“Le pido al Señor que el amor a Cristo sea más el criterio de nuestras vidas”

Palabras de Mons. Javier Martínez en el informativo diocesano «Iglesia Noticia», del Secretariado de Medios de Comunicación Social del Arzobispado de Granada, emitido el pasado 29 de abril en Cadena Cope Granada.

Muy buenos días Paqui y oyentes de la COPE.

Esta semana hemos estado reunidos los obispos de la Conferencia Episcopal Española en la Asamblea Plenaria y, justamente en el Domingo del Buen Pastor, quisiera explicar un poco lo que significa esa reunión, el valor que tiene y las preocupaciones que afloran justamente en el encuentro de los obispos, porque es muy fácil que los árboles no nos dejen ver el bosque; y que sale un documento sobre un tema en concreto, y a veces son temas menores, a veces son temas de más transcendencia, y sin embargo no comprendemos un poco qué valor tiene este organismo que es, ante todo, un organismo de comunión, entre los obispos, los pastores de las Iglesias diocesanas.

Yo os puedo asegurar que los 27 años que llevo participando en ella, a pesar de que las cosas se deciden por votación y pueda tener un cierto parecido con documentos de la administración pública, como los parlamentos o así, sin embargo no hay ni prevalecen en ella ni luchas de poder ni el deseo de sofocar a quien piensa de otra manera, sino todo lo contrario. Recuerdo perfectamente que mi primera intervención en la Plenaria, en un tiempo en que se estaba debatiendo un documento bastante delicado, que era «Constructores de la paz», en el marco del fenómeno del terrorismo y la sociedad española. Una determinada comisión había recibido 6 veces votos negativos de la Asamblea y pidieron que se hiciera otra. Hicieron otra comisión, puesto que el documento que ellos preparaban no salía adelante. Se hizo una votación y se les encargó un nuevo borrador a la misma comisión. Cuando hay intereses de poder, esas cosas no pasan.

Y otro detalle que quiero subrayar es que por detrás de los temas concretos de los documentos en este momento, lo que hay es una preocupación permanente por cubrir el camino del Evangelio hacia el hombre, hacia el hombre y la mujer concretos, en este mundo nuestro, en este mundo moderno, astillado de promesas falsas, desalentado muchas veces en la posibilidad de encontrar la felicidad o la plenitud de la vida, una libertad verdadera y un amor verdadero. Y luego las circunstancias concretas, particulares de la crisis económica que todos percibimos como perciben un montón de círculos abiertos a las preocupaciones más de fondo que dirigen los movimientos de la historia y la cultura, que la crisis que no es simplemente económica, y que las medidas económicas no bastarán nunca para resolver una crisis cuyas raíces son espirituales y morales, como dijo el Presidente en el discurso inaugural, y como había dicho antes el Papa, y como hemos dicho en multitud de ocasiones los obispos.

La Iglesia y la Conferencia Episcopal se mueven, ante todo, por amor al hombre. También cuando como el obispo Juan Antonio Reich, que ahora le toca a él ser un poco víctima de poderosos centros de poder que quieren delimitar lo que se puede decir y lo que no se puede decir dentro de la Iglesia y usando el lenguaje de la Iglesia, y desde el amor al hombre y el amor a la verdad, eso es lo único que mueve, incluso cuando la Iglesia critica, o cuando la Iglesia proclama un pecado, o recuerda una vez más que ciertas formas de comportamiento no están enfocados a la dignidad humana ni a la naturaleza humana.

Mis queridos hermanos, yo os aseguro que vuestros pastores quieren vuestro bien y desde luego yo os puedo dar el testimonio. Yo no tengo otro deseo ni otro motor en mi vida que ser para vosotros un pobre testigo de ese amor sin límites por cada persona humana que Jesucristo ha abierto como posibilidad en nuestra vida al crear la Iglesia, al entregarse a sí mismo por la vida de una humanidad nueva cuyo germen, como dijo el Concilio, cuyo signo eficaz es justamente la Iglesia.

Yo le pido al Señor en este día que nosotros podamos ser mejores pastores, mejores pastores en el sentido de que justamente el amor a Cristo sea más el criterio de nuestras vidas, y que de ese amor a Cristo surja un amor cada vez más invencible por todos los hombres.

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

29 de abril de 2012

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