Casi medio centenar de jóvenes del Colegio El Carmelo reciben el Espíritu Santo

Confirmaciones en la capilla del Colegio, que es templo jubilar en el Año Teresiano, y en cuya celebración Mons. Martínez subrayó que «estamos en familia» porque «todas las celebraciones litúrgicas son en familia».

Un total de 46 jóvenes del Colegio El Carmelo recibieron el don del Espíritu Santo con el Sacramento de la Confirmación, que el pasado día 23, víspera de la Solemnidad de Pentecostés, recibieron de manos del Arzobispo de Granada, Mons. Javier Martínez.

La celebración del Sacramento tuvo lugar en la capilla del Colegio, que es, además, templo jubilar en el Año Teresiano que celebramos con motivo del V Centenario del nacimiento de Santa Teresa de Jesús. En virtud del Decreto firmado por el Arzobispo de Granada, junto a otros templos jubilares, en el Colegio El Carmelo puede obtenerse la Indulgencia Plenaria en las fechas señaladas en dicho Decreto.

«ESTAMOS EN FAMILIA»

Al inicio de la celebración, Mons. Martínez dirigió unas palabras a los confirmandos para tranquilizarles ante los nervios que algunos de ellos habían expresado momentos antes. En este sentido, el Arzobispo de Granada recordó a los jóvenes que «estamos en familia». «Todas las celebraciones litúrgicas son en familia. Os habéis puesto elegantes porque tenemos necesidad de marcar los días de fiesta. Y hoy es un día de fiesta, pero es un día de fiesta en familia, porque nuestra relación con Dios es una relación familiar siempre. De hecho, le llamamos a Dios Padre. Entre nosotros, cuando somos conscientes de que Dios es nuestro Padre, nos podemos tratar como hermanos. Para eso es para lo que necesitamos el espíritu de Dios, entre otras cosas», explicó Mons. Martínez a los jóvenes confirmandos. Asimismo, en este sentido, nuestro Arzobispo subrayó que siempre que estamos reunidos en torno al Altar, en torno al Señor, «siempre estamos en familia». Mons. Martínez, además, invitó a todos los presentes, confirmandos, familiares y amigos «a disfrutar de estar juntos y del regalo que Dios nos hace».

Sobre el día de fiesta que era ese momento, dispuestos a recibir el Sacramento de la Confirmación, Mons. Martínez incidió en el significado profundo de lo que se celebraba. Y es que no se trataba de un espectáculo o de un acto de graduación, sino que «estamos en casa y dispuestos a recibir un regalo del Señor que es Él mismo», subrayó en su alocución inicial. Sobre la profesión de fe que iban a proclamar los confirmandos, el Arzobispo de Granada les recordó que no es la «recitación de un ideario», sino que se parece más a «una declaración de amor o al consentimiento de una boda», para ilustrar lo importante que es el vínculo de Dios establecido con nosotros.

En la oración de los fieles, se rezó de forma especial por los cristianos perseguidos, una intención con la que también se oró durante toda la semana en las parroquias de Granada y para la que, en concreto, en la Solemnidad de Pentecostés, el pasado domingo, se destinaron las colectas de las Eucaristías en todas las parroquias de la Diócesis.

Antes de dar la bendición, Mons. Martínez compartió con los presentes la alegría y gracia que es administrar el Sacramento de la Confirmación. En este sentido, el Arzobispo afirmó que en sus 30 años de ministerio episcopal lleva confirmados más de 200.000 jóvenes y que «nunca se cansa uno. Es decir, que cada vez que vuelves a confirmar le das gracias al Señor por vosotros, por lo que representa el don de Dios en nuestra vida», señaló.

En la homilía, nuestro Arzobispo subrayó el amor incondicional y sin límites del Señor por cada una de nuestras vidas: «El Señor nos quiere con todas las cicatrices, heridas, esguinces y fatigas que llevamos en la vida. El Señor nos quiere de una manera inimaginable. Y ese amor de Dios es lo que más necesitamos en la vida y es lo único que estamos ciertos que no nos va a faltar jamás. Y es el tesoro más grande que un ser humano lleva en la vida», concluyó.

En la celebración del Sacramento los confirmandos leyeron una carta para dar las gracias a los catequistas por los tres años de formación y para agradecer la paciencia y afecto depositada en cada uno de ellos en ese tiempo.

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