

Paisanos de monseñor Patricio Larrosa, que será ordenado obispo de Danlí (Honduras) el 25 de julio, hablan del segundo hijo de este pueblo que llega a obispo
Para nosotros, como para muchas personas que conocen al Padre Patricio, su nombramiento como obispo de Danli, ha supuesto una alegría enorme y una gran emoción.
Tenemos la suerte de ser paisanos suyos, asistimos a su ordenación sacerdotal y a su primera Misa en Huéneja, nuestro pueblo. Lo conocemos desde siempre. Pero nuestra relación se estrechó con él cuando vino la primera vez, después de un año de misión en Honduras. Después de contarnos su experiencia, por cierto, durísima, decidimos junto a un grupo de jóvenes que estábamos preparando para recibir la confirmación, ayudarle. Empezamos mandando un contenedor de ayuda humanitaria, en el que colaboraron varios pueblos de nuestra zona. Aquello fue el inicio de la Asociación Colaboración y Esfuerzo en España.
Para nosotros siempre ha sido un referente en nuestra vida cristiana. Su entrega a los más desfavorecidos, su humildad, su sencillez y muchas más cualidades han sido y son un testimonio de cómo vivir el Evangelio.
Con su nombramiento como obispo, estamos seguros de que seguirá su misión, haciendo vida el proyecto de Jesús en la tierra, especialmente en una de las zonas más pobres del planeta. Nos damos cuenta de que vivir cada día, impulsados por el Espíritu de Jesús, es la mejor manera de afrontar cada momento y estamos seguros de que monseñor Patricio lo va a vivir así.
Por supuesto, seguiremos a su lado, ayudando en todo lo que esté en nuestras manos, para hacer posible lo que Dios quiere: que el mundo sea más justo, más humano. Y, sobre todo, deseamos que Dios ilumine a nuestro paisano, como iluminó a San Francisco Serrano, natural también de Huéneja, misionero y martirizado en China, para hacer posible el Reino de Dios en la tierra.
Antonio Izquierdo y Ana Osorio
Huéneja

