En la ordenación de un Diácono

Homilía de Mons. Ginés García, Obispo de Guadix, en la ordenación de Diácono de Juan Diego Tapia

HOMILIA EN LA ÓRDENACIÓN DE UN DIÁCONO

Caniles, 16 de marzo de 2013

Queridos hermanos sacerdotes.

Sres. Vicarios general y episcopales

Rector del Seminario y formadores

Sr. Cura Párroco y sacerdotes de la parroquia.

Querido hijo, Juan Diego, que vas a recibir el Orden sagrado de diaconado.

Queridos seminaristas.

Queridos consagrado, hermanos y hermanas en el Señor.

Quiero saludar de un modo especial a los sacerdotes venidos de la diócesis hermana de Cartagena, especialmente al Sr. Rector del Seminario y a los formadores, y con ellos a los seminaristas. Este camino que compartimos en la formación de nuestros futuros sacerdotes nos ha hecho gustar el don de la fraternidad entre las iglesias, lo que demuestra que la fraternidad no es sugerente teoría, sino una gozosa realidad que brota de un mismo Señor, una misma fe, un mismo bautismo, una vocación común. Agradezco nuevamente al Sr. Obispo de Cartagena su acogida y generosidad con nosotros.

También saludo con mucho afecto, desde una memoria agradecida, a los hermanos sacerdotes de la diócesis de Almería que nos acompañan. Vuestra presencia me hace revivir momentos intensos de mi propia vida, así como de la vida de la Iglesia en la que he vivido mi sacerdocio. Soy lo que soy por la gracia de Dios, pero también por vosotros, por esa Iglesia particular que me enseño a ser ministro del Evangelio. Una iglesia a la que cada día acompaño con mi oración.

Saludo también a los padres y familiares de Juan Diego, el que será ordenado diácono. A los que habéis venido de Olula del Río, con vuestro párroco D. Víctor a la cabeza.

1. Todo esto está muy bien, estamos felices por este acontecimiento, sin embargo, hemos de centrarnos, es decir, hemos de buscar el centro, la roca de donde mana lo que somos y hacemos, el centro de nuestra vida y de nuestra actividad. Claro que me refiero a Dios.

Claro que lo sabemos, sabemos por lo que estamos aquí, no lo dudo, pero volvamos a Él, no sea que hagamos todos por Dios pero sin Dios. El y sólo El, por El y sólo por El.

2. «No será así entre vosotros».

La actitud de los dos discípulos. El querer ser y la envidia que también es querer ser.

Es la afirmación del yo que quiere ser centro (egoísmo) y muy sutilmente prescindir de Dios (falta de fe). Yo dirijo mi vida, yo me predico a mí mismo, yo organizo como quiero mi vida y mi parroquia; yo estoy sólo, yo estoy mal, yo no necesito que nadie me diga, yo, yo, yo. ¿Y Él? ¿qué que tiene que ver Él en todo esto?

Paradoja: el que quiera ser el más importante, el que quiero ser el primero….

Pero ¿por qué ha de ser así?. ¿Dónde está el fundamento de este estilo que contradice lo que me pide la naturaleza?, por cierto una naturaleza marcada por el pecado.

El icono, la referencia, el ejemplo, la razón es Cristo, nuestro Señor que no ha venido a que le sirvan, sino a servir y a dar la vida por todos. Cristo es el Siervo, se hace Siervo. Las actitudes de Cristo que no ha venido a que le sirvan sino a servir. Nace de su corazón. Nos muestran el corazón de Dios. No son una pose, una actitud hacia fuera, es el ser mismo de Dios.

Él es nuestra referencia, en El somos servidores de los hombres.

Nuestro ministerio es un servicio en favor de la libertad, anunciamos la verdad que nos hace libres. La salvación que es un don para todos tiene como condición la libertad humana. Nuestra misión es iluminar a los hombres para que vivan en la verdadera libertad, para que acojan el don de Dios, para que alancen la salvación.

2. «Ponte en camino», le dice el ángel del Señor a Felipe. Y además «acércate y pégate a la carroza».

El libro de los Hechos de los apóstoles nos está mostrando un estilo pastoral

El etíope buscaba pero no encontraba, leía pero no entendía. Es la imagen del hombre mismo, y más concretamente del hombre de nuestro tiempo.

«¿Cómo voy a entenderlo, si nadie me guía?.

Le anunció el Evangelio de Jesús, y lo bautizo.

Después cada uno siguió su camino.

3. » A ti he encomendado mi causa».

Un cristiano no puedo vivir sin orar, mucho menos un ministro de Señor. Somos lo que oramos. El pueblo nos pide presencia y entrega, nos pide que hagamos, que movamos las parroquias. Necesitamos sacerdotes con celo por las almas. Es así. Pero esto no es posible si no brota de una vida de oración profunda, sincera y permanente. Un sacerdote que no ora puede ser mi simpático, un magnífico organizador y hasta un gran relaciones públicas; puede hablar muy bien, ser un modelo de entrega a los más pobres y de compromiso social, ser, en difinitiva un líder indiscutible, pero no vale; es como una nube de verano que pasa de prisa. La razón es simple: no es testigo. Ha aprendido la lección, pero no la ha llevado al corazón. Un ministro ordenado es, ha de ser, ante todo, un hombre de oración. En el seminario todo esto está claro, lo marca la propia disciplina, todo está organizado, pero ¿y después?. El amanecer debe sorprender a un sacerdote en la presencia del Señor, en una relación íntima con el que nos llamó y sostiene el servicio que realizamos en su Nombre.

El sentido de la Liturgia de las Horas.

Queridos de seminaristas, el seminario ha de ser una escuela también de oración. Para Dios no hay nada imposible, pero si no creáis hábitos de oración en el seminario será difícil que después seáis hombres de oración.

4. Querido Juan Diego, hoy entregas tu vida al Señor. Es un acto, sin duda, de generosidad.

Pero, te debo recordar, que es una entrega total, sin excluir nada, tampoco el tiempo, es para siempre.

Ya no te perteneces, has sido expropiado en favor de los demás, para la gloria de Dios.

«Recibe el Evangelio de Cristo, del cual has sido constituido mensajero; convierte en fe viva lo que lees, y lo que has hecho fe viva enséñalo, y cumple aquello que has enseñado».

Vivir según lo que eres, vivir según tu vocación. Alguien te puede decir que ya no eres el mismo, y es verdad ya no eres el mismo. El sacramento te ha transformado ontológicamente. La identificación con Cristo Siervo te hace vivir como El.

Así tu vida. Célibe, obediente, austero y pobres.

Y permíteme que también te recuerde que no eres un superhombre, ni siquiera un héroe. No te va a sostener tu voluntad por fuerte y grande que sea. Necesitas a Cristo, sólo Él te sostendrá en el cansancio y en la prueba, en los desencantos y en el sin sentido; cuando te creas fracasado, cuando tengas la tentación de pensar que no es posible, míralo a Él, míralo crucificado, entonces verás que el camino es bueno, que el Crucificado es ya el anuncio de la Resurrección, la suya y la nuestra. Abrázate al Señor y experimenta su amor hasta el extremo; te aseguro, que volverás a los hombres que te han sido encomendados con tanto amor que no podrás darles más que ese amor.

Con San Pablo repite: «Sé de quién me he fiado».

5. Día del Seminario. «Se de quien me he fiado».

A María, Madre de la Iglesia y de los sacerdotes, Señora de nuestros seminarios y de las vocaciones al sacerdocio encomiendo tu vida y tu ministerio, así como nuestro Seminario y toda la diócesis.

+ Ginés García Beltrán

Obispo de Guadix

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