“En la Virgen vemos realizada en plenitud la vida”

Homilía de Mons. Javier Martínez, Arzobispo de Granada, en la Eucaristía de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción, celebrada el domingo 8 de diciembre de 2013 en la Santa Iglesia Catedral de Granada.

Queridísima Iglesia del Señor, Esposa santa, Pueblo santo de Dios, Esposa santa de Nuestro Señor Jesucristo, muy queridos concelebrantes; saludo de manera especial a la Coral de Santa María del Puy de la Cofradía de los Cuarenta de Santiago, de Estella, Navarra. Bienvenidos. La Iglesia es una, formamos todos una sola familia, y es siempre un gozo acoger otros miembros de la Iglesia que celebramos juntos el don de la Eucaristía y este momento precioso que el Señor nos regala en cada Eucaristía.

Para ayudar a comprender un poquito mejor lo que significa la Fiesta de la Inmaculada, que no es meramente –diríamos- como decirle piropos a la Virgen, sino que, como todas las fiestas de la Virgen, tienen un significado profundísimo, riquísimo y lleno de buen gusto y de alegría para nuestra vida, y que tienen, al mismo tiempo, justamente, la Virgen está como engarzada, y a través de ella nosotros, en el misterio redentor de Cristo y por lo tanto en el misterio de la vida nueva, en el don de esa vida nueva que el Señor hace posible para los hombres.

Pues a mí se me ocurría que a lo mejor nos ayudaba el preguntarnos cuál es nuestra imagen de plenitud como seres humanos, como hombres y como mujeres en las circunstancias de nuestro tiempo y de nuestra cultura; cómo nos imaginamos la felicidad, cuál sería nuestra representación de lo que sería florecer como personas en toda su plenitud. Y es posible, por el ambiente en el que vivimos, y porque nosotros mismos formamos parte de ese ambiente, que nos representásemos, esa plenitud, como tener un estatus social alto, tener un reconocimiento social de las personas al menos en las personas que nos rodean, en al ambiente profesional en el que vivimos, en el ambiente de trabajo…

Hoy les pregunto a unos chicos que empiezan a estudiar su carrera en la Universidad: ‘¿Y tú por qué quieres estudiar eso?’. Y te dice: ‘Para ganar mucho dinero’. Te lo dicen abiertamente, como si ese pudiera ser el ideal de la vida. Yo creo que pronto, en cuanto uno abre los ojos, se da cuenta de que la vida pasa y que esas cosas que imaginamos, aunque nos dan alegría en este mundo, y en muchas ocasiones nos sirven de motivo de gozo y de gusto en la vida, no son capaces de llenar la vida. Al revés, en la medida en que ponemos la esperanza en cosas de ese tipo pues la vida frustra, la vida es como una especie de sifón que chupa todas esas cosas y que termina también absorbiendo nuestra vida.

Recuerdo también una persona muy importante en el mundo académico español que había conseguido ser una de las figuras más importantes de física nuclear en nuestro contexto hace muchos años, y justo en el momento en el que había conseguido llegar a lo más, empezó a tener los primeros síntomas de alzhéimer y hablaba conmigo y me abrió con mucha sinceridad su corazón y me dijo: ‘D. Javier, yo he luchado toda mi vida, he consagrado mi vida al tiempo libre, todo para llegar a ser el top en este ámbito profesional mío, y cuando he llegado a él me doy cuenta primero de que mi vida empieza a decaer, porque me doy cuenta de lo que me está pasando, por la edad que tengo también y me doy cuenta de que he perdido a mi familia, de que ellos no me conocen, de que yo no les conozco a ellos; nos tratamos bien pero somos verdaderamente desconocidos. Yo he estado en mi mundo, ellos han estado en otro mundo en el que yo no he podido estar. ¿Qué he hecho yo con mi vida?’ Lo pongo simplemente como un ejemplo en el que muchos de nosotros nos podríamos ver reflejados a otro nivel.

Fijaros incluso cuando uno pone las películas clásicas de Hollywood, terminaban con el beso final y uno supone que eran felices. Pero uno dice: ‘Dios mío, si ahí es cuando tendrían que empezar. En muchas ocasiones, después de que dos personas se encuentran, vencen algunas dificultades enormes a lo mejor para conseguir quererse y después empieza la vida, después la vida continúa’.

Y no penséis que estoy hablando mal de ninguna de estas realidades, claro que es bueno consagrar la vida al servicio de la sociedad, o ayudar, o ser un magnífico profesor de universidad, claro que es bueno, forma parte de nuestro ser. Decía Juan Pablo II: ‘El ser humano no puede vivir sin amor, anhelar el amor de los demás’. Y esa forma de amor, que es tan única, que es el amor esponsal, claro que hemos vinculado -pero desde el comienzo de la historia, tal como tenemos la memoria histórica, a la que nosotros tenemos acceso-, claro que el amor esponsal ha estado vinculado a la imagen de la felicidad del ser humano. Nada de eso es despreciable, todo lo contrario, como el amor de los padres. Pues claro que es un bien.

Y sin embargo, en mitad de la historia aparece una figura, la figura de Jesucristo, que reclama una fidelidad a Él por encima de todo lo demás, por encima de los padres, de los hijos, de la mujer, del marido, de las posesiones, que sólo puede ser o una locura, o es verdad. Nadie ha dicho jamás en la vida «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida». Entonces, esa novedad que aparece ahí, ¿qué significado tiene?

Pues si queremos comprender el significado de la persona de Jesús podemos mirar a la Virgen, y todas las fiestas de la Virgen nos invitan a eso, porque en la Virgen vemos realizada en plenitud lo que es la vocación de todos nosotros, vemos realizada en plenitud la vida. (…)

+ Javier Martínez

Arzobispo de Granada

Santa Iglesia Catedral

8 de diciembre de 2013

Solemnidad de la Inmaculada Concepción

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