Descanse en paz, D. Javier Alaminos Pérez

El sacerdote granadino D. Javier Alaminos Pérez falleció en Granada el pasado domingo, 8 de mayo, a la edad de 89 años.

Su funeral se celebró el lunes, 9 de mayo, en la parroquia Virgen de Gracia. La Eucaristía estuvo presidida por Mons. Javier Martínez, Arzobispo de Granada, y participaron más de 70 sacerdotes y muchos fieles.

D. Javier Alaminos nació en Otivar el 13 de abril de 1927, hijo de Concepción Pérez y Miguel Alaminos.

Se ordenó el 4 de noviembre de 1956, y su primer destino como sacerdote fue Guatemala, donde sirvió al pueblo cristiano durante 40 años como misionero secular.

Cuando regresó de Guatemala, desempañó su tarea pastoral en diferentes parroquias de 1998 a 2001: Parroquia de la Encarnación de Almuñécar, parroquia de San Antonio de Jete, parroquia de Nuestra Señora del Rosario en Lenteji, y parroquia de San José en Otivar.

Desde 2001 hasta su fallecimiento, D. Javier ha sido párroco en la iglesia de San José, en el barrio del Albaicín, y ha desarrollado laborales pastorales en el colegio de arciprestes e instituciones diocesanas.

D. Javier era muy querido en Granada, era un sacerdote muy carismático y cariñoso, cercano a la gente y delicado en el trato con las personas. A su funeral asistió muchísima gente, incluida una familia de Guatemala, donde también se le quería mucho, por todo el cariño y el sacrificio que dedicó D. Javier en tierras guatemaltecas durante 40 años.

D. Santiago Hoces, sacerdote de Granada, fue compañero suyo en el bienio de Filosofía durante los años de estudios en el Seminario. D. Santiago lo recuerda con mucho afecto y destaca de él que era «hombre muy cariñoso», que saludaba a todos, y señala que le llamó la atención como estando D. Javier Alaminos ejerciendo de párroco en San José, en el barrio del Albaicín, trataba con mucho cariño a todas las personas, también a los numerosos musulmanes del barrio.

Director espiritual Cofradía del Silencio

D. Javier Alaminos fue también director espiritual de la Cofradía del Silencio durante sus últimos años de vida. Los hermanos de la Cofradía de Silencio lo recuerdan como «un hombre bueno, a un auténtico hombre de Dios que quiso permanecer, hasta el final y en momentos extremadamente delicados, siempre presente en su Parroquia de San José».

Y añaden en una carta de despedida publicada en su página web, que D. Javier Alaminos fue un sacerdote «constante en la oración y en la atención al prójimo, siempre desde la sencillez y con su breviario en la mano, sus homilías y charlas en todo momento se presentaban como enriquecedores estudios de las Sagradas Escrituras repletos de implicaciones en la vida personal de cada cual».

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