“El Señor ha hecho su historia de salvación mediante preferencias”

Homilía de D. Javier Martínez en la Misa del miércoles de la IV semana de Adviento, el 23 de diciembre de 2020.

 

No me acuerdo de lo que significa Zacarías, pero sí os voy a decir lo que significa Juan: “Yahvé ha tenido misericordia de la madre”. Porque en el mundo judío era un baldón, una vergüenza, para una mujer, el no tener hijos. Es un nombre precioso. “Yahvé ha tenido misericordia”.

Pero yo hoy quiero deciros que es la víspera del día de Nochebuena y que lo mejor que podemos hacer es buscar las palabras del Salmo que acabamos de leer: “Levantaos, alzad la cabeza, se acerca vuestra liberación”. Sean cuales sean nuestras circunstancias, nuestra edad, nuestro entorno, sea lo que veamos suceder… se acerca nuestra liberación. Porque el Nacimiento de Jesucristo es el desvelamiento de Dios, el desvelamiento del amor. Lo diremos mañana, mañana por la noche y pasado por la mañana, de una manera: “Se ha manifestado la Gracia de Dios y Su salvación”, y la salvación que viene a traer a todos los hombres, y pasado mañana cuando se manifestó la Bondad de Dios y su amor a los hombres. Eso es lo que sucede.

Un filósofo de los muy famosos del siglo XX solía decir que la pregunta filosófica fundamental era “¿por qué existe algo en lugar de nada?”. Era un filósofo alemán, y veinte o treinta años después, un filósofo francés dijo: “No, esa no es la pregunta más importante ni la primera. La pregunta más importante es ‘¿es el hombre capaz de sostener al ser humano a lo largo de toda su existencia para la vida y para la muerte?’ Esta es la primera pregunta filosófica y la más importante”. Que luego los hombres no nos la hacemos así. Pero, con otras palabras: ¿existe ese amor? Pues, justo, lo que afirmamos cuando celebramos la Navidad es que existe ese Amor.

Y yo quiero leeros un trocito de Isaías que se lee en la oración de la mañana, en la Liturgia de las horas este día, que se lee también la noche de Pascua en el pregón pascual, en el gran pregón pascual de la vigilia pascual, y que es un canto esponsal donde por la boca del profeta desbordo de gozo con el Señor y me alegro con mi Dios. Dice: “Porque me ha vestido un traje de gala, me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas. Por amor de Sión, no callaré; por amor de Jerusalén, no descansaré, hasta que rompa la aurora de su justicia y su salvación llamee como una antorcha. Serás corona fulgida en la mano del Señor, y diadema real en la palma de tu Dios. Ya no te llamarán abandonada -está anunciando el retorno del destierro-. Ni a tu tierra, devastada. A ti te llamarán mi favorita, y a tu tierra desposada, porque el Señor te prefiere a ti y tu tierra tendrá marido. Como un joven se casa con su novia, te desposa el que te construyó. La alegría que encuentra el marido con su esposa la encontrará tu Dios contigo”.

La frase en la que yo quiero fijarme es “a ti, te llamarán mi favorita”. Él se refiere al pueblo de Israel, pero lo podemos decir, de quienes por gracia conocemos lo que celebramos mañana. Es una preferencia, y esa es la palabra que yo quisiera explicar. El Señor ha hecho Su historia de salvación mediante preferencias. Había algunos millones de hombres en el mundo cuando Él escogió a Abraham, y luego al tiempo a Israel. Y mira que le falló veces el Pueblo de Israel: lo libra el Señor de Egipto y apenas llegan al desierto empiezan a murmurar. Y una vez detrás de otra les da a David, y ya Salomón lo estropea porque se dedica a dar culto a los dioses paganos. Y se divide el reino. Los terminan deportando tanto al reino del norte, al de Israel, como al de Judá. Los trae del destierro con Ciro, el emperador de Persia, y los devuelve a Jerusalén, y vuelven a enredarla. Salen los macabeos y se convierten en fariseos… un desastre de pueblo. Y en el Deuteronomio el Señor le dice al Pueblo de Israel: “No porque seas el más grande ni el más poderoso de los pueblos te ha elegido el Señor, tu Dios. Sino porque el Señor, tu Dios, te amó”.

En toda la historia del designio de Dios hay una preferencia. También Jesús la tenía. Lázaro, Marta y María fueron sus amigos, a los Doce los llamó amigos. Yo sé que la idea de preferencia es una idea escandalosa en nuestro mundo: las cosas si se hacen, hay que hacerlas para todos, y para todos igual. Bueno, pues eso, no funciona. Es decir, cuando las cosas se hacen así, sencillamente no sucede nada. Sólo sucede cuando alguien se acerca a tu vida de una forma que…, si es que además sólo vivimos porque tenemos conciencia de que alguien nos ama. Y sólo vivimos bien cuando tenemos conciencia de que somos amados por el amor de Dios. Esa preferencia no es motivo de ninguna vanidad, ni de ningún orgullo ni de nada. Es que, por otra parte, es el único modo de que pueda hacerse una historia nueva. Es decir, el Señor escoge a un hombre. Ese hombre se lo cuenta a otro. Escoge a una persona, esa persona se lo cuenta a otras. Esa persona vive una experiencia, puede comunicarla, porque no es sólo contar, es poder transmitir lo que uno vive, lo que uno está viviendo.

Dios mío, que vivamos la Navidad. Que la Navidad no sea para nosotros la rutina de una cosa que viene un año más. No toca vivirlo. Son estos días que ya se sabe. “Felices fiestas” te dice mucha gente, porque no se atreve a decir “Feliz Navidad”. Las fiestas son porque ha nacido el Hijo de Dios, si no, no hay fiesta que valga. Y la de año nuevo todavía es más rara. San Agustín solía decir que para qué celebramos los cumpleaños; que cada año que pasa el que se ha ido ya no vuelve, si miramos hacia delante nos queda uno menos por vivir. Sólo porque Cristo ha resucitado y ha triunfado sobre el mal y sobre la muerte, podemos celebrar los cumpleaños y podemos celebrar todos los días. Nuestra vida es una, como decía aquella niña que aprendió la Salve de oírla a los mayores y sus padres eran muy alegres, y decía ella “los festejados hijos de Eva”, pues efectivamente, en lugar de los desterrados hijos de Eva, somos los “festejados” hijos de Eva, porque el Señor nos ha preferido. ¿Qué hemos hecho ninguno de nosotros para conocerTe Señor? Nada. Y somos, sin embargo, preferidos. ¿Preferidos para que nos envanezcamos? No. Para que podamos mostrar a los otros la alegría. Si es que la alegría es un milagro que es más caro que el oro. Y en este mundo que estamos la alegría es más escasa que los bienes más escasos. Y el mundo se muere de falta de alegría y el Señor nos ha preferido.

Hemos encontrado ese Amor que da sentido a todo, a la vida, a la enfermedad, a la muerte, a las mentiras, al pecado, y sobretodo a las cosas bellas de la vida. Sobretodo al amor.

Señor, gracias por ese don. Que lo podamos vivir, hemos pedido en Adviento varias veces.

Señor, que podamos vivir la Navidad con una alegría desbordante.

+ Javier Martínez
Arzobispo de Granada

Iglesia parroquial Sagrario Catedral
23 de diciembre de 2020

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