28 personas de todas las edades se confirman en La Rábita

El pueblo festejó en la plaza de la iglesia las confirmaciones junto a Mons. Javier Martínez, quien presidió la celebración.

El domingo, día 13 de julio, la iglesia de la Natividad de Nuestra Señora acogió unas confirmaciones muy especiales, por el número de personas, 28, y porque eran de todas las edades, desde adolescentes, a partir de 13 años, hasta jóvenes, adultos y mayores, con casi 80 años. Entre ellos, recibió el Sacramento también un joven seminarista del Seminario Menor, feligrés de la parroquia de la Rábita.

La iglesia se llenó de fieles y vecinos del pueblo, que acogieron con gran alegría y agradecimiento al Arzobispo, Mons. Javier Martínez, por haber compartido con ellos tanto rato a pesar de la distancia que tuvo que recorrer, casi hora y media de viaje de ida y también de vuelta. Hacía varios años que la parroquia no acogía ninguna confirmación, así que, después de dos años de preparación, los confirmandos se mostraron muy contentos de poder participar en una celebración muy participativa, donde mucha gente intervino en la preparación y el desarrollo de la Eucaristía, con cantos, instrumentos, las lecturas, ofrendas… Fue una celebración tranquila, sin prisas, donde todos disfrutaron y donde hubo también mucho respeto de los vecinos en la calle y en los bares de la zona, ya que la celebración coincidía con la final del Mundial de Fútbol. El párroco, D. Felipe Javier Molina, quien acompañó en todo momento al Arzobispo y a los fieles, destaca el clima de respeto y silencio que hubo en todo el pueblo.

En sus palabras a los participantes en el Sacramento de la Confirmación, Mons. Martínez, les insistió en que tanto ése como todos los Sacramentos son un regalo de Dios, algo que Dios nos da, no una cosa que hagamos nosotros. Asimismo, habló de los Sacramentos como un milagro, como el matrimonio, que dijo que era un milagro que hacía el Señor, que para que funcionara bien un matrimonio hacía falta un milagro, la gracia de Dios, porque es difícil por las diferencias y las dificultades que iban surgiendo en la vida.

Al final de la celebración, el pueblo festejó las confirmaciones con una cena en la plaza de la iglesia, que también compartió el Arzobispo, con el agradecimiento de todos por pasar un buen rato tranquilo con ellos y poder compartir sus vidas y conocerse, con sus inquietudes, problemas, sufrimientos y alegrías.

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