
La Misa en el cementerio de Guadix fue presidida por el obispo D. Francisco Jesús Orozco, pero tuvo que hacerse en la capilla de los hermanos Fossores, por el mal tiempo
Ya han pasado estos días tan señalados para los cristianos. Y tan emotivos. El 1 de noviembre fue el día de Todos los Santos y el jueves 2 de noviembre, el día de Todos los Difuntos. Dos fiestas señaladas en el calendario cristiano porque hablan de vida, de resurrección, de esperanza: pilares fundamentales en la fe del cristiano.
Para muchos, fueron días de visitas a los cementerios, de recuerdo de los seres queridos que ya no están, y de llevar flores. A pesar de que el viento impidió que la flores se mostrarán con el esplendor de otros años.
Es más, incluso los cementerios estuvieron cerrados buena parte del día. Incluso el día completo. Es lo que pasó en el cementerio accitano, que el fuerte viento hizo que el consistorio cerrara las puertas del camposanto por precaución.
Este cierre hizo que la Misa programada en el cementerio para ese día tuviese que cambiar de ubicación. La presidió el obispo, D. Francisco Jesús Orozco, como estaba previsto, pero no en el cementerio, sino en la capilla del mismo.
El viento, la lluvia y el hecho de que las puertas del cementerio estuviesen cerradas hicieron que no hubiese tantos accitanos participando de la Misa. A pesar de todo, en la capilla de los hermanos Fossores, con ellos, con algunos sacerdotes de la ciudad y con feligreses que, a pesar de las inclemencias, se desplazaron al lugar, Mons. Orozco presidió la Misa por todos los difuntos en este día tan señalado.
Mejor suerte tuvieron los bastetanos, a los que el mal tiempo sí que les permitió celebrar la Misa en el cementerio. También, aquí, en la tarde del 1 de noviembre, fue el obispo quien presidió la Eucaristía y quien rezó el responso por todos los difuntos.
Lo dicho, días de Santos, de difuntos,… Días de vida.
Antonio Gómez
Delegado diocesano de MCS. Guadix