Tú me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir… Jeremías 20,7

Testimonio de Maureen Ivannia Mora, misionera comboniana, vicepresidenta de CONFER Granada. Con motivo de la Jornada de vida consagrada, que celebramos hoy viernes 2 de febrero, con el lema “Aquí estoy, Señor, hágase tú voluntad”.

Hola queridos lectores y lectoras soy Maureen Ivannia Mora Agüero, Misionera Comboniana.

Me han invitado a compartir con vosotros/as el testimonio de mi vocación y acepte con gusto porque poder recordar como inició el seguimiento a Jesús es una manera para agradecer a Dios por sus designios de amor.

Soy natural de San José – Costa Rica donde crecí junto a mis padres, hermanas y hermanos. Tuve una infancia y adolescencia normal. A los 15 años junto a mis dos hermanas conocí a los Padres Combonianos que hacían encuentros para jóvenes donde daban a conocer la vida de San Daniel Comboni y el trabajo misionero en algunos países del continente Africano.

Recuerdo que participaba a esos encuentros porque había otros jóvenes y era un momento especial para compartir sueños e ilusiones en relación al futuro.

Siendo muy sincera nunca en mi vida pensé ser Religiosa y menos Misionera. Mis deseos eran de estudiar, trabajar y formar una linda familia (por lo menos con 3 hijos/as).

El don de la fe me lo transmitieron mis papás, recibí los sacramentos y participaba en la eucaristía todas las semanas.

En estos encuentros de jóvenes los Padres Combonianos nos hablaban que Dios es AMOR, que su misericordia siempre nos alcanza y que este amor es también para TODA la HUMANIDAD. Nos dieron a conocer la vida de San Daniel Comboni, grande misionero que dejo TODO para seguir Jesús y para llevar el evangelio en África Central. Me impacto como los misioneros al igual que Comboni querían que la Iglesia de Costa Rica conociera la misión en África. Por eso ellos estaban ahí para trabajar en la Animación Misionera pidiendo ayudas espirituales, materiales y porque no! humanas en favor del pueblo africano.

Estas e otras palabras que escuchaba comenzaron a llenar mi corazón de alegría y entusiasmo. También a través de estos encuentros el horizonte de mi vida se comenzó a abrir, porque fui consciente que el mundo no era solo Costa Rica sino que el mundo es más grande y que Dios Padre envió a su hijo Jesucristo para salvarnos a todos.

En el año 1991 las Misioneras Combonianas abrieron una casa en Costa Rica y así tuve la posibilidad de comenzar a visitarlas más. Antes solo venían a Costa Rica 2 veces por año.

Cada mes cuando era posible un misionero o una misionera contaban su experiencia de servicio en un país de África.

Fueron varias personas de las cuales Dios se sirvió para descubrir mi vocación, pero prefiero evidenciar solo tres.

La primera fue una hermana Comboniana Carmen Flor natural de Costa Rica que venía para hacer vacaciones en su casa y fue invitada para compartir con nosotros su experiencia de misión en Mozambique. Ella nos decía que el pueblo de Mozambique é muy acogedor pero muy pobre a nivel social, religioso, político, educacional y otros. Ella afirmaba que Dios necesita de personas valientes que respondan a la llamada de Dios para dejar la propia tierra e ir a llevar el evangelio a otros pueblos.

La segunda fue la hermana Comboniana Letteghiorghis de Eritrea que vino a C.R para trabajar en la Animación Misionera. Era una hermana muy dulce, delicada, acogedora, profunda y alegre. Ella nos interpelaba para que también nosotros jóvenes pensáramos en ser misioneros y llevar el Evangelio o los pueblos que todavía no habían escuchado hablar de Dios. Cuando ella hablaba yo me preguntaba porque está aquí en mi país si en África hay más necesidad?

La tercera persona fue el padre comboniano P. Jean Pierre Legonou originario de Benin. Era alto, fuerte, espiritual, dinámico y emprendedor. Un día que estuvo con nosotros nos invitó a reflexionar en el evangelio de Mateo 10,5-10. Envío de los discípulos. Él decía que el objetivo principal de nuestro ser cristianos es anunciar la presencia del Reino donde todavía no fue anunciado. Pero lo que más me toco de esa reflexión fue cuando él nos invitó a pensar en todos los dones que habíamos recibido de Dios y nos preguntó: que están haciendo con todo lo que recibieron?  Su conclusión acabo con este versículo del evangelio “de gracia recibiste, dad de gracia.” Entonces rezando esta palabra yo misma me pregunte: Maureen cuantos dones recibiste de Dios? y cuantos puedes compartir con los otros? La respuesta fue que Dios me dio muchos dones y que puedo compartirlos con quien necesita.

Les comparto que tristemente el padre Jean Pierre murió solo con 40 años en Sahuayo México en el año 2003. Fue una persona que me marcó y hasta el día de hoy me acompaña.

Además de estas personas haber influenciado en mi decisión vocacional siento que mi trabajo, los estudios, la oración personal y la eucaristía diaria me ayudaron a entender que Dios me llamaba a una vocación diferente de la que yo había pensado y así fui capaz dar una respuesta a mi vida, tomando la decisión de dejarlo todo y de seguir a Jesús como religiosa misionera… Por eso hago mías las palabras del profeta Jeremías: Tú me sedujiste, Señor, y yo me dejé seducir…

A los 21 años pedí de entrar en la Congregación de las Misioneras Combonianas. El 14 de septiembre de 1999 hice los primeros votos. En el 2006 hice los votos perpetuos. Después de la formación académica fui destinada al país de Mozambique donde tuve la gracia de vivir 12 años.

El año pasado la Congregación me pidió de venir en Granada España para trabajar en la formación. Actualmente estoy aquí conociendo esta nueva realidad.

Muchas gracias por este espacio y les pido de rezar por mí para que sea perseverante en dar toda mi vida por Dios y por la misión.

Con cariño Maureen

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