“Que nuestra familia se sienta fortalecida por tanta fidelidad, por tantos ejemplos, por tantos intercesores”

En el Domingo del Buen Pastor, 7 de mayo, se celebró la Eucaristía en la Catedral de Granada para dar gracias a Dios por la beatificación de 34 mártires granadinos, que junto a otros 81 mártires, dieron su vida en tierras almerienses en los años 30, durante la persecución religiosa.

La Misa de acción de gracias por los nuevos 34 beatos granadinos (o relacionados con la Diócesis de Granada), se celebró ayer, 7 de mayo, en la Santa Iglesia Catedral de Granada, presidida por Mons. Javier Martínez, y concelebrada, junto a otros sacerdotes diocesanos, por D. Manuel Reyes, delegado episcopal para la beatificación.

Los nuevos beatos forman parte de la Causa del Deán José Álvarez-Benavides y de la Torre y 114 compañeros mártires de Cristo en la persecución religiosa que se inició en España en 1934 y se recrudeció en la guerra civil entre 1936 y 1939, martirizados a causa de la fe.

Entre esos 115 mártires de Cristo, hay 34 mártires granadinos, 20 de ellos sacerdotes diocesanos, bien porque eran granadinos, porque se formaron en nuestros seminarios o porque dedicaban su tarea pastoral a algunos de los lugares de la actual diócesis de Almería, que, hasta 1957, pertenecían a la Diócesis de Granada, en la llamada “Alpujarra almeriense”.

La beatificación de los 115 mártires de Cristo tuvo lugar el pasado 25 de marzo en Aguadulce, estuvo presidida por el cardenal Mons. Angelo Amato, y concelebrada por nuestro Arzobispo, Mons. Javier Martínez.

PALABRAS DE ACCIÓN DE GRACIAS
Al comienzo de la Misa de acción de gracias, que se celebró ayer, Domingo del Buen Pastor, en la S.I. Catedral, en el marco de la Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones y Jornada Mundial de las Vocaciones Nativas, así como la celebración de la Ordenación sacerdotal del diácono Esteban Torres, D. Manuel Reyes ofreció unas palabras de acción de gracias por los nuevos beatos granadinos:

“Para agradecer a Dios la glorificación de los sacerdotes granadinos y fieles laicos que entregaron su vida por ser fieles a Jesucristo, por vivir hasta el final su entrega al ministerio que habían recibido, por su constancia en el servicio pastoral a sus hermanos.

Precioso domingo, este del Buen Pastor, para que la Iglesia llame definitivamente a uno de sus hijos a recibir el ministerio sacerdotal. Dos gozos traemos en el alma, Iglesia de Granada, a esta Eucaristía, junto con la oración por las vocaciones al ministerio y a la vida consagrada.

Fue el día 25 de marzo pasado cuando en Aguadulce vivimos con intensidad la profunda experiencia eclesial, la beatificación de 115 hijos de la Iglesia, mártires de la fe en tierras de Almería. Allí vivían su ministerio pastoral muchos sacerdotes granadinos, nacidos de nuestras familias cristianas, formados en nuestros Seminarios de San Cecilio y del Sacromonte, ordenados muchos de ellos en esta Catedral. 20 de ellos, más otros sacerdotes y laicos, relacionados con Granada, dieron su vida por Cristo, de 11 de ellos veneramos sus reliquias en esta urna, que exponemos para nuestra veneración.

Sus nombres están grabados en piedra a ambos lados de este presbiterio. Hoy todo nos llama al corazón para que hagamos presente en esta Celebración Eucarística con calor y emoción de hermanos el testimonio de su fe y de su fidelidad. Sus reliquias nos acompañan como una voz que llama a la veneración de sus personas, a la invocación de su intercesión, a la acción de gracias a Dios por su vida y testimonio martirial, a la imitación de su fidelidad a Jesucristo.

Cuando cada día experimentamos el martirio de tantos hermanos nuestros en diversas partes del mundo, cuando vemos su fortaleza nos avergüenza nuestra medianía y nuestra tibieza, con toda razón pidió San Juan Pablo II en los finales del siglo pasado que debíamos, por nuestro bien, rescatar y valorar la memoria de los mártires del segundo milenio, y especialmente del último siglo, el nuevo siglo que comenzamos con un torrente de persecución en las nuevas y en las más antiguas iglesias, que nuestra familia se sienta fortalecida por tanta fidelidad, por tantos ejemplos, por tantos intercesores.

Muchos de vosotros traéis en el corazón el recuerdo familiar, ahora más vivo, del sacerdote de vuestra familia, de vuestra parroquia, de vuestra institución, que dio su vida por Jesucristo. Compartimos vuestro íntimo sentimiento de gozo por el reconocimiento de la Iglesia.

Acompañamos también, poniendo en ello el corazón, a Esteban, que hoy recibe su Ordenación sacerdotal, como un eslabón más en la cadena de los servidores de la Iglesia. Que el Espíritu lo enriquezca con sus siete dones para que con la fidelidad, la constancia y la fortaleza de los mártires, viva en plenitud el ministerio que hoy va a recibir”.

Rosa Die Alcolea

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