Cáritas reclama los derechos de las 200 personas que viven en la calle

Un año más en torno al 25 de noviembre, Día de las Personas sin Hogar, Cáritas junto a otras organizaciones, promueve la campaña Nadie sin Hogar bajo el lema «Estoy tan cerca que no me ves, ¿Y tú qué dices? di basta. Nadie sin hogar». La campaña denuncia y visibiliza la situación de 200 personas en Granada y más de 40.000 personas en España.

«¿Y tú qué dices? Di basta. Nadie sin hogar»

En torno al 25 de noviembre, Día de las Personas Sin Hogar 2018, Cáritas, junto a otras organizaciones involucradas en la causa, promueve la campaña Nadie sin Hogar. Bajo el lema “¿Y tú qué dices? Di basta. Nadie Sin Hogar”, las entidades urgen a toda la sociedad, a las Administraciones públicas y a cada ciudadano, a decir basta a las situaciones de vulneración de derechos, de invisibilidad, de vivir en la calle, de no poder acceder a una vivienda y, en definitiva, de no tener hogar que afectan a unas 200 personas en Granada y más de 40.000 personas en España. Una realidad aún más desoladora, si sumamos el conjunto de personas que viven en una vivienda inadecuada o que sufren la amenaza de perder su vivienda, o bien aquellas que ya han sido desahuciadas.

Acción por el derecho a la vivienda

La vulneración del derecho a la vivienda sigue constituyendo a día de hoy, junto con el empleo, los principales elementos de exclusión social. Por ello, entidades como Cáritas Diocesana de Granada o la Fundación Pía Autónoma Casas Diocesanas de Acogida trabajan diariamente para ayudar a todas aquellas personas que no disponen de una vivienda o bien corren el riesgo de perderla.

Pagar recibos de suministros (luz, agua, gas), alquileres o hipotecas a familias, o negociar con las entidades bancarias la reestructuración de préstamos hipotecarios, evitando posibles ejecuciones hipotecarias, son acciones que Cáritas Diocesana de Granada promueve para asegurar unas condiciones mínimas de vida y evitar que las familias puedan perder su hogar.

Por su parte la Fundación Pía Autónoma Casas Diocesanas de Acogida, ofrece una atención integral a personas que no disponen de una hogar, cubriendo sus necesidades básicas de alojamiento, alimentación, salud e higiene, etc. y propiciando procesos de recuperación personal que favorezcan su inclusión social y el abandono de la situación de calle. Su centro de acogida, más conocido como “Casa Madre de Dios”, dispone de 60 plazas distribuidas en servicio de atención inmediata, servicio de atención rehabilitadora, servicio de tutelaje residencial y centro de día, con la atención exclusiva de 22 personas contratadas y cerca de 50 personas voluntarias y una comunidad de cuatro Hijas de la Caridad.

Gracias al elenco de profesionales, voluntarios y servicios, el pasado año 128 beneficiarios iniciaron procesos de recuperación, 40 comenzaron una nueva vida autónoma y otros tantos lograron el alta terapéutica en el programa de adicciones. Estas cifras ofrecen una mirada a las oportunidades que encuentran las personas sin hogar en los programas y servicios del Centro.

Algunos datos y perfiles

Los datos publicados por el Ayuntamiento, según el recuento realizado durante una noche del primer trimestre de 2017, ponen de manifiesto que el sinhogarismo afecta a 198 personas en la ciudad de Granada.

Los datos de atención del Programa de Acogida y Atención Primaria de Cáritas Diocesana de Granada reflejan 3.600 demandas en ayudas a vivienda en 2017 (con un incremento del 75% con respecto al año 2016).

En 2017 la Fundación Pía Autónoma Casas Diocesanas de Acogida atendió a 627 personas en situación de calle, de las cuales:

– Edad: entre 18-25 años: 11%, entre 26-35 años: 14%, entre 36-45 años: 27%, entre 46-59 años: 36% y más de 60 años: 12%

– Lugar de origen: Granada: 17%, resto Andalucía: 20%, resto España: 21%, Unión Europea: 8%, Europa del Este: 1%, África Subsahariana: 7%, Magreb: 22%, América: 3%, Asia, 1%. De origen nacional: 58% y de origen extranjero: 42%

– Situación personal: soltero: 61%, casado: 14%, Pareja de hecho: 1%, separado/divorciado: 22% y viudo: 2%

– Tiempo sin domicilio fijo: Menos de un año: 60%, de 1-2 años: 10%, de 2-5 años: 8% y Más de 5 años: 22%

– Nivel formativo: el 8% sin estudios, el 65% tenía estudios primarios, el 10% Bachillerato, 9% titulación universitaria, el 8% titulación universitaria.

– Situación laboral: el 95% son personas desempleadas.

Cabe destacar, la aparición de nuevos perfiles de atención durante el pasado año, entre ellos, personas con características más normalizadas y solicitantes asilo/refugiado que han agotado los recursos que ofrecen las redes específicas de apoyo. Dentro de los perfiles habituales se incluye la atención a jóvenes inmigrantes procedentes de centros de menores que, tras cumplir la mayoría de edad, tienen que abandonar el sistema de protección de menores, o personas con problemas de salud mental/conductual, incluso personas en situación de dependencia con altas hospitalarias que necesitan una convalecencia sanitaria y no disponen de un espacio residencial adecuado a sus necesidades donde poder llevarla a cabo.

Perder el hogar, es más que perder un techo

Realidades como éstas, muestran cómo perder el hogar supone mucho más que perder un techo. Las personas sin hogar, además de ver negado su derecho a una vivienda, ven vulnerado su derecho a la salud, a la protección social y al ejercicio de muchos de sus derechos ciudadanos, como es el voto.

Perder el hogar supone perder el acceso a derechos fundamentales como el trabajo, la salud, la educación, o un sistema de protección social. Implica carecer de un lugar para descansar, de una dirección, un lugar donde contactar, perder ciudadanía, carecer de un espacio de socialización en familia, amigos, etc. La pérdida de un hogar fragiliza el sentido vital, y es en sí una agresión al propio ser y a su dignidad. En definitiva, supone una vulneración y pérdida de derechos.

Propuestas para erradicar el sinhogarismo

Cáritas, junto al resto de organizaciones involucradas en la causa, lanza las siguientes propuestas a las Administraciones públicas para erradicar el sinhogarismo.

La puesta en marcha de políticas públicas que permitan acabar con este escándalo. Para ello, recordamos que el acceso a una vivienda adecuada no es privilegio, sino un derecho humano. La Campaña pone el foco en seis ejes:

a) ampliar el parque de vivienda de alquiler social;

b) impulsar la vivienda social como equipamiento público y promocionar el uso de las viviendas vacías;

c) regular el mercado de alquiler; establecer la Mesa de Coordinación Intersectorial de la Estrategia Nacional de Promoción de la Vivienda;

d) crear una tipología de vivienda social específica para personas en situación de sin hogar;

e) y estimular la participación de las personas en situación de exclusión residencial en el diseño, seguimiento y evaluación de las estrategias de vivienda basadas en derechos humanos.

Más vale “prevenir” que curar

Otro aspecto estratégico en la solución de los problemas de sinhogarismo es el de la prevención, se subraya la necesidad de trabajar en la prevención de desahucios, en la intervención temprana en situaciones de ruptura familiar, o en asegurar el alojamiento tras la salida de una institución.

Sistema de ingresos mínimos

Junto a ello, la puesta en marcha de un sistema de garantía de ingresos mínimos y suficientes supondría una medida eficaz para luchar contra la pobreza en general y, muy especialmente, para proteger a las personas en situación de grave exclusión, como es el caso de las personas sin hogar.

Papel de los medios de comunicación

Como cada año, la Campaña interpela también a la ciudadanía y a los medios de comunicación, para involucrarse en la erradicación de este problema.

A la ciudadanía, las organizaciones invitan a mirar a las personas sin hogar con las que cada día nos cruzamos, entendiendo su situación como una vulneración de derechos humanos.

Y a los medios de comunicación, proponiéndoles una información más cercana a la realidad de las personas en situación de sin hogar, alejada de miradas estereotipadas o sensacionalistas y que incorpore la vulneración de derechos a la narrativa comunicativa.

Cáritas Diocesana

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