

Jesús comienza su ministerio de anuncio del Reino de Dios en el contexto trágico del arresto de Juan el Bautista. Este hecho histórico y ejemplarizante se convierte en un aviso para navegantes y requería una actitud de prudencia. Por eso sorprende que Jesús, en vez de esperar a tiempos mejores, se lance a la misión en un momento de conflicto y que pone en riesgo su vida y su proyecto.
Jesús toma la iniciativa haciendo cambios considerables en su vida: deja el grupo de Juan el Bautista y forma su propio grupo de seguidores; abandona su hogar de Nazaret y se instala en Cafarnaún. Esta decisión, desde la visión religiosa del momento, supuso todo un escándalo porque el centro del judaísmo era Jerusalén mientras que Cafarnaún era un lugar despreciado y de paganos (pecadores por no ser judíos), lo que nos advierte del interés de Jesús, desde el comienzo de su misión, por los marginados y por ofrecer la salvación de manera universal, sin fronteras.
La misión de Jesús se va a centrar en el anuncio de la llegada del Reino de Dios y en una invitación constante a la conversión, llevándolo a cabo junto a un grupo de discípulos que escoge y a los que invita a seguirle. Un grupo de hombres, con nombre e historia propia, pescadores de oficio que serán a partir de ahora “pescadores de hombres”.
Jesús nos sigue llamando a todos los bautizados, hombres y mujeres, para continuar su labor evangelizadora. ¿Cuál es tu respuesta a esa llamada?
Emilio J., sacerdote

