La Pastoral Familiar peregrina a Chauchina para concluir el curso

Crónica realizada por la Delegación Diocesana de Pastoral Familiar de Granada.

Aunque el grupo que nos encontramos en la parroquia del Señor de la Humildad de Chauchina el sábado 7 de junio no era muy numeroso, si era mucho nuestro deseo de que fuera un día de fiesta, un día de dar gracias a Dios por la vida de este curso, por las relaciones construidas entre nosotros, y de poner en los brazos de la Santísima Virgen del Espino las alegrías y los gozos, los sufrimientos y las dificultades de la vida de las familias de Granada.

El lema que nos congregó fue «Familia: camino para la vida».

Es en la familia, como comunidad de amor y de vida, donde nos abrimos a la vida, y es a través de la familia como se humaniza y se abre a la vida la sociedad. Y la propuesta para este día era tomar reflexionar y tomar conciencia del carácter prioritario que la familia debe de tener dentro de la Pastoral de la Iglesia a través de la Pastoral Familiar.

Después del momento dedicado al trabajo en la Casa de las Carmelitas de la Sagrada Familia en que pusimos en común el curso que terminaba y programar el próximo, un grupo pasamos a saludar a la comunidad de Capuchinas que ocupan la mayor parte de su tiempo en la adoración del Santísimo Sacramento, dedicadas a la oración y al trabajo. Este momento con la comunidad de Capuchinas, fue uno de esos momentos que se te quedan grabado en el alma, por como nos acogieron: su alegría y sencillez, pendientes de cada uno de los que estamos presentes, sentir la caricia de la Virgen a través de ellas, como acogieron las intenciones que en esos momentos teníamos presentes. Después en la Eucaristía y a los pies de la Santísima Virgen dábamos las gracias por la bella familia que es la Iglesia, por los carismas, antiguos y modernos con que el Espíritu Santo la ha adornado.

Pastoral Familiar 2De vuelta en la Casa de Nazareth, un grupo de catequesis puso en común con las familias, como han hecho para acercarse a los Sacramentos. Sin duda Chauchina es un pueblo de gran vitalidad, si por la mañana nos sorprendía la vitalidad, la alegría, la jovialidad, como te llevaban al sobrenatural de las Madres Capuchinas, ahora era la profesionalidad, el buen hacer, la seriedad, la formalidad de un grupo de chicos y chicas, que nos dieron toda una clase de teología de los sacramentos, toda una reflexión sobre la simbología de los mismos, como los sacramentos acercan al hombre a la fe y como la liturgia esta instituida a favor de los hombres, como solo ellos, los jóvenes, saben hacerlo. Lo pasamos genial.

Después compartimos juntos la comida, en un ambiente que solo la presencia de Jesús puede garantizar: sentirnos todos hermanos y hermanas, miembros de una única familia: miembros de la Iglesia, la familia de los hijos de Dios.

Siempre hay un alma que anima la vida, que hace que nos movamos, aunque muchas veces no se vea e incluso pase desapercibida. De este día de familia en Chauchina el alma sin duda fueron la comunidad de Esclavas Carmelitas de la Sagrada Familia, con esa delicadeza mariana que hace que no se note su presencia, pero como continuamente están como María diciéndole al Hijo «les falta el vino», y a nosotros, «haced lo que El os diga».

Nos volvíamos contentos y felices por el día que habíamos compartido, por la oportunidad de programar y ver juntos el nuevo curso, por poner en las manos de la Virgen cada uno de los movimientos familiaristas de nuestra diócesis y a cada una de nuestras familias.

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