El Domingo de Resurrección pone fin a la Semana Santa

Diócesis de Guadixhttps://www.diocesisdeguadix.es/
La diócesis de Guadix es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, erigida en 1492 y, según la tradición, procedente de la diócesis de Acci, fundada por San Torcuato en el siglo I. Su sede es la catedral de Guadix.

Con el Domingo de Resurrección se pone el cierre a la Semana Santa. Han sido días de Pasión, de procesiones, y de celebraciones variadas vividas con intensidad. Y, sobre todo, han sido días para celebrar el misterio de la redención: la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor.

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En la diócesis de Guadix la Semana Santa se ha vivido también con intensidad, tanto en las ciudades como en los pueblos más pequeños. Los sacerdotes se multiplican en estos días para llegar a todas las comunidades, para que en todas pueda haber una celebración de la Eucaristía o una procesión. Y los feligreses organizan y disponen los pasos, los «Monumentos» para la adoración del Santísimo la noche del Jueves Santo, la ornamentación de los templos para celebraciones tan singulares como las de la Vigilia Pascual,… Han sido, sin duda, días de mucho trabajo para todos, pero también días de oraciones intensas, de celebraciones vividas y participadas, de emoción y de fe.

El Domingo de Resurrección pone fin a estos días tan intensos y lo hace con la alegría de la Resurrección del Señor. Es lo que la Iglesia celebra en la Vigilia Pascual, la noche del Sábado Santo y durante todo el Domingo, y los cincuenta días que le siguen y que se conocen como la «Cincuentena Pascual»: porque la Resurrección del Señor es un acontecimiento tan grande que no cabe un día solo.

Pero si hay una celebración que expresa esa alegría es la Procesión del Encuentro, que se celebra la mañana del Domingo y que no tiene nada que ver con las procesiones serias y ordenadas de los días precedentes. Esa procesión se hace con marcha rápida, con palmas y alegría, con música y cohetes, sin tanto orden pero con la misma emoción. En esa procesión, la Virgen sale al encuentro de su Hijo, que en muchas parroquias es representado por un Niño Jesús, que habla de la nueva vida del Resucitado. Y en ese momento, la imagen de la Virgen suele perder su manto negro para dejar al descubierto el manto blanco de la alegría. Y es en ese encuentro de la Virgen con su Hijo cuando se disparan las palmas, y la música, y los disparos de cohetes o de escopetas,… y estalla el júbilo.

Éste ha sido, por ejemplo, el caso de las parroquias de Polícar y de Lugros. En Polícar, son pocos los vecinos que quedan, pero entre todos han sacado las dos imágenes. Llevaban desde las 6 de la mañana preparando la procesión, que comenzó poco después de las 8 de la mañana, con frío aún en las calles. Las escopetas dispararon con energía cuando la Virgen se encontró con su Hijo.

En Lugros, las escopetas fueron sustituidas por cencerros y cascabeles para acompañar a la Virgen en el momento del encuentro con su Hijo. Primero sirvieron los cencerros para llamar a los vecinos, cosa que hicieron las mujeres mientras portaban el Niño por las calles del pueblo. Después, toda la procesión estuvo acompañada por el sonido de estos instrumentos, que tocaban tanto los mayores como los más pequeños. Sin duda, una procesión diferente pero que contagiaba de la alegría de la resurrección.

En ambas parroquias, como en el resto de la diócesis, las Procesiones del Encuentro terminaron con la Eucaristía del Día de Resurrección: el mejor colofón a una semana intensa de celebraciones y de pasión.

 

Antonio Gómez

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