La Eucaristía, don de amor de Dios por nosotros

Nuestro arzobispo D. Javier Martínez acerca el significado y sentido profundo de la Eucaristía en la ponencia que ofreció el pasado día 16 en el Centro Cultural del Arzobispado, y en el marco de los actos organizados por la Adoración Nocturna de Granada para celebrar su 150 aniversario.

Con la asistencia de un nutrido grupo de miembros y simpatizantes de Adoración Nocturna de Granada, así como granadinos en general, Mons. Javier Martínez habló de la Eucaristía y del significado profundo de ésta para nuestras vidas de cristianos, y para comprender nuestra vida unida a Cristo.

Y es que, entre otras reflexiones que expuso nuestro arzobispo, D. Javier subrayó que la Eucaristía es un sacramento, aludiendo a él como un sacramento de Cristo con su Esposa, que es la Iglesia, su Cuerpo. También habló de la Eucaristía como una celebración nupcial -como en el Bautismo donde establece su alianza con nosotros-, en la que Cristo se da a cada uno de nosotros para siempre; un regalo que Dios nos hace a cada uno. En este sentido, y ante la expandida idea de nuestro mundo, heredera de la Ilustración, por la que el hombre es fruto de su esfuerzo y su propia razón, D. Javier recordó que “los sacramentos son cosas que Dios hace por nosotros, no lo que nosotros hacemos por Dios”, al mismo tiempo que recordó la reciente carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe –“Placuit Deo”- sobre la salvación cristiana, que subraya que es Dios quien nos salva y que nuestra salvación no es fruto de esfuerzos o méritos.

Del Sacramento, nuestro arzobispo insistió en que no son actos de culto a Dios, sino un don que Él nos hace para vivir verdaderamente como hijos de Dios, para unirse a nosotros. Asimismo, del sacramento señaló que uno de sus rasgos es la gratuidad, frente a la mentalidad de este mundo “contractualista”, es decir, frente a la mentalidad de un mundo que se mide en función de contratos –también a veces incluso en el matrimonio- por el que reducimos las relaciones humanas y nuestra vida a lo que damos y recibimos, frente al amor de Dios –al que estamos llamados a practicar- de dar sin esperar recibir nada a cambio: absoluta gratuidad, como el don de su Hijo muerto en la cruz para perdonar nuestros pecados y darnos la salvación.

LA EUCARISTÍA, UN ACONTECIMIENTO QUE TIENE QUE VER CON MI VIDA
En concreto, de la Eucaristía habría que volver a explicar los gestos de ésta –señaló nuestro arzobispo-, para participar con plena conciencia de ese don por el que el Hijo de Dios se entrega en el altar que es la Eucaristía, dándose a nosotros y haciéndose alimento para nuestra vida.

“La Eucaristía es también un acontecimiento Sucede algo, no es un rito. En la Eucaristía sucede algo y tiene que ver con mi vida. Sucede que se hace memoria de Dios; que vuelve a presentar el don, renueva el don de la muerte y Resurrección de Cristo, tanto en el Bautismo (alianza de Dios con los hombres) como en la Confirmación y en la Eucaristía”.

Del significado de esos gestos y signos, nuestro arzobispo aludió a algunos de ellos, como el ofrecimiento del pan y el vino, que nosotros ofrecemos en el altar y que el Señor nos los devuelve, a través de las manos del sacerdote, ministros de Cristo en el altar, en Cuerpo y Sangre Suyo.

Del Credo, recordó que es una respuesta de la Esposa que es la Iglesia y no un ideario de buenas intenciones o preceptos que cumplir. “El Credo es un acto, una fórmula de amor para decir a Dios ‘Yo te conozco, sé que eres amor y en tu Hijo te has entregado por mi, y en Ti puedo esperar el perdón de los pecados, la resurrección de la carne y la vida eterna’”.

Asimismo, D. Javier aludió a la Eucaristía como “la escuela donde aprender qué es un matrimonio cristiano”, al mismo tiempo que insistía en que “la Eucaristía es una boda y esa boda es una revelación. El acontecimiento que se revela y renueva es el acontecimiento de Cristo”.

La Eucaristía –en la que suceden los momentos más importantes de la vida cristiana: Encarnación del Hijo de Dios, Nacimiento, Pasión, Muerte, Resurrección y Pentecostés- concluye cuando el sacerdote dice “Podéis ir en paz”. Y con el deseo de salvaguardar lo vivido en la Eucaristía y la Comunión, tras la cual llevamos al Señor en nuestro interior, unidos a nosotros, es aconsejable no perturbar esa acogida en nosotros con excesivos avisos, salvo los imprescindibles.

Y es que la Eucaristía –de la que nuestro arzobispo insistió en su lenguaje y significado esponsal de Cristo con su Esposa que es la Iglesia- es el único matrimonio –nos dice D. Javier- que cumple plenamente y siempre lo que afirma el Génesis para referirse a la unión entre el hombre y la mujer: “Seréis una sola carne”.

SOBRE EL MODO DE ACERCARSE A LA SANTA COMUNIÓN
La intervención de nuestro arzobispo continuó con un turno de preguntas. Entre ellas, sobre la comunión en la mano o en la boca, o si es más adecuado para recibir al Señor hacerlo de pie o de rodillas.

Respecto a la comunión en la mano o en la boca, nuestro arzobispo respondió que la Iglesia permite ambas. En este sentido, ante la posible objeción de no comulgar con las manos porque éstas están manchadas, D. Javier recordó que nuestros labios no están más limpios que nuestras manos por el pecado, y que la mayoría de los pecados salen de nuestros labios.

Asimismo, respecto a la comunión de rodillas o de pie, nuestro arzobispo puso de relieve que lo importante es el corazón con el que nos acercamos a tomar al Señor. En este sentido, señaló que también la Iglesia permite ambas formas, explicando asimismo que no es más cristiana quien se acerca de rodillas a quien se acerca de pie, ya que también uno puede acercarse de rodillas y hacerlo como un gesto repetitivo. En este sentido, Mons. Martínez insistió en que lo importante es el corazón y la conciencia de hijos de Dios que recibimos al Padre en nuestro ser para acercarnos a la Santa Comunión.

En la conferencia sobre la Eucaristía, celebrada en el Centro Cultural del Arzobispado, en el Edificio de la Curia Metropolitana, intervino brevemente el Presidente de Adoración Nocturna de Granada, Reyes Ruiz, para recordar el aniversario y objeto de este carisma, dedicada a la adoración al Sagrario y propagación de adoración al Santísimo Sacramento. Sobre esta adoración, D. Javier Martínez recordó que la adoración eucarística y la celebración de la Eucaristía van siempre unidas, y no puede aislarse la primera de la segunda, al mismo tiempo que subrayó que “la adoración eucarística es una riqueza del bien de la Iglesia”.

La conferencia concluyó con la oración de un Gloria de todos los presentes con nuestro arzobispo.

Paqui Pallarés

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