Carta Pastoral del obispo de Guadix para la Campaña de Manos Unidas 2024

Diócesis de Guadix
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La diócesis de Guadix es una sede episcopal sufragánea de la archidiócesis de Granada, erigida en 1492 y, según la tradición, procedente de la diócesis de Acci, fundada por San Torcuato en el siglo I. Su sede es la catedral de Guadix.

Carta Pastoral del obispo de Guadix para la Campaña de Manos Unidas 2024

 

«El Efecto ser humano. Nuestra fe es compromiso con nuestro mundo»

 MENSAJE CON MOTIVO DE LA CAMPAÑA DE MANOS UNIDAS 2024

Queridos diocesanos:

Con el lema “El efecto ser humano. La única especie capaz de cambiar el planeta”, Manos Unidas nos invita a mirar a Cristo y a seguir trabajando en su decidida voluntad de cambiar la vida de los que más sufren, erradicando las causas estructurales que producen las injusticias. Esta Asociación de la Iglesia en España, Organización No gubernamental de Desarrollo, de voluntarios, católica y seglar, para la ayuda, promoción y desarrollo de los países más desfavorecidos y en vías de desarrollo, vuelve a zarandear nuestra tibieza y falta de compromiso con los que más sufren y con nuestro planeta, animando nuestra implicación en la campaña anual contra el hambre.

Manos unidas sigue trabajando en este quinquenio acompañando los Objetivos de desarrollo sostenible, planteándose el reto de alcanzar “un planeta sostenible, sin pobreza, hambre, ni desigualdad”. En esta Campaña 2024 se nos quiere ayudar a tomar conciencia de todas las consecuencias que provoca la crisis del cambio climático en el mundo, generadora de grandes desigualdades y de graves injusticias con los más desfavorecidos. La agresiva actividad económica de los países más desarrollados tiene graves efectos negativos, que son sufridos directamente por los pueblos vulnerables del sur, que poco han hecho en el origen del problema.

Nos podríamos preguntar ¿Qué tienen que ver con nuestra fe, con Cristo, con la Iglesia, con la vida sacramental, las emisiones de gases de efecto invernadero, el mal uso de plástico y de papel, el consumo irresponsable del agua, el reciclaje de residuos, el priorizar el uso del transporte público o compartir vehículo para ahorrar emisión contaminante, la desforestación, el consumo excesivo e irresponsable de las energías, el tratar con cuidado al resto de los seres vivos, etc.?

La desconexión entre la fe y la vida; entre nuestras necesidades, el bien de la creación y de los demás seres humanos; el desajuste entre yo y el mundo, ha sido siempre un gran agujero negro que ha rondado nuestra confesión cristiana. Y es precisamente nuestra fe la que compromete nuestro servicio en todos estos aspectos de la vida del ser humano. El compromiso con la justicia, con el ser humano, con el mundo que nos rodea, con el cambio climático, y con otros aspectos importantes de la vida de los hombres en la tierra, se fundamentan en la verdad de la creación, como don del Señor para un uso responsable y justo para la dignidad de todos. Nos somos dueños del mundo, sólo custodios responsables de la obra del Creador. Hay una solidaridad intrínseca del ser humano con todo lo que le rodea. Su vocación es ser guardián de todo cuanto existe, especialmente de los hermanos más pobres. Nos dice el papa Francisco que “el compromiso con el cambio climático brota de nuestra fe auténtica que no solo da fuerzas al corazón humano, sino que transforma la vida entera, transfigura los propios objetivos, ilumina la relación con los demás y los lazos con todo lo creado” (LD 61). “Somos una sola familia humana. No hay fronteras ni barreras políticas o sociales que nos permitan aislarnos, y por eso mismo tampoco hay espacio para la globalización de la indiferencia” (LS 52).

La Doctrina Social de la Iglesia y sobre todo la encíclica Laudato Si y la exhortación apostólica Laudate Deum, del papa Francisco, denuncian la injusticia que sufren los más vulnerables, soportando directamente los efectos de la crisis climática, ahogándolos más aún en sus condiciones injustas de vida, invitándonos a transformar los modelos económicos agresivos que tenemos y que sólo favorecen a los países más desarrollados. El papa nos invita a una verdadera “conversión ecológica”, que transforme personal y comunitariamente, nuestra relación con la naturaleza, con la creación de Dios.

Os invito a vivir con intensidad esta campaña de Manos Unidas, a creer en el poder de Jesucristo, de la oración, de los sacrificios y de la limosna que transforman en caridad y solidaridad el corazón egoísta del hombre, y nos hacen equilibrar las injusticias. Tu colaboración e implicación en la colecta de la Campaña contra el hambre, en la Jornada Nacional el 11 de febrero, harán posible que, un año más, podamos hacer frente a los proyectos que nuestra Diócesis de Guadix ha hecho suyos. El segundo viernes de febrero es también el día del ayuno voluntario. Os invito el próximo día 9 de febrero a tener pequeños gestos, privándose de algo que se transformará en una gran ayuda para paliar el hambre en el mundo.

Agradecemos a Marina, presidenta diocesana, al consiliario, a los voluntarios, colaboradores y equipos diocesanos de Manos Unidas, sus esfuerzos, tiempo y precioso servicio para movilizarnos a todos en esta causa justa de nuestra Madre Iglesia que quiere, por medio de nosotros, acariciar a sus hijos que más sufren, recordándonos que “la única especie capaz de cambiar el planeta es el efecto ser humano.

Con mi afecto y bendición.

+Francisco Jesús Orozco Mengíbar

Obispo de Guadix

 

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