El Espíritu Santo, fuente de misericordia

La S.I Catedral ha acogido en la noche del sábado, víspera de Pentecostés, la celebración de la vigilia que anuncia esta Solemnidad del domingo, con el lema «El Espíritu Santo, fuente de misericordia».

La Puerta Santa de la Catedral, que es templo jubilar en el Año de la Misericordia, permaneció abierta de par en par para que los fieles pudiesen acercarse al Señor, expuesto para adoración en el Santísimo Sacramento.

En silencio, acompañados por los cantos y las lecturas del Evangelio de este domingo, en un encuentro personal con Dios mismo, los fieles oraron ante el Santísimo Sacramento para ofrecer, mostrar, implorar, rogar y entregar aquellas necesidades, peticiones y preocupaciones que cada uno llevaba en su corazón. Oraciones ofrecidas también en forma de vela, que los fieles que lo desearon se acercaban para depositar ante el altar, donde estaba expuesto el Santísimo. También la súplica, en comunión, expresada en la oración de los fieles, de su Espíritu Santo en su Iglesia.

En la vigilia de Pentecostés, la adoración al Santísimo Sacramento se convierte así en una ocasión privilegiada para prepararse para la celebración de la Solemnidad el domingo, y para renovar nuestro amor, piedad y misericordia implorados.

Durante la celebración de la vigilia, organizada por la Pastoral de Juventud, diversos sacerdotes, entre los que se encontraba nuestra nuestro, Mons. Javier Martínez, administraron el Sacramento del perdón de los pecados. Un sacramento que especialmente se invita a cuidar con motivo de este Año de la Misericordia y con el que después, recibiendo la Sagrada Comunión en un templo jubilar y rezar por las intenciones del Santo Padre, es posible obtener el Jubileo. Porque todos estamos necesitados del perdón y la misericordia de Dios.

En su alocución antes de la bendición final en la vigilia, Mons. Javier Martínez habló de la sed que todos tenemos de Dios, y que no es una sed que podamos saciarnos a nosotros mismos. Asimismo, imploró al Señor para que nos envíe su Espíritu Santo a la Iglesia y otorgue un nuevo Pentecostés: «Señor, envía tu Espíritu a tu Iglesia. Que suceda entre nosotros un nuevo Pentecostés; que suceda entre nosotros una explosión de tu Vida, de tu Amor, y de un amor al mundo como el de tu Hijo, que no vino para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. Y Él entrega su vida y da el Espíritu –como dice el evangelista San Juan- sin medida. Explota. Ven a nosotros. Ayúdanos a ser portadores de la vida divina en medio de este mundo, que se muere de sed», señaló nuestro Arzobispo.

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