es la intencionalidad de Alpha, pero no se presenta así, sino como “un espacio de diálogo donde explorar las grandes preguntas de la existencia y conocer la respuesta de la fe cristiana a estas”. En el fondo es decir lo mismo, pero dispone a las personas distantes a la vida de la Iglesia de otra manera. Y es que, a menudo, el lenguaje es un gran impedimento para abrir a las personas a la posibilidad de vivir experiencias de este tipo o no. Por eso, el verdadero guía de esta experiencia es el Espíritu Santo, puesto que Alpha sólo suscita las preguntas y Dios, en el corazón de cada uno, hace el resto.
La “receta de Alpha”
Eso fueron a conocer algunos miembros del equipo del Secretariado diocesano de Pastoral Juvenil el pasado fin de semana, la receta con la que Alpha prepara esta propuesta, con la intención de prepararse para ofertarla a las parroquias que quieran vivir esta experiencia.
Alpha consiste, básicamente, en la combinación de cuatro elementos: diversión, en el momento de la acogida para propiciar un clima distendido, libre de prejuicios (15 minutos); la cena en pequeños grupos donde los comensales van estrechando sus relaciones generando, incluso, nuevas amistades (45 minutos); la charla, en la que a través de preguntas se va explorando, en las sucesivas sesiones, el contenido kerigmático de la fe (30 minutos); y, finalmente, el debate, en el que un moderador posibilita que los comensales dialoguen en torno a las preguntas presentadas en el momento de la charla (45 minutos). En definitiva, una ámbito propicio y libre de estereotipos para posibilitar esa apertura a la acción del Espíritu Santo.
Y en esta dinámica, 10 encuentros semanales y un fin de semana de retiro justo en el medio que tiene un tratamiento algo especial, con mucho tiempo para la convivencia entre los participantes, pero con un momento muy especial, posiblemente el nuclear de toda esta propuesta: la oración de petición de Espíritu Santo en el que los participantes piden que Éste toque sus vidas, o piden a otras personas que recen por ellos, todo en un clima de mucha normalidad y libertad.
La gente que en este curso descubre o redescubre la fe no se queda en Alpha sino que se incorpora a la iglesia local, por eso, el mejor contexto para realizarlo es la comunidad parroquial. Se trata de un anuncio para la provocación de la conversión o adhesión a la fe, pero después debe iniciarse el camino del discipulado para que el nuevo converso pueda integrar la fe a la vida. De este modo se quiere dar respuesta al Plan Diocesano de Evangelización que propone crear grupos de adolescentes, jóvenes y adultos provenientes de experiencias de primer anuncio y para lo que se propone, como contábamos la semana pasada, Acción Católica General.
Alpha es eficaz porque está diseñado para apelar a la persona en sus diversas facetas: la dimensión sociable (cada sesión Alpha incluye una cena en la que está prohibido hablar de religión), la dimensión intelectual (se imparten muchas charlas –o se ponen en vídeo- tratando temas básicos para entender el cristianismo y posibilitar una opción plena por él) y la dimensión experiencial (avanzado ya el curso, se reza y se anima a la gente a tener experiencia espiritual del amor de Dios, abrirse a “sentir a Dios”, a la experiencia vital de la fe).
A unos lo que les atrae son las cenas, a otros les gustan los argumentos, muchos son impactados por la experiencia espiritual, pero nadie se siente juzgado, atacado, regañado o fuera de sitio. Todos agradecen conocer gente con la que hablar de “las cosas importantes de la vida”. En definitiva, la fórmula de Alpha es “tratar a los invitados como anfitriones: que se sientan muy a gusto”.
“Como anfitriones con sus invitados”
Que el ámbito de estas veladas más adecuado sea la parroquia no quiere decir que también lo sean los espacios con los que la parroquia cuenta. A veces, éstos son fríos, inconfortables, poco acogedores. Un comedor grande de una casa, adecuadamente ambientada, o una gran sala en un restaurante, son mejor opción, porque, además, se presenta en un ámbito neutral, aunque la parroquia esté presente, principalmente entre el equipo que pone en marcha y hace posible estas veladas. Claro que una parroquia adecuadamente ambientada es también muy buena opción.
Lo que si es muy importante es la configuración del equipo que lleva a cabo esta propuesta, con roles dispares y muy bien definidos:acogida, logística, líderes y acompañantes de mesa, conferenciantes…
Hablar en libertad
La libertad es una condición esencial en esta propuesta. No importa que los invitados digan cosas muy alejadas de la fe cristiana. Todos deben ser escuchados con respeto y atención, y también animados a participar, sintiéndose libres. Para asegurarse están los responsables de grupo o líderes cuya pregunta más frecuente es “¿qué sientes acerca de este tema?”, porque todo el mundo puede hablar acerca de sus sentimientos y ninguna respuesta es incorrecta.
En un contexto postmoderno en el que cada uno tiene derecho a “su discurso”, un invitado puede replicar y refutar a otro, siempre en un tono cordial, pero nunca estos moderadores ya que la enseñanza ha sido dada por el conferenciante. En definitiva, el respeto y la suma delicadeza son, para Alpha, la garantía de que el resultado no se deberá al equipo que lo lleve adelante, sino verdaderamente a Dios a través de este cauce.