Padre Manjón y las Escuelas Ave María

El Siervo de Dios era natural de Sargentes de Lora (Burgos) y llegó a Granada, donde fue canónigo en la Abadía del Sacromonte.

Hace unos días, el 10 de julio, se cumplían casi cien años del fallecimiento del padre Andrés Manjón y Manjón, creador de las Escuelas Ave María, que nacieron de su deseo para ayudar a niños pobres del barrio del Sacromonte, dándoles de comer y educándoles. Fue el inicio de una obra pedagógica que hoy continúa y de un fruto en miles de personas agradecidas. La Santa Sede reconocía en noviembre del año pasado las virtudes heroicas del Siervo de Dios Andrés Manjón.

Recuperamos una entrevista emitida en el programa “El Espejo”, en COPE Granada y COPE Motril, donde, además de conocer al padre Manjón, que fue canónigo en la Abadía del Sacromonte, nos acercamos a esa obra pedagógica que cambió el modo de educar, haciéndolo más accesible y humano para todas las personas, especialmente las más necesitadas a principios del siglo XX. Entrevista con el sacerdote diocesano de la parroquia de Santa Teresa, catedrático de Pedagogía de la UGR y patrono del Ave María, D. Enrique Gervilla.

– Cómo habéis recibido la noticia.
Con muchísima alegría. Una gran alegría para la obra actual del Ave María, que componemos más de 400 personas (330 profesores más personal no docente). Es una buena noticia para toda Granada, para toda la sociedad, porque no hay nadie en Granada que no conozca el Ave María, incluso muchos miles que se han educado también en ellas.

– El padre Manjón es ya Venerable. Cómo es el proceso en una causa de beatificación.
El proceso del padre Manjón es el que sigue la Iglesia Católica hasta llegar a la santidad. Se inicia con un proceso diocesano, que conlleva una serie de entrevistas con personas que vivieron en aquel momento con el padre Manjón. Un dossier bastante amplio de entrevistas, comentarios y eso se manda a la Santa Sede. Esto llega a la Santa Sede, que lo estudia por un grupo de teólogos: el documento que se le ha enviado más los documentos y las publicaciones del padre Manjón. Esos teólogos estudian las obras, los escritos, el procedimiento del padre Manjón y lo aprueban o lo rechazan. En este caso, lo aprobaron por unanimidad. El segundo paso es la Comisión de cardenales, que estudia el caso con el informe de los teólogos y pasa al Papa, que es la situación con la que nos encontramos ahora. Y el Papa decreta que el padre Manjón vivió las virtudes evangélicas en grado heroico. A partir de ahora, tenemos que hacer una divulgación no sólo en Granada, sino en toda España, sobre todo en Granada y en Burgos, donde se le venera y se le quiere mucho también. Tenemos que hacer una divulgación con las oraciones correspondientes, para un milagro atribuido al padre Manjón. Cuando se obtiene ese milagro, pasa a ser beato. Si hay otro milagro, se hace santo. Ese es el proceso que, con mucha ilusión y alegría, deseamos muchas personas en el Ave María y, sobre todo, en Granada.

– Cómo era el padre Manjón. Cómo era su personalidad, su espiritualidad.
Fue una persona excepcional. Aprobó unas oposiciones en Valladolid y por concurso de traslado vino a Granada. Era catedrático de Derecho Canónico en la facultad de Derecho de la Universidad de Granada. Y al mismo tiempo, aprobó otras oposiciones de canónigo en el Sacromonte, por lo que él vivía en el Sacramonte y diariamente, en una borriquilla, que era lo que entonces había, se desplazaba desde el Sacromonte hasta la facultad de Derecho a dar sus clases. Por el camino, con esa sensibilidad que tenía por los pobres, veía muchas familias gitanas, que vivían en las cuevas y no tenían nada que comer. Esa visión que diariamente él recorría le impulsó a la creación de la Escuela del Ave María. Nos comenta él cómo un día, bajando, le dio un salto el corazón viendo cómo una maestra, que había salido del hospicio, estaba enseñando el catecismo a unos niños. Dice: “Me dio vergüenza no haber hecho yo lo que estaba haciendo aquella maestra”. A partir de ahí –dice- “abrí los comedores del Sacromonte, les bajaba comida”. Y así nació el Ave María: en una cueva del Sacromonte, dedicado a los pobres de entonces. Ese fue, como digo muchas veces, como dice el Evangelio “el grano de mostaza”, que es la más pequeña de todas las semillas, pero, cuando crece, se hace un árbol tan grande que hasta los pájaros vienen y anidan en él. Así pasó: en una cueva del Sacromonte nació esta inicial escuela del Ave María, que actualmente tenemos un árbol grande de más de 400 personas que componemos esta familia avemariana. Era una persona inteligente y una persona espiritual. Tiene, de todos los domingos del año litúrgico, un comentario al Evangelio, siguiendo el año litúrgico. Porque él quería que sus maestros fuesen la semilla que había iniciado. Él decía: “Lo que son los maestros son las escuelas”, y por tanto no vale cualquier maestro para cualquier escuela. De ahí que creó también el Seminario de maestros para formar a personas en ese sentido: sensible como él, espiritual como él y dedicado sobre todo a los más pobres de la sociedad granadina de aquel entonces.

– Ese fruto llega hasta nuestros días. Cuál era el modo pedagógico avemariano que tenía.
El padre Manjón vivió sus primeros años en su pueblo. El modo de enseñanza que había de entonces era “la letra con sangre entra”. Él vivió eso: castigos diarios y constantes. Eso le animó a él a crear otro modelo educativo que nada tuviera que ver con el que había vivido en la infancia. En las Escuelas Ave María empezaron a hacer una escuela donde se aprendía jugando, aprendiendo geografía, la historia, la lengua. Quería que fuera una enseñanza y educación alegre, al aire libre. El modelo educativo es el inicio de la escuela activa. La escuela activa fue un movimiento pedagógico de reacción constantemente a la escuela tradicional, que era aburrida, pasiva, impositiva. Que el niño sienta gusto por aprender y vaya a la escuela con alegría y con ilusión. Y ese es el modelo que los que, desde que implantó el padre Manjón, seguimos actualmente en las Escuelas Ave María: unas escuelas que sean alegres, ilusionadas. Para nosotros el elemento religioso es fundamental. El Ave María tiene que aportar algo más de ilusión, de creatividad, de aspecto humano y cristiano, para no perder la identidad con la que nacieron: para los más pobres, los más necesitados. En primer lugar no creó la escuela, sino un comedor, porque Manjón decía “para qué les voy a enseñar a leer y escribir, ni el catecismo, si estos niños están hambrientos”. Y cuando les daba de comer, les enseñaba el catecismo y les enseñaba a leer y escribir. La Escuela vive y hace actual lo que ya vivió y hacía hace 132 años el padre Manjón.

Paqui Pallarés
Delegada de Medios de Comunicación Social
Arzobispado de Granada

Escuchar programa «El Espejo» (COPE Granada y COPE Motril)

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