La vida consagrada de Granada agradece a Dios y ora por el don de esta vocación

Un año más, en torno a la luz de las candelas y al altar de Cristo, la vida consagrada, en sus distintas formas y realidades presentes en nuestra diócesis, participaron el pasado día 2 en la celebración con ocasión de la fiesta de la Presentación del Señor en el templo, y por ello Jornada Mundial de la Vida Consagrada, llevada a cabo ese día con el lema “La vida consagrada, encuentro con el amor de Dios”.

El encuentro de la familia consagrada diocesana comenzó en la iglesia parroquial del Sagrario, con el rezo de Vísperas, dirigidas por el Delegado Episcopal para la Vida Consagrada y Visitador para la Vida Contemplativa, D. Julio Pérez Nieto, y el franciscano y representante de CONFER, P. Severino Calderón, OFM. En estas Vísperas, se bendijeron los óleos, que se administraron a los consagrados y consagradas que visitan y atienden a enfermos.

Posteriormente, tuvo lugar la Eucaristía en la S.I Catedral, que comenzó en la entrada del templo catedralicio con la bendición de las candelas. Nuestro Arzobispo D. Javier Martínez bendecía estas luces para que “a través de ellas el Señor bendiga, ilumine y llene de su luz nuestros corazones y nuestras vidas”. Como en una peregrinación, en fila de dos, las personas consagradas se dirigieron por la nave central, portando sus luces encendidas, hasta el altar, para participar en la Santa Misa, presidida por nuestro arzobispo, y concelebrada con parte del clero diocesano.

D. Javier subrayó que la fiesta de la Presentación de Jesús en el Templo es una fiesta que “es puente entre la Pascua de Navidad y la Pascua que celebraremos en Semana Santa, el misterio pascual de la muerte y Resurrección del Señor”. En este sentido, insistió en que son luces de pascua: “Las luces de esta tarde recuerdan las luces de la vigilia pascual. El Señor cuando se acerca a nosotros, cuando pasa por nuestras vidas, siempre ilumina la noche, pone claridad, nos hace hijos de la luz e hijos del día”.

VIDA CONSAGRADA
La vida consagrada es un don para la Iglesia, por la tarea que desarrollan al servicio de otras personas y de la Iglesia, pero sobre todo por lo que son, por su vocación de donación y entrega a Dios en su forma de vida, explicaba nuestro arzobispo. En este sentido, D. Javier señalaba que el pueblo cristiano de Granada –“del que me siento muy orgulloso”- “nunca sería el que es sin las vidas y las generosidades de la vida consagrada, sumadas, en muchas ocasiones, a lo largo de los siglos”.

La Eucaristía de la vida consagrada supone un encuentro de cada miembro de la familia consagrada en nuestra Diócesis, por lo que es una Eucaristía “especialmente familiar”, afirmaba D. Javier. “Nos reunimos para celebrar la Presencia de Dios en medio de nosotros y eso es un motivo de gozo. Para mí es un motivo de expresar la gratitud en nombre de la Iglesia de Granada, por lo que sois. Por lo que vuestras vidas y presencia significa en el conjunto de la realidad de esta Iglesia”, explicó nuestro Arzobispo.

“Qué gozo ser testigos, portadores, sacramento de tu Amor por este mundo dolorido y herido. Qué gusto ser tan pequeño, pobre, pero ser ese hospital de campaña en medio de las guerras de este mundo. Qué belleza de vocación y qué gracia tan grande, Señor, nos has concedido”.

Durante la Eucaristía los consagrados y consagradas renovaron sus promesas de profesión en sus respectivas congregaciones y realidades “con este corazón agradecido que desea unirse a ese Amor infinito y descentrado de Dios”. “Haz, Señor, que mi vida y mi suerte corran junto a la de todos los hombres y mujeres de mi tiempo, haciéndome solidario con ellos; que pueda amarlos como Tú los amas”, señalaban en esta renovación de la profesión los consagrados.

Y junto a todos ellos, el pueblo cristiano que quiso compartir este momento con ellos, rezaron en comunión por el don de la vida consagrada y en agradecimiento por dicho don para la vida de la Iglesia particular de Granada. Asimismo, nuestro arzobispo también recordaba a las monjas de vida contemplativa, que en comunión también rezaban en ese instante por la vida consagrada desde sus conventos y monasterios.

En la oración de los fieles, se oró por los jóvenes, sobre quienes la Iglesia Universal dedicará un Sínodo de obispos el próximo mes de octubre. Asimismo, se oró por los miembros de Institutos de vida consagrada y Sociedades de vida apostólica, por la Orden de las vírgenes, y por cuantos han recibido el don de la llamada a la consagración; también se rezó por las familias, por ser el lugar primero donde vivir “los primeros encuentros de amor humano y divino”: por todos los consagrados; y por quienes participaron el pasado día 2 en la Santa Misa de acción de gracias por la vida consagrada.

 

El lema de este año de la Jornada Mundial de la vida consagrada es “La vida consagrada, encuentro con el Amor de Dios”, para afirmar que “la vida consagrada es la respuesta del encuentro personal con Dios, que se hace envío y anuncio; un encuentro con Dios que es posible en todo tiempo y lugar, y que su amor llega a todos los rincones de la tierra y del corazón humano.

Paqui Pallarés

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