La ciudad de Baza ha honrado a su Patrona en el día de su onomástica, con la celebración de la Santa Misa, presidida por el administrador diocesano, José Francisco Serrano, y concelebrada por los sacerdotes del arciprestazgo de Baza – Jabalcón.
La celebración ha contado con la presencia de la Corporación Municipal, la Senadora hija de Baza, las hermandades y cofradías bastetanas, así como un buen número de fieles devotos de Ntra. Sra. la Virgen de la Piedad.
José Francisco Serrano tuvo un recuerdo especial al Cascamorras de este año, a José Heras y a sus otros compañeros que han encarnado el papel de Juan Pedernal. En su homilía destacó la figura de la Virgen María y su papel en la historia de la Salvación que, desde su sencillez y maestría, supo aceptar la misión que Dios le encomendaba. Terminó su intervención encomendando a todos los bastetanos a su Patrona, la Virgen de la Piedad.
Suspendida la procesión
Las previsiones meteorológicas ya avisaban de que la tarde iba a estar inestable. De hecho, estuvo lloviendo e incluso cayendo aguaceros antes de las ocho, hora en que estaba prevista la salida procesional de la Virgen de la Piedad. Por este motivo, la Hermandad patronal, tras realizar el correspondiente «cabildo de aguas», optó por no realizar la procesión de alabanza ante la posibilidad de que la lluvia hiciera acto de presencia.
No obstante, la lluvia no impidió la presencia del Cascamorras, de las hermandades y cofradías, de las mantillas y reinas de las fiestas, así como de la Corporación Municipal que, bajo mazas, entró en el templo mercedario. También había muchos fieles devotos que quisieron manifestar su amor y cariño a la Virgen de la Piedad con su presencia.
La Banda de Música de Benalúa tocó una marcha procesional mientras se ubicaba la Sagrada Imagen a los pies del altar mayor, portada por el cuerpo de horquileros de la Virgen. Después, el administrador diocesano rezó el Santo Rosario, acompañado en el altar por el rector del templo y la hermana mayor.
Sin duda se vivieron momentos de emoción, pues la tristeza inundaba el templo de la Piedad, llegado a emocionar a muchos de los presentes, entre ellos a José Heras, el Cascamorras de 2018.
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